La observación electoral internacional

Toda persona en posición de autoridad o de mando debe responder ante alguien más de sus actuaciones. Un contador que no da cuentas de sus operaciones financieras; un policía que vigila a prisioneros en una cárcel o que detiene y revisa los documentos de conductores en la vía pública tiene que ser supervisado por alguien más porque de lo contrario, tarde o temprano, abusará de su autoridad. Esa es la naturaleza humana. Lo mismo es verdad de los funcionarios públicos y de los magistrados y titulares de los poderes del Estado. En la medida que haya buenos controles, habrá transparencia y respeto a la ley. Así que aplicando este principio a la observación internacional del proceso electoral nicaragüense, es posible afirmar que ésta no puede ser negativa en ningún sentido. Todo lo contrario, es un control más que contribuye a maximizar la calidad y transparencia del proceso electoral.

Por eso llama la atención que miembros del FSLN —ante todo su secretario general— rechacen y descalifiquen a organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) y les llamen “injerencistas”. En agosto pasado, Daniel Ortega, dijo que Nicaragua debería librarse de la observación de la OEA, que calificó de “humillante”. Con el afán de desprestigiar a esta organización, Ortega dijo recientemente que la OEA se quedó callada cuando en las elecciones pasadas en EE.UU., “le robaron” la Presidencia al candidato demócrata Al Gore y que tampoco apoyó a Manuel López Obrador a quien, según él, “le robaron” las elecciones en México. Así que sobre esta base, Daniel Ortega dice que los nicaragüenses no podemos confiar en la OEA. Sin embargo él no puede hablar en nombre de todos los nicaragüenses y además sus afirmaciones no pueden tomarse en serio porque carece de toda evidencia.

Lo que sí es posible afirmar con certeza es que el propósito de la presencia de observadores electorales de la OEA, así como de cualquier otra organización internacional de observación electoral, es ayudar a disminuir las posibilidades de fraude. Pero si éste se va a dar, tampoco hay forma de que puedan evitarlo. Si hubo fraude en EE.UU. o México —cosa muy dudosa— no fue culpa de la OEA sino de los políticos nacionales de esos países. Ahora bien, si Ortega no planea hacer fraude electoral por medio del Consejo Supremo Electoral nicaragüense, conformado mayoritariamente por magistrados del partido sandinista o prosandinista, que él domina, entonces, ¿cuál es el temor de que haya observadores internacionales? ¿A qué se debe toda su alharaca?

No se puede hablar de elecciones auténticas a menos que los ciudadanos puedan ejercer libremente su derecho al sufragio y que, además, se garantice el respeto a su voluntad. En el actual contexto de globalización de las relaciones internacionales y del respeto universal a los derechos individuales, las elecciones han pasado de ser un tema nacional y se han convertido en algo de la incumbencia de la comunidad internacional y de las organizaciones internacionales. El consenso predominante es que sin elecciones libres y transparentes no puede haber desarrollo económico ni democrático. Así como en el caso de los individuos e instituciones nacionales, los Estados también son responsables de sus actuaciones ante la comunidad internacional. En este sentido, el concepto de soberanía absoluta ha perdido validez. Los Estados son libres para hacer lo que es justo y conforme a las leyes nacionales e internacionales, y cuando no lo hacen están sujetos a sanciones.

El propósito de la observación internacional es , pues, elevar el nivel de integridad de un proceso electoral impidiendo irregularidades y fraudes. De esta manera se previenen actos de violencia social que podrían surgir en caso de que se den irregularidades y los procesos democráticos sufran reveses. Los observadores internacionales hacen recomendaciones que redundan en la optimización del proceso electoral. La observación internacional evalúa el período preelectoral, electoral y postelectoral. Para este propósito —previa invitación de parte de un Estado— moviliza observadores al escenario electoral con medios y recursos adecuados para el cumplimiento de su misión. De tal forma que aunque a Daniel Ortega y el FSLN no les guste, la OEA, la Unión Europea, la ONU y otros organismos y bloques tendrán que dar fe de lo que ocurra en Nicaragua el 5 de noviembre.

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