Un autoritarismo recurrente

En el editorial del lunes de esta semana señalamos que el equipo propagandístico de campaña del ex presidente sandinista, Daniel Ortega, trata de vender una imagen renovada de su candidato. Se dice de él que ha cambiado y que, por lo mismo, no va a volver a cometer los “errores” del pasado. Sin embargo, sus hechos demuestran todo lo contrario. Ya vimos que su hostilidad contra la libertad de expresión en los años ochenta, encuentra su continuidad —ahora de forma velada— en la Ley de Medios de Comunicación conocida como “Ley Arce”, la cual limita seriamente las exoneraciones de impuestos a los medios de comunicación. Ahora deseamos examinar si el candidato sandinista y la cúpula del partido que dirige han cambiado en cuanto al autoritarismo y la arbitrariedad que les caracterizaron en los años ochenta. ¿Qué dicen los hechos?

En 1995 un grupo sustancial de miembros históricos del Frente Sandinista, encabezado por el doctor Sergio Ramírez Mercado, se separó del partido porque ellos entendieron que ahí las decisiones importantes se dictaban y no admitían discusión. De manera que formaron el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) con la intención declarada de aglutinar sandinistas que creían en la necesidad de hacer cambios de fondo en su partido. Más adelante, cuando el Daniel Ortega y el FSLN hicieron con Arnoldo Alemán y el PLC el pacto para la repartición del Estado, otros reconocidos militantes sandinistas se separaron o fueron excluidos del FSLN, pues, como lo dijera Mónica Baltodano: “en el FSLN se responde a las críticas con descalificaciones, acusaciones infundadas y amenazas de expulsión”.

Sin embargo, en el año 2001, el MRS o al menos una parte de este partido entonces encabezado por Dora María Téllez, resuelve dar un voto de confianza a Daniel Ortega y se integra en la coalición prosandinista Convergencia Nacional. La alianza del MRS con el FSLN duró hasta el 2005, cuando la Asamblea Nacional, controlada por Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, aprobó reformas constitucionales con el expreso propósito de quitar atribuciones al Poder Ejecutivo y sobre todo para alterar las bases del sistema republicano de gobierno, en provecho de los caudillos. El ex presidente Ortega no se molestó en consultar con su aliado MRS, con respecto a dichas reformas y por eso este partido se retiró de la Alianza. Según lo que dijera en esa oportunidad la principal dirigente del MRS, Dora María Téllez, su partido “tenía sus propias consideraciones alrededor de las reformas porque había un desbalance demasiado agudo… un desbalance que no es conveniente”.

Lo más importante de todo es que esa experiencia del MRS comprobó que Daniel Ortega no había cambiado, que seguía siendo el mismo personaje arbitrario que se auto postula y prohíbe cualquier otra postulación y que toma decisiones unilateralmente. Otro disidente sandinista de alto calibre, Herty Lewites, fue expulsado del partido por haberse atrevido a desafiar al candidato sempiterno que ya ha sido derrotado en tres ocasiones. Y más recientemente, el autoritarismo del candidato sandinista se ha puesto en evidencia una vez más ante la disidencia del doctor Alejandro Martínez Cuenca, quien ha cuestionado la violación a los estatutos del partido sandinista en lo relativo a la debida consulta para la elección del candidato presidencial. Inclusive, a Martínez Cuenca ni siquiera se le permitió entrar al local donde se celebró la reciente convención del FSLN para ratificar a sus candidatos a Presidente y Vicepresidente de la República.

En fin: ¿Ha cambiado el señor Ortega en cuanto a su autoritarismo? Figuras sandinistas prominentes que le acompañaron en la guerra contra Somoza y fueron parte de su gobierno, dicen que no. Sus hechos del pasado y del presente indican que no. Entonces, ¿por qué la ciudadanía debe creer lo contrario? El autoritarismo del candidato sandinista es resultado de la ebriedad que produce el poder cuando no se tiene una ideología democrática. Por eso en los años ochenta se coreaban consignas como: “Somos sandinistas palante, palante y al que no le guste que aguante, que aguante”.

Y sí que aguantó plomo, palo y pedrada el pueblo nicaragüense. Muchos fueron encarcelados y otros —como el presidente del Cosep, Jorge Salazar Argüello— asesinados. Todo por no estar de acuerdo. ¿Ha cambiado el ex presidente Ortega? Más allá de las palabras, las evidencias indican que no. El mismo hecho de que se postule por cuarta vez, indica que no.

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