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Los Indígenas del Matagalpa llegan a la Final del XXXVII Campeonato Nacional de Beisbol, como los claros favoritos para ganar la serie de siete juegos ante los Tiburones del Granada.
La serie entre ellos finalizó 14 triunfos a 4, a favor de los matagalpinos, que ganaron en fila los últimos nueve juegos, cuando perdiendo ante los norteños, los granadinos mantenían segura su clasificación al evitar que el Bóer alcanzara el primer lugar y se metiera a la pelea. Y aún recortando los enfrentamientos de la primera vuelta y los tres primeros de la segunda, los norteños dominaron 9 a 4.
El Matagalpa luce mucho mejor que los Tiburones en bateo. Allí no hay discusión. La rayería norteña, que tiene en orden a Danilo Sotelo, Aníbal Vega y Justo Rivas en su parte central, provoca mucho daño, sobre todo con hombres de aperturas muy volátiles como Yasmir García y Jorge Luis Avellán.
El line-up del Matagalpa no tiene huecos y disponen de una gran ventaja en el jugador menor, al contar con Jilton Calderón, un chavalo que batea.
Los granadinos tienen como su cañón principal a Próspero González y han cifrado muchas esperanzas en Juan Carlos Llamas, quien si se queda corto, lamentarán mucho la ausencia de Norman Cardoze. El pitcheo es la fortaleza del Granada, pero no es una debilidad del Matagalpa.
Los carabineros granadinos fueron los mejores del torneo. Además, tiene al mejor brazo de la serie: Julio Raudez, quien podría abrir los juegos 1, 4 y 7. El salvadoreño William Ponce, el costeño Kenly Chang y Armando Hernández completan la rotación, pero ninguno de los últimos tres tiene la estatura de los abridores Rafael Batista, Franklin Sánchez y Asdrudes Flores.
En el bull pen, los granadinos contaron con Juan Pablo López, quien estuvo peleando el liderato en efectividad, y a Jacinto Carrero, quien fue líder en salvamentos, pero el Matagalpa tiene al mejor relevista del país, Jairo Pineda, y al máximo rescatador de juegos desde que fue colocado en ese rol, Oswaldo Mairena.
En velocidad, los matagalpinos robaron 44 bases por 25 de los sultanecos. Y a la defensa, los norteños cometieron cinco pifias menos que los granadinos.