La democracia es el sistema de gobierno que, entre otras cosas, permite a los ciudadanos legalmente capaces escoger a sus líderes en elecciones libres y transparentes cada determinado tiempo. El sistema democrático predomina hoy día en la mayoría de países del mundo. Según Peter Berkowitz, Profesor en la Escuela de Derecho de George Mason University, en los últimos treinta años el número de países que han abrazado el sistema democrático se ha triplicado, particularmente a partir de la caída del muro de Berlín, la disolución relativamente pacífica de la Unión Soviética y la distensión entre el Este y el Oeste debido al fin de la Guerra Fría. Hasta varios países del mundo árabe (Palestina, Egipto, Kuwait, Irak) han comenzado a asimilar y adoptar el sistema democrático.
Aunque las elecciones libres y democráticas son un elemento esencial del concepto de democracia, éstas por sí mismas, no la definen. Un gobierno puede ser democráticamente electo y luego convertirse en una dictadura. La actitud y el discurso del candidato pueden ser distintos a los del presidente. De ahí que la responsabilidad del pueblo elector no termine con el depósito y defensa de su voto sino que más bien sea algo continuo. La ciudadanía debe pedir cuentas al gobierno electo y vigilar su comportamiento. La soberanía reside permanentemente en el pueblo y sólo de manera temporal y delegada en el Presidente. Un gobierno democrático debe promover y respetar las libertades individuales, propiciar y estimular la libre expresión del pensamiento y garantizar la igualdad de los ciudadanos ante la ley y su propia sujeción a la misma.
Por lo general, cuando se habla de democracia se piensa en sistemas liberales o de derecha. Sin embargo, en los últimos años hemos visto el surgimiento de democracias de izquierda —sobre todo, en América del Sur— que ofrecen algunas variantes en su forma de gobierno pero que respetan —aunque no todas— los principios e instituciones que definen la democracia liberal. Los nicaragüenses esperamos que el gobierno de Daniel Ortega —el cual se define como de izquierda— mantenga la dirección mesurada que ha pregonado durante su campaña electoral y contribuya así al desarrollo de la democracia.
A diferencia de lo que ocurría en sus orígenes, hoy día no hay democracia directa como la que ejercían los ciudadanos griegos en la Asamblea (Gr. ekklesía) sino que existe la democracia representativa en la cual los ciudadanos votan por un presidente que gobierna y también por legisladores que hacen leyes en representación y beneficio de la comunidad. De ahí que aquellas leyes que responden únicamente a situaciones coyunturales o de interés partidario sean un desvío del mandato del pueblo. Un ejemplo típico de este abuso de la democracia representativa en Nicaragua fue la aprobación de las reformas constitucionales hechas este año con el único propósito de quitar funciones al Poder Ejecutivo en el contexto de una disputa coyuntural. Cuando los diputados desean aprobar leyes que afectarían dramáticamente la forma de gobierno establecida —por ejemplo, el cambio de un sistema presidencialista a uno parlamentarista o semiparlamentarista— están en la obligación de consultar al pueblo para que éste, en ejercicio de su poder, se manifieste a favor o en contra de los cambios propuestos.
Las elecciones libres y transparentes permiten a los ciudadanos remover de sus cargos a aquellos que hacen un mal trabajo y/o distorsionaron su mandato. De ahí la importancia de modificar nuestro sistema de elección de diputados a fin de que éstos sean electos por voto directo, así como el Presidente de la República y que respondan ante sus electores. Así, los candidatos a diputados serían electos por sus propios méritos y harían un trabajo más eficiente.
Otro elemento fundamental de la democracia representativa es un Poder Judicial que, de forma independiente, dirima conforme a derecho, los conflictos que surjan entre los ciudadanos y entre los demás Poderes del Estado. Como se sabe, la independencia de nuestro Poder Judicial está sumamente comprometida, algo que debe ser cambiado a corto plazo.
La democracia tiene grandes retos en Nicaragua pero aun con todas sus limitaciones e imperfecciones, es el único camino para el desarrollo integral de nuestro país. Con la participación constructiva de todos, es posible fortalecerla.