Yolanda Torres

[doap_box title=»Yolanda Torres» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Esposa de Edén Pastora, candidato a la Presidencia de la República por Alternativa por el Cambio. Nació el 5 de julio de 1943, en La Libertad, Chontales. Aprobó tercer año de secundaria. Su familia numerosa y de escasos recursos no pudo seguir sosteniendo sus clases de bachillerato. Se inscribió a […]

[doap_box title=»Yolanda Torres» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Esposa de Edén Pastora, candidato a la Presidencia de la República por Alternativa por el Cambio.

Nació el 5 de julio de 1943, en La Libertad, Chontales.

Aprobó tercer año de secundaria. Su familia numerosa y de escasos recursos no pudo seguir sosteniendo sus clases de bachillerato. Se inscribió a cursos de correspondencia de Hemphill School para enfermería. En el año 1965 recibió una beca de la Agencia de Cooperación de Estados Unidos, AID, para estudiar un curso de enfermera auxiliar, a cambio debía prestar servicios de atención en salud comunitaria en Ciudad Darío, es entonces que conoce a Edén Pastora, el Comandante Cero.

Yolanda Torres nunca ha ejercido un cargo público de poder.

b>Un hombre diferente

Yolanda y Edén Pastora son padres de 11 hijos. Los de él y los de los dos. De sus tiempos de guerrillero, para cuando estuvieron separados, él tuvo relaciones que dejaron frutos. “El problema es que Edén no se ha cuidado. Ha resultado ser un buen semental, donde tiene una relación ahí deja hijos”, como eso se dio mientras estuvieron separados, a Yolanda no le molesta.

Le preguntamos si le molesta que en los programas de humor presenten a su esposo como loco. “A todo hombre que no es común y corriente le dicen loco. No me molesta”.

Afirma que “él dice lo que piensa, no actúa como actuaría mucha gente, dejar la universidad, dejar los estudios, no encasillarse en un partido determinado, tener su propio criterio, porque es así lo ven como loco. Dicho sea de paso, yo no quería un hombre común. Siempre quise tener un hombre que fuera diferente y lo logré. Un hombre que sepa cantar, reír, bromear y que sea contento, no un hombre amargado, de esos temáticos”.

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Yolanda vive en una casa ubicada en Reparto El Carmen. La construcción es estilo “minifalda”, mitad de la pared de concreto y la parte superior de madera. En realidad no parece una casa tradicional, en efecto no lo es. Hace diez años en lo que hoy es su hogar, existía el restaurante La Pasadita del Alce.

Cuenta Yolanda que hace diez años compraron esa propiedad. En un inicio era usada sólo como oficinas por su esposo Edén. En ese tiempo la familia alquilaba en Los Robles, pagaban 500 dólares al mes.

Le preguntamos si nunca ha deseado tener una casa tradicional, con privacidad, que pueda decorar a su gusto. Esto nos respondió: “Claro que sí, dejaría de ser mujer si no”. El tema despierta muchas emociones en ella, a tal punto que nos contó una experiencia muy íntima.

“Cuando vivíamos en Los Robles, yo sentía que el mes era tan chiquito y le dije al Señor (Dios), estoy cansada de alquilar, toda la vida había alquilado, quiero tener mi casa, mi sueño es mi casa. Me senté en el corredor a leer la Biblia y justo me salió aquel pasaje en el que preguntaron a Jesús: ¿dónde vives Maestro? Jesús les contestó: las zorras tienen cuevas, los pájaros tienen nidos, sólo el hijo del hombre no tiene ni una piedra donde reclinar su cabeza. Yo me sentí miserable, me sentí una hormiga y dije: “Señor, nunca me ha faltado techo, nunca me ha faltado con qué pagar donde vivo. No es justo que yo me esté quejando”.

Yolanda comparte que le dijo al Señor. “Que sea tu voluntad y si vos querés darme casa algún día, está bien, bendito seas y me dio esta casa, entonces esta es mi casa y la amo, la acepto, si algún día puedo tener la casa de mis sueños está bien, si no también. Soy feliz aquí, con mis hijos y mis nietos. No puedo pedirle más a la vida”.

Yolanda cuenta que cuando alquilaba, los meses se le hacían cortos debido a lo agobiante que resultaba reunir el pago de cada mes. Entonces decidieron trasladarse a vivir donde hoy es su casa singular, pero suya al fin. En la misma coexisten su hogar y la casa de campaña de su marido.

La decoración también tiene su historia. Las mecedoras de la sala son el principal juego de muebles. Son muy bonitas y también muy grandes. Fue un regalo de un iraní-norteamericano, amigo de su esposo, quien tenía una mueblería en Granada. Un día lo visitaron y le dijo a ella que quería regalarle un juego de muebles, que podía escoger entre los que estaban ahí o se los podía hacer a su gusto. “Yo dije, más vale pájaro en mano que mil volando. Le dije a mi marido subilas y me las llevé”. Son grandes porque están diseñadas para exportar a Estados Unidos. “Para gringos grandotes, son un regalo y un recuerdo muy lindo para mí”.

El comedor, por su parte, es de segunda mano, se lo compraron a una hija de ellos cuando se divorció. Y en el mismo encontramos terminando de almorzar a su esposo, Edén, acompañado del menor de sus nietos, de tres años.

El deseo de tener la casa de sus sueños va adelantado. Yolanda tiene un terreno en carretera vieja a León, fue un regalo de un hermano. La casa de sus sueños es estilo colonial. Con corredores y rodeada de árboles frutales. “Cada año decimos que la vamos a hacer”. ¿Qué los ha detenido?, le preguntamos: “Surgen otros proyectos, como este de ser candidato”.

Nosotras

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