Fidel Castro, en una entrevista en 1985. Fumaba aún sus emblemáticos puros. (la prensa/ap/charles tasnadi)

Personalidad única

Hasta sus más encarnizados enemigos reconocen en Fidel Castro a un hombre con una personalidad arrolladora, una gran inteligencia y habilidad política y una suerte increíble. Unas cualidades que han convertido al líder cubano en uno de los personajes más polémicos y atractivos del último siglo Ver GalerÍa de Fotos > Notas Relacionadas > EFE-rEPORTAJES […]

  • Hasta sus más encarnizados enemigos reconocen en Fidel Castro a un hombre con una personalidad arrolladora, una gran inteligencia y habilidad política y una suerte increíble. Unas cualidades que han convertido al líder cubano en uno de los personajes más polémicos y atractivos del último siglo
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    EFE-rEPORTAJES

    “Una cosa es seguro: esté donde, cuando y con quien esté, Fidel Castro viene a ganar. No creo que haya peor perdedor en todo el mundo. Su comportamiento frente a una derrota, incluso en las cosas más pequeñas de la vida cotidiana, parece someterse a una ley personal inmutable: sencillamente, no la reconocerá y no descansará hasta haber invertido las condiciones y haberla convertido en victoria”, escribió sobre Castro hace años el escritor colombiano Gabriel García Márquez, uno de sus mejores amigos.

    Según García Márquez, Fidel “es uno de los mayores idealistas de nuestra época y en eso reside quizá su mayor virtud, aunque también ha sido siempre su mayor peligro”. Por idealismo, por tesón, por amor propio o soberbia, lo cierto es que Castro ha cultivado una habilidad extraordinaria para disfrazar los fracasos de victorias.

    Quizá éstas son algunas de las cualidades que pueden ayudar a entender cómo el hijo de un emigrante gallego enriquecido a la sombra de las compañías estadounidenses, nacido en un pueblo del oriente cubano —una de las zonas más deprimidas de la isla— pudo llegar a liderar una revolución comunista y mantenerla durante cerca de medio siglo en las mismas narices de Estados Unidos.

    Quienes le conocen aseguran que Castro, desde adolescente, tuvo un carácter fuerte y decidido, tal vez influenciado por el severo catolicismo de su madre, Lina Ruz, o por su experiencia durante sus años de estudio con los jesuitas.

    Él mismo ha relatado a algunos de sus biógrafos autorizados cómo en sus años de adolescencia amenazó con quemar la casa familiar, en Birán, si su padre no le autorizaba a regresar al colegio.

    En la universidad, se abrió paso hasta convertirse en un líder estudiantil. De ahí a la política sólo había un salto y Castro no dudó en saltar de la forma más arriesgada: organizando una revolución contra la dictadura de Fulgencio Batista.

    Desde el principio demostró una excepcional capacidad para aprovechar las oportunidades y manejar los golpes de efecto.

    El fracaso del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, —considerado el inicio de la revolución, en 1953—, se convirtió en la primera “victoria” de los rebeldes y catapultó a Castro a los medios internacionales.

    Su efectista auto-defensa en el juicio y su alegato, que luego publicó bajo el título La Historia me absolverá, sacudió a la opinión pública cubana y atrajo de inmediato la atención internacional.

    Años después, durante su lucha clandestina en la Sierra, demostró una vez más su habilidad para manejar a la prensa, cuando concedió una entrevista al periodista estadounidense Herbert L. Matthews para desmentir su muerte, propagada por el gobierno de Batista.

    Algunos de sus biógrafos cuentan cómo el líder rebelde había dado órdenes a sus pocos hombres de que se movieran incesantemente por el campamento para dar al periodista la imagen de que contaba con un numeroso ejército.

    La entrevista dio la vuelta al mundo y Castro no olvidó la lección.

    Favorecido por la superstición de la santería

    Pero, sin duda, el momento en el que logró encantar a los cubanos, en el más amplio sentido de la palabra, se produjo en enero de 1959, tras el triunfo de la revolución, cuando dos palomas se posaron en su hombro ante cientos de miles de personas.

    La influencia de las religiones africanas en los cubanos, la santería, hizo ver a muchos la mano de Obatalá, el creador en los Orishas (deidades afrocubanas), sobre Castro y alimentó una leyenda que no ha parado de crecer en torno al “aché” (suerte) del líder cubano.

    No en vano, los cubanos se refieren a Castro como el Caballo, para unos porque es el número 1 en la charada china, para otros porque es como un auténtico caballo cuando galopa.

    SIETE VIDAS

    La combinación de habilidad y suerte le ayudó, sin duda, a sortear los más de 600 intentos de asesinato que, según el gobierno cubano, ha sufrido el comandante en este medio siglo mediante las fórmulas más dispares.

    El veneno pareció ser una de las alternativas preferidas por sus enemigos en los primeros años de la revolución. Según los cronistas oficiales, envenenaron sus batidos, sus Cohibas — sus puros preferidos— y hasta le regalaron un traje de buceo impregnado con una sustancia mortal.

    La obsesión de los “enemigos de la revolución” por acabar con él no ha cesado en todos estos años.

    La última vez que lo intentaron, en 2000, durante la Cumbre Iberoamericana de Panamá, cuando el anticastrista Luis Posada Carriles, ex agente de la CIA, había planeado matarle. El propio Castro convocó a la prensa reunida en la capital panameña para destapar los planes.

    “Es increíble la suerte que ha tenido en la vida, no hay duda de que tiene aché”, asegura un experto babalao (intermediario entre la gente y los Orishas) cubano. “Es suerte y carácter, una combinación de ambas cosas”, insiste.

    Suerte, carácter y la estrecha vigilancia de un experimentado equipo que acompaña al comandante en cada uno de sus pasos para velar por su seguridad, tanto dentro como fuera de la isla.

    Duerme en sitios diferentes

    En sus primeros años en la Universidad, cuando se sumergió en las luchas entre distintas facciones de las organizaciones universitarias, Castro aprendió a no tener lugar fijo para vivir.

    Se dice que no ha perdido la costumbre de dormir en distintos lugares de La Habana y del resto del país.

    Tras el triunfo de la revolución, en 1959, el pequeño apartamento de Celia Sánchez, su más estrecha colaboradora y confidente, en la calle 11 del barrio residencial de Miramar en La Habana, fue uno de sus lugares de residencia. La casa de Celia fue su escondite y su despacho, el lugar en el que podía refugiarse para escapar el cuartel general que instaló en el ático del Hotel Hilton, rebautizado como Habana Libre.

    Hasta tal punto es escurridizo que en vísperas de la visita del Papa a Cuba, en 1999, circulaba el chiste: “¿Dónde vive el comandante? En todas partes, como Jesucristo”.

    En sus desplazamientos oficiales por La Habana, muchos de ellos en la noche, Castro se mueve en una de las tres limusinas mercedes negras, casi idénticas, con una escolta armada de Ladas.

    Casi siempre va armado, por si las moscas, y a pesar de que está a punto de cumplir 80 años, asegura que sigue disparando y que no ha perdido puntería.

    El hermetismo que rodea a su vida privada contribuye a alimentar la leyenda de Castro.

    Quizá por eso pocos le pueden imaginar disfrutando de sus placeres, tan sencillos como cocinar una buena pasta, pescar o leer el Quijote, su novela favorita.

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