Laborioso y mediático, Álvaro Uribe, presidente de Colombia y candidato a una casi segura reelección, es un político de derecha considerado autoritario y mesiánico por sus críticos, que se jacta de ser un buen “domador de caballos” y “administrador de fincas”.
Abogado disidente del Partido Liberal, este hacendado de 53 años posee un estilo coloquial y directo — tachado de populista por los críticos— al que debe en buena medida su aceptación del 70 por ciento en casi cuatro años de gobierno.
Favorito para ser reelegido este domingo, Uribe exhibe una modestia vanidosa que incluye el uso de sombrero y poncho durante sus viajes cada sábado a la provincia, donde preside los “consejos comunales”.
Allí escucha las necesidades ciudadanas y compromete a los ministros en su solución, a veces regañándolos ante las cámaras que transmiten los foros, en una actitud que según sus críticos demuestra un talante autoritario.
De esas reprimendas públicas no escapan los militares, a quienes a diario exige resultados en su cruzada contra la mayor guerrilla del país, las FARC. No en vano durante su gobierno rodaron las cabezas de unos 30 generales.
Aunque reivindica su estirpe liberal, este ex senador, católico, casado con la filósofa Lina Moreno y padre de dos hijos, es admirado por el Partido Conservador, que adhirió al gobierno y elogia su tradicionalismo y la política de mano fuerte..
Un aspecto anecdótico ilustra el primer aspecto: nunca usó pantalones vaqueros porque contrarían su personalidad, adusta y de escaso humor. En la polémica por el uso del condón llamó a los jóvenes a reservar el sexo para el matrimonio.
Aliado incondicional de Estados Unidos —mecenas de la guerra en Colombia—, Uribe hizo de la Seguridad Democrática el eje de gobierno, y dice que su reelección le dará continuidad a una política con la que asegura doblegará a las FARC, la guerrilla que asesinó a su padre en junio de 1983.
No obstante, ese episodio y la decena de atentados a los que sobrevivió, niega que la lucha antiguerrilla sea una empresa personal.
PADRE DE LAS AUC
Siendo gobernador a mediados de los noventa y amparado en la ley, auspició grupos civiles de autodefensa en el departamento de Antioquia (noroeste), que se convirtieron en paramilitares tras declararse su ilegalidad.
Uribe, quien mantiene un idilio casi unánime con la prensa y al que la guerrilla tilda de “narco-paramilitar”, es madrugador, se ejercita a diario, practica el yoga, prefiere la medicina alternativa y se cuida de hacer saber que es un trabajador incansable que paga la cuenta de su celular.
Graduado con honores de un postgrado en la universidad de Harvard, sus viajes al exterior suelen demorar un día; no oculta su molestia por las cumbres presidenciales. De ser necesario, celebra consejos de seguridad en la madrugada.
En su libro Así Gobierna Uribe, la periodista María Jimena Duzán retrata la vocación del mandatario como amansador y mayordomo, su tendencia a concentrar el poder y la minucia con que lo administra, semejante a la forma en que lo hace con su hacienda de 1,000 hectáreas.
Uribe, el mediático, ha aparecido en un reality show y llama a los medios para ofrecer él mismo las entrevistas. En los reportajes elude las preguntas que le molestan y reitera que no lee periódicos, no ve televisión ni escucha radio, mientras que en la campaña eludió los debates. Además es temperamental y pierde el control. Duzán cuenta que dejó el licor hace varios años porque la ebriedad lo tornaba agresivo.