María en nuestro camino cuaresmal

“Que María, madre del amor hermoso, nos guíe en este itinerario cuaresmal, camino de conversión auténtica al amor de Cristo”. (Benedicto XVI) Todos sabemos que la Virgen María, como justamente lo reconoce el Concilio Vaticano II, “avanzó por el camino de la fe” sin vacilación alguna. Nadie mejor que ella, que es la madre del […]

“Que María, madre del amor hermoso, nos guíe en este itinerario cuaresmal, camino de conversión auténtica al amor de Cristo”.

(Benedicto XVI)

Todos sabemos que la Virgen María, como justamente lo reconoce el Concilio Vaticano II, “avanzó por el camino de la fe” sin vacilación alguna. Nadie mejor que ella, que es la madre del Salvador y la primera entre sus discípulos, para acompañarnos en esta Cuaresma, la que, a fin de cuentas, no es otra cosa que un camino de fe.

La Virgen Santísima nos enseña la radicalidad en el seguimiento de Jesús. Ella le sigue consciente y libremente, en forma lúcida y valiente, sin tomar en cuenta los riesgos que su “Sí” incondicional en el momento de la Anunciación, “Sí” que como lema de su vida lo pone en práctica en todo momento, hasta en el instante supremo del dolor y de la muerte de su adorado Hijo en la cruz del Calvario.

Pareciera que la que más falta al cristiano de hoy, al menos en términos generales, es una consagración plena a la persona y a la obra redentora de Jesús. ¿No será que le estamos fallando al Señor en el amor y por eso permanecemos tullidos o paralizados en el camino de la fe?

Religión y Fe

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