Eficiencia vs. prebendarismo y nepotismo

Un poco menos del cuarenta por ciento del electorado nicaragüense le ha dado al sandinismo conducido por Daniel Ortega, la oportunidad de hacer un gobierno ejemplar. Por lo tanto, el presidente electo debe de esforzarse para evitar errores que han empañado nuestra historia política. Dos de ellos son el prebendarismo y el nepotismo. Prebendarismo significa premiar la fidelidad de los correligionarios con cargos en el Estado o en instituciones donde el Presidente tiene influencia, independientemente de que las personas beneficiadas sean o no idóneas para el puesto. Para ello, desde luego, hay que deshacerse del personal que ya existe. Esto es como que un entrenador de futbol forme una selección únicamente con sus amigos. Indudablemente que dicha decisión le haría más fácil su trabajo pero a un precio que ninguna persona sensata quisiera pagar: probablemente no ganará ni un solo juego. En el deporte ganan los equipos que cuentan con los mejores jugadores. Y lo mismo ocurre en la política. Los gobiernos eficientes son los que tienen funcionarios eficientes, escogidos en base a criterios objetivos y transparentes.

El Instituto del Banco Mundial dice en uno de sus cursos sobre el control de la corrupción en América Latina: “…una de las principales causas de la corrupción de los servidores públicos en los países en vías de desarrollo y democratización es el uso de la función pública por parte de los principales actores políticos como premio por su contribución para con el partido político o el apoyo a reformas económicas o institucionales”.

Seguramente hay un gran número de partidarios de Daniel Ortega que esperan recibir algún pedazo del pastel de puestos que en estos momentos se están barajando en el nuevo gobierno. Y no cabe duda que muchos de estos aspirantes sean personas eficientes, capaces e idóneas. Pero no todas. Por lo tanto, conviene que el presidente electo reflexione sobre este vicio y no contribuya a su continuidad.

Y es que el comandante Ortega no podrá emplear a toda la masa de partidarios que votó por él por la sencilla razón de que el gobierno no tiene capacidad para contratar indiscriminadamente. Hay acuerdos con el FMI y el Banco Mundial relativos al tamaño que debe tener el Estado nicaragüense considerando el Presupuesto General de la República y la partida presupuestaria con la que cuenta el mismo Poder Ejecutivo que, como cualquiera otra, es limitada. Por otro lado, hay mucha gente contratada en el actual Gobierno, que seguirá en sus puestos por varias razones. Porque su trabajo exige un alto grado de especialización y en consecuencia no hay quien lo sustituya; porque existen contratos cuyo vencimiento no coincidirá con el fin del gobierno del ingeniero Bolaños o sencillamente porque no está protegidos por la Ley de Carrera Civil. Los empleados y funcionarios públicos deben ser personas idóneas por razón de su educación, capacidad y experiencia, sobre todas las demás consideraciones. Cuando estas cualidades no coinciden con la afiliación partidaria, es mejor anteponer el interés de la eficiencia.

El otro mal que ha afectado históricamente el funcionamiento del Estado es el nepotismo. Esta palabra viene del latín nepos, que significa sobrino, por razón de que en la Edad Media, había obispos que criaban a sus hijos ilegítimos como sobrinos y, en esa condición, les conseguían trabajo. Modernamente, la palabra describe la práctica de gobernantes y funcionarios de dar preferencia a sus parientes para el otorgamiento de cargos públicos al margen de su capacidad para ejercerlos. Este vicio es similar al anterior y es igualmente destructivo de la democracia ya que no sólo atenta contra los principios “de igualdad de oportunidades” y de “no discriminación” sustentados por nuestra Constitución sino que, asimismo, alimenta la corrupción. Por lo tanto, hay que resistirse a la tentación de promoverlo y tomar medidas efectivas para desterrarlo. A veces, los funcionarios públicos usan el llamado “nepotismo cruzado”, es decir, “tú empleas a mi hijo y yo empleo al tuyo”, se pueden controlar y prevenir éste y otros artilugios. Evidentemente que terminar con el prebendalismo y el nepotismo en la contratación estatal no es tarea fácil. Estos son vicios profundamente arraigados en nuestra cultura política. Pero si hay voluntad política, es posible lograrlo.

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