- Algunos padres transmiten miedos a sus hijos o se los refuerzan con mensajes equivocados. Un simple cuento o canción de cuna les puede ir formando temores que se reflejan en su personalidad
Cuando los miedos no son normales
Cuando los temores no desaparecen con el tiempo, pueden ser signos de trastornos de ansiedad o fobias, las cuales son irracionales. No deben ser confundidas con los temores infantiles normales como el miedo a la oscuridad, ya que las fobias son tan severas que dificultan la vida normal de la víctima.
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Duérmete mi niño… porque viene el coyote y te comerá. Esta cita de una inocente canción de cuna, puede causar miedo a sus niños o reforzarlo.
Los miedos en los niños son inculcados por las personas que están a su alrededor porque el niño no nace con miedo, las conductas son aprendidas, enfatiza Azucena López, directora del Departamento de Sicología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN).
La sicóloga asegura que los niños de cero a cuatro años se encuentran en un período de grabación, donde se está formando la estructura cognitiva del niño, es por ello que a ésta edad se debe tener mucho cuidado sobre lo que se dice y hace, porque el niño aprende a través del modelaje de los adultos y tiene mayor influencia lo que modelamos que de lo que decimos.
Para el sicólogo Alberto Sánchez, el miedo es una respuesta biológica natural que está asociada a una serie de fenómenos del entorno y que todos los seres vivos experimentan. Sin embargo, el ser humano tiene la particularidad de que no sólo lo experimenta como un acto biológico sino que también lo puede trasladar a niveles cognitivos, es decir, a miedos elaborados.
Uno de los errores más frecuente que cometen los padres es inculcar miedo en los niños como un método de cohersión y lograr obediencia.
La persona asocia el temor a elementos naturales, con otro tipo de símbolos; por ejemplo, a entes abstractos, espirituales, como el caso de comunidades indígenas u otras culturas que asocian símbolos como brujas, duendes, etc.
Otros miedos que es muy común que enfrenten los niños son los miedos sociales, los cuales tienen que ver con temor al rechazo, el rendimiento académico, ya que de cierta manera la persona siempre tiene algún tipo de temor a su entorno.
Evolución del miedo
A medida que los niños van creciendo hay una evolución. Los miedos son normales en la infancia y en la vida general pero en la niñez y la adolescencia son más comunes, señala Sánchez.
El especialista aclara que para diferenciar entre un miedo patológico y un miedo normal, hay que notar la diferencia evolutiva.
Cabe señalar que en el primer año de edad, los miedos van a ser a sonidos fuertes, personas extrañas, es decir, cualquier estímulo intenso puede provocar una reacción de miedo en el niño o la niña.
Cuando el niño empieza su segundo añito hasta los seis años, se empiezan a desarrollar miedos a animales, a la tormenta, a la oscuridad; es decir, el miedo va evolucionando a medida que las capacidades cognitivas se van abriendo.
Sánchez asegura que a partir de los seis años empiezan los miedos sociales, el niño va entrando en otra etapa de su vida, tiene una historia escolar, relaciones interpersonales estables, va entendiendo el mundo de los adultos y eso le genera miedos como a ser rechazado, a hacer el ridículo, a la agresión física, etc.
A partir de los 11 ó 12 años, los miedos sociales son más profundos, el temor a no ser apreciado por la pareja, fracaso social, en ésta etapa el niño tiene mayor capacidad para percibir su entorno.
Sánchez recomienda ayudar al niño a develar los temores, a generar confianza en sí mismo y en los adultos que lo rodean, para que les cuente lo que pasa.
También aconseja escucharlos, nunca ignorarlos, ya que cada vez que desprecia al niño pierde la oportunidad maravillosa de poder ayudarlo a desarrollar sus capacidades y a entender sus temores y hacerles ver que es completamente natural que tengan miedo, porque eso es parte de su niñez.
¿Cómo ayudarlos?
Los especialista recomiendan que al ayudar a sus hijos a perder los miedos se debe hacer de una manera gradual, ya que en caso de obligarlos a reprimir ese miedo, puede causarles un mal mayor que repercutirá en su desarrollo.