El candidato presidencial de la disidencia sandinista, Herty Lewites, justificó pero al mismo tiempo tuvo que modificar su infortunado spot publicitario de “la mosca”. En un mitin celebrado el domingo pasado en el colegio La Salle, de Managua, Lewites usó como leitmotiv de su discurso la frase “vulgaridad es…” para referirse a la situación creada por el pacto de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán para repartirse los poderes del Estado. Y sobre todo dijo que “vulgaridad es” la impunidad, la injusticia y la pobreza extrema en que viven miles de nicaragüenses, y las secuelas de esa pobreza que incluyen la prostitución infantil y la desnutrición.
Es posible que en el sentido retórico de las palabras, aunque no en el semántico, Lewites tenga razón al calificar esas situaciones como una vulgaridad. Sin embargo, esto no demuestra que su spot no sea, en efecto, vulgar. Sencillamente se estaría hablando de dos vulgaridades: la creada por el Pacto y la empleada por el candidato Lewites para describirla.
Es precisamente esto lo que criticamos. El problema es que si de pronto los líderes nicaragüenses imponen el uso de palabras soeces para describir la situación del país, así como la naturaleza de los políticos —o sea de ellos mismos— y de sus actos, más pronto que tarde se convertirían los medios de comunicación en un escenario en el que cada persona aludida ripostaría con términos cada vez más insultativos y procaces. Y de esa manera la campaña electoral podría degenerar en agresiones físicas, amenazas de muerte e incluso homicidios. Eso es lo que se debe prevenir y por eso es que hemos criticado el spot de la m… del candidato Lewites.
No basta con decir la verdad; hay que decirla en términos apropiados con el fin de que su contenido no sufra. Lo que se dice es tan importante como la forma en que se expresa. Por eso reiteramos que los candidatos presidenciales y los partidos que ellos representan deben planificar y celebrar desde ya un debate de altura para presentar sus planes de gobierno, en un ambiente en el que prevalezcan el respeto, la razón y la inteligencia, sin esconder la verdad pero sin suplantarla con la procacidad y la difamación.
La mayoría de los ciudadanos —que no siguen a los caudillos— saben que el pacto libero-sandinista es, en gran medida, responsable de la crisis institucional y social que sufre Nicaragua. Pero limitarse a describir lo obvio no resuelve nada. Hace falta oír cuáles son las alternativas y las posibles soluciones que plantean los diferentes candidatos. ¿Cómo piensan gobernar a sabiendas de que ningún partido tendrá control del Poder Legislativo? ¿De qué manera van a enfrentar la crisis del petróleo y del transporte? ¿Por medio de qué mecanismos harán llegar los beneficios del crecimiento macroeconómico a las clases menos favorecidas? ¿Cómo quedarán las justas demandas salariales de maestros, médicos y otros gremios laborales? Es dando respuesta a éstas y otras interrogantes fundamentales que los candidatos van a ganarse la confianza, el aprecio y los votos de la ciudadanía.
El hecho de que las cosas asquerosas formen parte de la vida cotidiana de la gente, no significa que se deba practicar una especie de copropolítica (del griego copros: excremento), ni exaltar la inmundicia y mucho menos restregarla en el rostro de la gente, con palabras o imágenes de televisión. Todas las personas tienen que satisfacer necesidades fisiológicas y usan letrinas en sus viviendas. Pero nadie que esté en su sano juicio colocaría la letrina en el porche, en la sala, en el dormitorio o el comedor de la casa.
Por otro lado, las campañas electorales, igual que la política en términos generales, deben servir también para elevar el nivel cultural educativo y de la población, no para lo contrario. La vulgaridad y agresividad que expresan los políticos en los medios de comunicación se transmite a sus correligionarios y a la población en general. Y no hay duda de que una buena parte de la violencia que vemos en las calles de parte de estudiantes y otros sectores es resultado directo de las palabras y el tono de sus dirigentes.
De manera que es bueno que el candidato Lewites haya modificado su vulgar spot de “la mosca”, aunque por no dar su brazo a torcer lo hubiera justificado.