(La Prensa/René Ortega)

Las rústicas peripecias de María Fátima

Esta es la historia de una muchacha indígena que abandonó su comunidad para vivir dramáticas aventuras en las que no faltan el humor y el amor. Ella cuenta esas cosas con su lenguaje anacrónico de tierra adentro [doap_box title=»Matrimonio y mortaja» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Tenía quince años María Fátima cuando, acatando principios religiosos decidió casarse. “Casi […]

  • Esta es la historia de una muchacha indígena que abandonó su comunidad para vivir dramáticas aventuras en las que no faltan el humor y el amor. Ella cuenta esas cosas con su lenguaje anacrónico de tierra adentro
[doap_box title=»Matrimonio y mortaja» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Tenía quince años María Fátima cuando, acatando principios religiosos decidió casarse.

“Casi era una chigüina. Sí, me obligaron a casarme. Según mi fe, me gustaba estar en el mandato del Señor y me decían que yo no podía estar viviendo así no más, sin casar. Me dijeron que me dejara del hombre tres veces, varias gentes me dijeron que me dejara, yo no me quise dejar porque ustedes saben, a una madre le duele que le dejaren sus dos hijos abandonados ni dejar los dos niños con el papa. Yo no, yo voy a dejar de comer para darlo a mis hijos porque el hijo es toda la vida y el marido no”.

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María Fátima Alvarado tiene la piel canela clara, sus cabellos son de acero azulado y los acomoda de manera desordenada sobre la hermosa cabeza. Posee enormes ojos de azabache coronados por pestañas diminutas, puntiagudas como tachuelas, su nariz es ancha, la boca grande y amplia de labios pulposos color cacao.

Es indígena legítima, genio y figura de la palabra primitiva y a mucha honra. Habla sin inhibiciones, hace ademanes y gesticula con todas las moléculas de su cuerpo pequeño, robusto y fuerte.

Admite sin vacilar sus fallas y tropiezos pero no les concede la mínima importancia. Ha pasado tantas aventuras y desventuras que de repente pienso que su vida se ha achicado, pues no concibo que tenga otras nuevas peripecias que vivir.

Nació en la comunidad campesina de Santo Domingo. “La casa quedaba por ay, al lao de Telpaneca, como buscando un fondito de quebradita, pues onde está una ermita que le dicen, ahí queda la casa. Es una aldeíta y yo vivía con mis padres en la hacienda El Carmen, allí queda la finca, en un terrenito que le dieron a mis padres. Nojotros desde pequeños allí trabajábamos, desgranando maíz, aporriando frijoles, nojotros hemos sidos macizos para trabajar al campo”.

¿Cuántas personas había en esa comunidad?

En ese tiempo eran contaditas las casas que eran de familias, pero había más de cien casas, agora ya es pueblo, agora ya es parejito, tupido de casas.

¿Es cierto que en algunas comunidades de Telpaneca, bailan a los niños muertos?

Sí los bailan. Bueno el niño que se muera, los padrinos o las madrinas o la familia, tío, tía, primo o prima, piden que le celebren a ese niño o seya niña. Lo primero, componen dos palmas de puras flores, tres ramitos y otro como lirios de papeles y buscan al padrino y la madrina pa’que bailen y después lo pasan a toda la familia, en contorno hacen una rueda y lo bailan con todas las palmas.

Primero hacen tres pasos así (da tres pasos como aproximándose a un imaginario ataúd), está la mesa donde está el muertito, le hacen así, tres veces (hace reverencia) y pasa al contorno de la familia para rondear y después que rondellan a la familia, bailan los padrinos en dos pies y se socan toda la gente que llega acompañar.

¿Qué significa ese baile?

Pues mire que yo como estaba chigüina, pues yo no me explico qué contendrá eso. Pero hay unas personas que no les gusta porque eso les ensucia la mortaja blanca en que van ellos (los niños), porque los papás después que ponen la alegría, están en un solo llanto sobre del niño, limpiándose las lágrimas en la mortajita encima del niño, así la ensucian, porque está la gente bailando y él papá del niño está embrocado llorando y bien bolo encima de la mortajita del niño.

En la comunidad es la que ahí yo miraba eso, pues. Pues en mis tiempos donde yo me crié le decían la comunidad de Santo Domingo.

¿Y esa costumbre de bailar al niño muerto, todavía existe?

Eso es lo que yo no me explico, como agora yo tengo tiempo de no ir, no sé si todavía existirá eso, todavía no sé.

¿Cuántos hermanos eran ustedes?

Nojotros de hermanas somos seis y dos varones, pero veya, en esa mora las mujeres trabajan como varón, yo bastante di el lomo y hoy estoy aquí logrando cómo vivir, no conozco nada de herencia, de regalo ni nada. Me dieron herencia pero me la quitaron ya hecha.

¿Y su papá?

El se llama Clemente Alvarado. Yo soy María Fátima Alvarado Maltés. Él es el que me quitó, si después que dio la herencia el presunto, me la quitó. Bueno, yo le reclamé, pero qué, cuando yo le reclamé ya él tenía hecho todos los papeles allí en la Alcaldía de Telpaneca. Además, mi madre me reprochó, dijo que yo no era hija de ellos. Taba molesta. Dijo que no era madre de mí y que yo no la visitara ni enferma ni muerta, que yo no le pusiera un pie en la casa y cuando se muriera iba dejar una orden a un hermano mío de que sólo me volara la hoja de la puerta para fuera, ¡dígame usted! ¿Quién no se va a resentir?

¿Y por qué tanto enojo?

La enojación de ella era que desde chiquita me había despreciado, por que yo salí a mi padre. Yo estaba abandonada desde chiquita pero a mí quien me bautizó fue una abuela mía y una tía. Al fin mi abuela y mi tía dijeron que se la diera a ella y así fue. Así me crié.

¿Lograste estudiar algo?

No, nunca me echó a la escuela, nunca mi padre.

¿Y cómo fue que te casaste?

Es que usted sabe, la gente lo exigieron y la familia, que se casen porque arrejuntados no podíamos dejarnos ya. Yo dos veces intenté dejarlo, allá me iba a traerme y viera que la tonta no comía, no tenía alegría ni nada sólo de pensar del. Y yo no sé por qué, no se daba a querer, si es que estaba haciendo mate, no me explico yo. Yo más opinaba de venirme de onde sea, así, a como Dios lo ayudara a uno, sí.

¿Y ahora hace tiempo no ves a tu marido?

Es que ahí estoy con él, sí, al otro lado del río, donde la Elvira al otro lado. Mi marido es del lado de Pueblo Nuevo, él trabajaba donde don Inginio y yo trabajaba a domecilio.

¿Tuviste otro amor?

Usted sabe cuando uno es joven a uno le pica, a una muchacha le pica la pata. Yo me había ido con un chavalo, uno de allá del Bracito, pero no me daba de hartar, perdóname lo contronoso, no sabía el desgraciado que si yo comía. Tenía que lavarle la ropa a él y servirle como criada. Tenés que darme, le decía, ¿no sos vos mi querido? No, yo no soy nada, me decía. No me jodás, le digo, bueno y así íbamos, vivíamos en pleito.

¿Y después de tu marido cómo encontraste una prenda de la misma clase?

Verá, me lo encontré de andar ahí mirando algo, me lo encontré, en mayo. Yo lo vi y yo me fui, me gustó. No quería andar trabajando del yugo así. Dije yo, tal vez me va mejor y qué va, me fue mal, sólo estuve ocho días y pas me dejé, me dediqué a andar lavando aquí cerca de acá, al mismo día que hallé una carga que me dio trabajo, pam me aparece el marido.

Entonces él me sacó de ahí, me llevó de ahí para Pueblo Nuevo, de ahí me fui pa Tipitapa, en Tipitapa estuve un año, después nos venimos a Chinandega, a los ocho días me lleva para Jalapa, de Jalapa, tuve año y medio y ya vine después de andar rodando en San Fernando, de San Fernando nos venimos para San Juan. Tuvimos ocho a quince días en Telpaneca y de Telpaneca salimos pal lado de Pueblo Nuevo, adelante, en una finca que le dicen El Laberinto, allí estuvimos dos años, allí estábamos en una comunidad que le dicen Palo Verde, delante de Pueblo Nuevo, allí fue cuando sucedió lo de los huracanes que pasó.

Entonces ¿todavía estás con tu marido?

Sí, más noche, si con él me voy a quedar, con el marido.

¿Y cómo se llama esa prenda?

Jesús Santiago Martínez Calero. Fíjese que cuando iba a salir me dejaba enllavada y un día me celaba con uno gemelos. Un día él salió a buscar los picaditos, entonces yo allá me levanto, me salgo así por una corral de chanchos y de gallina y a cómo hice me subí en un dos tres pies y entonces me tiré un cerco y me salí por arriba y salgo al otro lado por unas planadas de millón, me salí como a cinco seis de la tarde, anantes no me encontré a los coyotes, porque allí a dos mujeres embarazadas se las habían comido los coyotes y ya conmigo iban a ser tres.

Salí adelante, al pueblo de Tipitapa, allá busqué una señora que me diera posada, me dio posada, me enllavó en un cuarto por si llegaba él que no me hallara. Iba el hombre detrás, cuando él llegó yo ya estaba adentro, lo único que yo llevaba es esta seña en la pierna porque me había ensartado la aguja del alambre de púa, pero el caso es que yo me tiré y corrí, yo me capié, pero él me alcanzó.

¿Y sigues con él?

Y sí, voy a seguir pues porque cuando uno no vale no es oro de monedita que uno valga, quien le ha hecho caso uno allí queda enredado, usted sabe que así es. Agora ya me ayudan mis hijos.

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