Líbranos del mal

Agradezcamos a Dios la oportunidad de vivir esta Cuaresma dirigiendo nuestra mirada, como nos sugiere el Papa Benedicto XVI, “a Aquel que traspasaron” y que elevado en la cruz, por el misterio de su pasión y muerte, nos conduce a la resurrección. Se nos recordó con el rito de la ceniza el “Conviértete y cree […]

Agradezcamos a Dios la oportunidad de vivir esta Cuaresma dirigiendo nuestra mirada, como nos sugiere el Papa Benedicto XVI, “a Aquel que traspasaron” y que elevado en la cruz, por el misterio de su pasión y muerte, nos conduce a la resurrección.

Se nos recordó con el rito de la ceniza el “Conviértete y cree en el Evangelio”. Dar un giro a nuestra vida, si está de espaldas a Dios, si vamos por el camino equivocado, volver nuestros ojos de manera humilde, reconocer nuestros errores y subsanar los daños que hemos hecho, pues es infinita su misericordia.

Jesús fue tentado en el desierto por el diablo. Resistió y venció. Todos debemos pasar por ese desierto, y con la ayuda divina, tenemos la capacidad de ser más que vencedores por Aquel que nos amó al extremo.

Estas tres tentaciones son como el resumen de todas. La tentación del pan fácil (del tener), la más siniestra de todas (del poder), y la del destacarse, para aparentar (del placer).

El diablo reta a Jesús diciéndole: “Si en verdad eres Hijo de Dios…” para hacerle dudar. Creerle al príncipe de la mentira, que no somos hijos de Dios, ni merecemos serlo, y que por lo tanto, debemos actuar, no como amados del amor, respondiendo con amor, sino como servidores del mal, es objetivo del maligno. No creamos esa mentira. Somos Hijos de Dios, Dios es Nuestro Padre y nos ama.

El pan fácil, sugiere, la ley del menor esfuerzo. Un refrán que escuché (el vivo vive del bobo, y el bobo de su trabajo), que lleva a hacernos corruptos, no importa qué le suceda a los otros. Es también el buscar los milagros de Dios y no al Dios de los milagros. El milagro más grande, es la propia conversión.

El figurar, el demostrar a los otros, lo que uno puede hacer, no para bien de los demás, sino para beneficio propio, se expresa, cuando el demonio, le propone a Jesús, que se tire desde lo más alto del templo, pues sus ángeles lo cuidarán. Satanás, le cita a Jesús la Sagrada Escritura.

Es que hasta los diablos la utilizan, hasta ellos, creen y tiemblan. Se puede conocer la Palabra Divina, saberla de memoria, citarla, reconocer que Jesús es el Hijo de Dios, pero es en la actuación personal y comunitaria, donde realmente se demuestra. Dios no se deja llevar por las apariencias, Él conoce nuestro corazón. En todas las ocasiones, Jesús también, le responde con Palabra de Dios, que en sus divinos labios pulveriza al enemigo.

Y la más poderosa de todas las tentaciones, de la cual ni Jesús estuvo exento. Ante ella, sólo con ayuda especial del Espíritu Santo se puede vencer, y con determinación interior. El demonio llevándolo a un lugar alto, le mostró los reinos del mundo, con sus esplendores y su pompa y le prometió dárselos a cambio que se postrara ante él y lo adorara. Es la tentación del poder utilizado para la maldad.

Miserables de nosotros si cedemos ante ella. El tiempo pasa y quiérase o no, un día vendrá la muerte, y tendremos que dar cuenta de nuestras acciones.

Te pedimos, Virgen María, que nos refugies en el Costado Divino de tu Hijo. Así, podremos vivir sus respuestas: “No sólo de pan vive el hombre… Sólo al Señor tu Dios adorarás y te postrarás ante Él… No tentarás al Señor tu Dios”. (Cfr. Lucas 4, 1-13).

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Religión y Fe

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