Nos alegra que la Selección de Beisbol ha pasado a la muerte súbita. Ojalá pudiera ir más allá en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena, Colombia.
Lo que sería triste es que un buen desempeño en los Juegos —algo no conseguido aún— sea manipulado para tratar de esconder la grave crisis que vive el beisbol nacional, o la propia crisis que se vive a lo interno del equipo, debido a promesas incumplidas o a delegados que no hacen su trabajo.
EL EJEMPLO DE ITALIA
Jamás he admirado el futbol italiano. Su severa marcación y el tratar de ganar a como sea, dejando de lado el espectáculo, no gusta a quienes buscan no sólo el qué, sino también el cómo.
Sin embargo, sus dirigentes han tenido la claridad de aplaudir el triunfo del equipo en el Mundial de Alemania, pero también la firmeza para aplicar los reglamentos sobre el asunto de los partidos arreglados que afectaron la imagen del “calcio”. El beisbol está urgido de cambios, más allá de lo que pase en los Juegos.
Urge planificar
No podemos seguir jugando al beisbol sin un plan, sin una calendarización. No se puede mandar un equipo al extranjero tras entrenar una semana. No se debe formar una selección si no hay las condiciones para que los jugadores tengan resueltas todas sus necesidades, dentro del marco de limitaciones que tenemos.
No se debería armar un campeonato de Primera División con tres equipos y un cuarto que se retira en cuanto deja de ganar. Sólo masificando el beisbol es que se podrá seleccionar elementos de todas las regiones y organizar un torneo de carácter nacional.
QUE NO CAIGA EL IMPULSO
Justo ahora, cuando varios de los sectores involucrados en el engranaje del beisbol están claros de su crisis y de la necesidad urgente de cambios, se hace necesario no perder ese impulso de reinventar el beisbol.