El presidente Hugo Chávez mismo es un gran comunicador. (LA PRENSA/AP/Andres Leighton)

La incesante batalla contra los medios

El informe sobre la situación del derecho a la libertad de expresión e información en Venezuela, refiere que durante el 2005 continuaron las amenazas y las agresiones verbales contra los periodistas opuestos a la línea del gobierno [doap_box title=»Sin acceso» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El principal problema para ejercer el periodismo en Venezuela, es la falta de […]

  • El informe sobre la situación del derecho a la libertad de expresión e información en Venezuela, refiere que durante el 2005 continuaron las amenazas y las agresiones verbales contra los periodistas opuestos a la línea del gobierno
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El principal problema para ejercer el periodismo en Venezuela, es la falta de acceso a la información pública. Las instituciones del Estado han creado una burocracia que impide a los comunicadores obtener información, aseguran distintos periodistas. Al interior de Venezuela se estima que algunos diarios han sido ahogados por la falta de anuncios del Estado. Contrario es el despliegue de publicidad gubernamental que hay en los medios estatales y alternativos, que han proliferado en todo el país, sobre todo en el espectro radioeléctrico, bajo el paraguas económico del gobierno.

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Enviada especial Caracas

—II de TRES ENTREGAS—

Del 11 al 14 de abril de 2002, Caracas fue un solo y largo día. Se puede decir que los cacerolazos tronaron por 96 horas. En ese tiempo, salió y volvió nuevamente al gobierno Hugo Chávez, el ex militar golpista que alcanzó la Presidencia en 1998.

En esos días de abril, en que no sopla el viento y el sol está arriba todo el tiempo como en posición cenital, una gran parte de los caraqueños, sobre todo la clase media y pudiente, se abalanzó a las calles a exigir la renuncia de Chávez.

Con unas horas de diferencia, y casi en los mismos escenarios de la ciudad, y en el mismo tono, otro río de gente se tiró con rabia a defenderlo, y obligar a los conspiradores a retornar al poder a Chávez. Los encontronazos fueron tan violentos que al final hubo 20 muertos, 110 heridos y otra gran cantidad de lesionados.

Uno de los golpeados fue la periodista Laura Weffer, que entonces era reportera del vespertino Tal Cual, que dirige el líder de izquierda Teodoro Petkoff.

Weffer recuerda que estaba cubriendo una de las marchas, y de repente un hombre comenzó a perseguirla y preguntarle si trabajaba para Tal Cual. Ella se le escabulló entre la gente, pero nuevamente el tipo dio con ella, y ante la insistencia de sí era o no empleada del rotativo, le contestó que sí, que era periodista de ese diario, a lo que el hombre respondió con insultos.

“Me decía que él odiaba a Teodoro, que era un enemigo de la revolución”, sostiene Weffer, recuerda, además, que el agitador tenía un palo en una mano y mientras le gritaba, se lo mostraba. Asustada le preguntó, de manera imprudente, qué pensaba hacer con ese palo, y sin pensarlo el perseguidor le dijo que pegarle, y acto seguido le dejó caer el palo sobre la cara.

“Estuve varios días con toda la cara inflamada. Eso fue terrible”, dice. Pero lo peor de todo, según Weffer, es que no fue la única periodista agredida en esos días convulsos. Hubo otros casos. Como nunca antes en la historia reciente de Venezuela, ser periodista se volvió un estigma, en “cualquier calle o en cualquier acto la gente podía agredirte y era así en todo el país”, cuenta la periodista.

Para nadie es un secreto en Venezuela, que los grandes medios de comunicación tuvieron un papel activo en el golpe contra Chávez. Periódicos como El Nacional dieron su apoyo abierto a la salida del Presidente venezolano, y los medios televisivos no sólo se adhirieron a los golpistas, sino que se autocensuraron.

Mientras, por las cámaras de CNN se veían imágenes de la salida y el regreso de Chávez al poder, las pantallas venezolanas pasaban “comiquitas” —como les dicen a los dibujos animados— y películas. Sin duda, que eso contribuyó al estigma del oficio, considera Clodobaldo Hernández, editor de El Universal, un diario adverso a la política de Chávez.

El informe sobre la situación del derecho a la libertad de expresión e información en Venezuela, refiere que durante el 2005 continuaron las amenazas y las agresiones verbales contra los periodistas que están en desacuerdo con la línea del gobierno.

Uno de los casos más preocupantes ocurrió en las instalaciones de la cadena Capriles, propietaria de varios periódicos, entre ellos Últimas Noticias, el tercero de mayor difusión en el país. Un día irrumpieron en el edificio, miembros de la seguridad presidencial, para apresar al reportero gráfico César Palacios, que había fotografiado el momento cuando los guardias reprendieron a simpatizantes del mandatario, que intentaron acercársele al finalizar un acto oficial celebrado en el Panteón Nacional.

Otro de los ataques más significativos lo sufrió la sede del diario Frontera, del Estado de Mérida. La madrugada del 12 de junio una turba lanzó bombas molotov. El atentado se lo atribuyeron a miembros del movimiento revolucionario Tupamaro.

Carlos Correa, uno de los recopiladores del informe, dice que en los últimos cinco años se han presentado al menos 500 agresiones contra los periodistas. “Se estableció una lógica de criminalización contra los periodistas”, asegura Correa. Y si bien las agresiones han sido por lo general hacia comunicadores contrarios al gobierno chavista, también se reportan casos de violencia desde la acera del oficialismo.

Al día siguiente de la concentración del candidato opositor Manuel Rosales, los medios oficialistas reportaron la agresión de una periodista de Venezolana de Televisión —el canal del Estado— durante la marcha opositora que copó la Autopista de Caracas, en la localidad de Chacao.

Como si todos los medios, oficialistas y antichavistas, siguieran el mismo guión, la escena de la agresión se repitió, ahora con un periodista de un medio privado, el día del cierre de campaña del candidato-presidente en Caracas, que también fue multitudinaria.

El informe de libertad de expresión destaca que durante el 2005 disminuyeron las agresiones. “En la medida que ha disminuido la polarización del país, también tiende a disminuir la violencia contra los comunicadores”, dice Correa.

Weffer dice que a partir de los eventos de abril y la crisis de Petróleos de Venezuela (PDVSA), que dividió en dos bandos de guerra a la población, decidió crear junto a otros periodistas “Los del medio”, una organización que pretendió bajar el tono guerrero que había entre los periodistas, así como el ambiente hostil de la gente hacia los comunicadores.

“La gente tenía que entender que una cosa es la posición política de los dueños y otra la de los periodistas que salíamos a cubrir la noticia”, dice Weffer, que ahora es parte del staff político del diario El Nacional.

Es jueves, último día de la campaña electoral. En el canal de noticias Globovisión se critica las intenciones de reelección indefinida que el mandatario, Hugo Chávez, anunció en una rueda de prensa a mediodía. Aparte de las críticas a Chávez, o a cualquier ente del Estado, la mayoría de la programación la dedica a la campaña Rosales. Los presentadores lo anuncian como el “candidato de la unidad”, como el candidato de la “democracia”. En ese mismo canal opositor, días antes desempolvaron una entrevista que le hicieron a Hugo Chávez hace ocho años. En esa ocasión el mandatario renegaba del socialismo y negaba sus lazos de sangre con el dictador cubano, Fidel Castro.

Pero esa tarde, a unas horas de que se decretase el silencio electoral, en el oficialista Canal 8 se transmite un programa de opinión que parodia al candidato opositor. Dos presentadores, un hombre y una mujer, sentados en una mesa redonda, intercalan imágenes de la campaña de Chávez con comentarios y risotadas que sueltan al escuchar las respuestas tontas que hace un imitador de Rosales, que está con ellos en el estudio.

Correa asegura que las trabas para el ejercicio del periodismo trascienden el ámbito de los golpes, los insultos y las amenazas. El gobierno ha intentado trabas legales. Hace tres años entró en vigencia la Ley de Responsabilidad Social para Radio y Televisión, que regula los contenidos de radio y televisión. Aunque el propósito explícito del decreto es orientar programas educativos, se teme que puede utilizarse para controlar el contenido general de los informativos que no gusten al gobierno. Sin embargo, hasta ahora la implementación de esa ley no ha significado un bozal para los medios

Otra preocupación que arroja el informe, es que se activaron mecanismos legales que afectan el derecho de los informadores de reservarse el secreto de las fuentes informativas. Esto ocurrió a partir de las investigaciones que hicieron algunos medios sobre el crimen del fiscal Danilo Anderson, durante el 2004.

Tampoco deja de causar alarma la activación del delito de desacato y de opinión.

Correa dice que en la actualidad hay varios comunicadores acusados por funcionarios.

En Venezuela, quizá el primer comunicador es el propio mandatario, Hugo Chávez, quien todos los domingos asalta las pantallas con su programa Aló Presidente, que puede durar de tres a seis horas, según el estado de ánimo del mandatario. La presentación del mandatario suele ser un dolor de cabeza para los periodistas políticos de turno, que no pueden perderse ni media palabra de su monólogo televisivo. “En cualquier momento lanza un anuncio”, comenta una periodista.

“En Aló Presidente, el mandatario marca la agenda de la semana”, dice Hernández, para quien a pesar de todo lo que se dice, cree que en Venezuela se peca de un exceso a la libertad de expresión, “porque todo el mundo le dice al gobierno lo que quiere y viceversa”. Para Hernández lo más grave no son las agresiones, que han cesado en los últimos meses, sino el tipo de periodismo que se hace, que está muy lejos de ser crítico, investigativo y fiscalizador de la gestión estatal. “Yo creo que en estos años hemos retrocedido respecto al tipo de periodismo que se hacía en Venezuela antes de Chávez”.

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