El elenco de la ópera El Barbero de Sevilla que se presentó anoche en el Teatro Nacional Rubén Darío. (LA PRENSA/U.MOLINA)

La ópera o la apoteósica

La Italia de postrimerías del siglo XVI vio nacer una nueva forma musical que, a la vez que se nutría de los géneros precedentes, significaba una ruptura radical con toda la música europea anterior [doap_box title=»La ópera en escena» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Aunque la ópera nació en Florencia, como un artificio vocal y escénico, revistió especial […]

  • La Italia de postrimerías del siglo XVI vio nacer una nueva forma musical que, a la vez que se nutría de los géneros precedentes, significaba una ruptura radical con toda la música europea anterior
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Aunque la ópera nació en Florencia, como un artificio vocal y escénico, revistió especial importancia la escenografía, cuya maquinaria tramoyística alcanzaría niveles de complejidad admirables.

La ópera italiana creó una escuela imperecedera que influyó en todo el resto de Europa. No obstante, se puede hablar con propiedad de una ópera española, de una modalidad operística inglesa; de la tragedia lírica y la comedia de ballet francesa y aún de la ópera haendeliana.

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Especial para LA PRENSA

El esplendoroso auge de los madrigales e intermedios, que caracterizaron las representaciones musicales más difundidas durante el renacimiento florentino, preconizó el necesario surgimiento de nuevas formas de expresión que retomaran este legado musical y lo combinaran con el acervo escénico heleno, dando génesis a la ópera, un revolucionario género que en sus inicios fue difícil de clasificar.

No obstante su rápida difusión, la ópera no nació en cuna de rosas y durante sus primeros años careció del reconocimiento unánime alrededor de su importancia y su lugar en el mundo de las artes, toda vez que reunía en su estructura el arte dramático de la antigua Grecia, los acompasados rituales de la danza y los acordes musicales del renacimiento.

Es, precisamente, gracias a la experimentación propia de este período de efervescencia cultural que se hace posible la creación de nuevas pautas artísticas, entre ellas, el arte barroco, del cual la ópera es un eximio exponente.

Sin embargo, hasta el siglo XVII la ópera fue considerada una forma literaria, siendo la música apenas un elemento incidental o un recurso de acompañamiento.

En esencia, la ópera es el retorno a la monodia o imposición de una voz solista, sobre la polifonía, que fue reemplazada por la técnica instrumental de un bajo continuo, que fungía como acompañamiento.

El énfasis sobre el texto verbal, de carácter pastoril en sus inicios y dramático en su madurez, tiene sus raíces en el Renacimiento. En el siglo XVI los músicos trabajaron con celo por encontrar un lenguaje musical capaz de expresar de forma adecuada y conmovedora los textos a los que acompañaban.

Su añoranza por el arte musical de la antigüedad, de cuyo esplendor hablaban los fragmentos recuperados por Vincenzo Galilei, padre del célebre astrónomo, condujo a una reacción contra la polifonía amanerada y contra la ingenuidad musical que apenas tenía nada que ver con el sentido de los textos.

Los estudios sobre el drama y la música en el mundo antiguo se desarrollaron en el círculo de los artistas, filósofos y los profesores de la llamada “Camerata Fiorentina”, los que serían continuados, en la década de 1590, por el grupo diletante del acaudalado comerciante conde Jacopo Corsi.

Además de retomar el esteticismo de la antigüedad, los artistas de este círculo hallaron inspiración en el drama pastoril, especialmente en Il Pastor Fido (“El pastor fiel”), de Giovanni Battista Guarini, el que ejercería influjo duradero en cuanto a la estructura del argumento, el contenido y la técnica poética.

Durante el llamado “siglo de los sentidos” la música requería de la sensualidad y la inmediatez, lo que prefiguró el nuevo tratamiento vocal de los textos, uno de los grandes logros artísticos de la humanidad, pues de aquí surgió un modo diferente de cantar y de aprehender la realidad.

Posteriormente, se unirían a esta nueva forma creativa los elementos decorativos provenientes del jardín ornamental, las telas labradas y los artesonados de la India, tan de moda en ese período, para hacer mucho más palpable y terrenal el arte musical, que durante la Edad Media estuvo consagrado a la liturgia y la teología.

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