Un buen compromiso en el tema migratorio

Nadie que fuese realista podía esperar que la reforma migratoria votada ayer por el Senado de Estados Unidos lograse todo lo bueno para los inmigrantes indocumentados, pero es indudable que partidarios y opositores de la legalización forjaron un buen compromiso. No se puede perder de vista en ningún momento, que Estados Unidos tendrá este año […]

Nadie que fuese realista podía esperar que la reforma migratoria votada ayer por el Senado de Estados Unidos lograse todo lo bueno para los inmigrantes indocumentados, pero es indudable que partidarios y opositores de la legalización forjaron un buen compromiso.

No se puede perder de vista en ningún momento, que Estados Unidos tendrá este año las elecciones legislativas de mitad del término del período presidencial de George W. Bush.

Una amnistía migratoria plena es una idea que no apoya la mayoría de los estadounidenses. Favorece una solución que legalice a una parte de los ilegales y que garantice el pago de impuestos y de contribuciones al seguro social para la obtención de beneficios, pero eso de acoger a todos, no.

La impopularidad creciente de la guerra en Irak y la de Bush mismo —en una baja histórica— y algunos temas internos, hacen temer a los republicanos la pérdida del control de ambas cámaras del Congreso.

Esto se reflejó muy bien en diciembre pasado, cuando una más numerosa Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley “draconiano”, según sus críticos, que hace criminales a los indocumentados, dispone la construcción de un muro y no ofrece posibilidades de legalización.

Ser duro y antiinmigrante garantiza votos a muchos, aunque no deben ser pocos los legisladores que están genuinamente contra la inmigración ilegal, como el padre de ese proyecto, James Sensenbrenner, o su enemigo jurado, Tom Tancredo. Ambos son republicanos.

La versión que aprobaron los senadores con un voto claro de 62 a 36 permitirá legalizar a unos 9 millones de los 12 millones de indocumentados, dicen los reportes de prensa. Los que se llevan la peor parte son los recién llegados, es decir, aquellas personas que lograron entrar a EE.UU. hace menos de dos años. Tendrían que irse.

Quienes tengan más de 5 años podrán comenzar el proceso que debe llevarles a realizar su sueño americano. Podrán acceder tras varios años más a la ciudadanía, siempre y cuando no tengan antecedentes penales, paguen una multa de 3,250 dólares, impuestos atrasados y aprendan inglés.

Por otro lado, se propone reforzar drásticamente la seguridad en la frontera con México: crear un triple muro de 600 km y aumentar el número de agentes de la Patrulla Fronteriza. Se endosa el despliegue de la Guardia Nacional.

Entre los padres del compromiso están los senadores Ted Kennedy, un demócrata, y John McCain, un republicano.

Tanto McCain como Bill Frist, líder de la mayoría republicana en la cámara alta, son aspirantes a la candidatura presidencial republicana en 2008. Seguramente tienen en mente el crecimiento del número de votos hispanos en cada elección y el papel que los latinos han tenido en los dos últimos comicios. Ningún serio aspirante a la Presidencia puede darse ahora el lujo de ignorarlos.

Los demócratas son usualmente más benignos con los inmigrantes y el famoso senador del clan Kennedy es una figura reconocida de la izquierda estadounidense.

Las reacciones de los grupos hispanos fueron mixtas.

Cecilia Muñoz, vicepresidenta del Consejo Nacional de La Raza, manifestó que “esto significa que hay esperanza real que tendremos una reforma migratoria que legalizará a millones de personas”, citada por la edición web del diario The New York Times.

Sin embargo, la reforma “es tramposa, absurda, ridícula y convierte a los indocumentados en semiilegales”, comentaron líderes de la Coalición 25 de Marzo y la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA) en California. Es ésta quizás una postura muy inflexible.

Bush elogió el voto de ayer, pues incorpora su programa de permisos de trabajos temporales. El Presidente mexicano Vicente Fox dijo estar “feliz” y que ayer había sido “un día histórico, maravilloso”. Los mexicanos son más del 80 por ciento de los ilegales.

El cardenal católico de Los Ángeles, Roger Mahony, que ha criticado duramente los enfoques represivos, manifestó con una mezcla de satisfacción y cautela que “aunque contiene varios puntos punitivos que son objetables” la reforma migratoria del Senado “es un paso importante hacia una reforma en nuestro país que sea justa y humana”.

Sin embargo, es temprano aún para que los defensores de los inmigrantes canten victoria.

Los dos proyectos legislativos deben ser conciliados para que al final haya un sólo texto. Viene ahora un fuerte esfuerzo de cabildeo de la Casa Blanca y de los partidarios de dar la oportunidad de convertirse en ciudadanos a los inmigrantes, hacia un numeroso e influyente sector de republicanos que aspiran a reelegirse en distritos donde los “sin papeles” no son nada cool.

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