Los legisladores norteamericanos tienen ya varios meses de estar debatiendo para ponerse de acuerdo acerca de una ley de inmigración que responda de manera integral y global a este problema. La discusión se ha polarizado y últimamente ha surgido una posición intermedia. Por un lado, están los que rechazan cualquier tipo de consideración hacia los inmigrantes ilegales que ya viven en Estados Unidos. Éstos proponen la deportación masiva de los 11 millones de personas que viven ilegalmente ahí; el amurallamiento de la frontera con México y una legislación drástica contra los que ayuden o empleen trabajadores ilegales. Por otro lado, hay un sector de senadores que abogan por un facilitamiento del proceso de legalización y de integración de todos los trabajadores ilegales que ya están en el país y el fortalecimiento del control de la frontera acompañado de una legislación más rigurosa hacia los empleadores.
Recientemente, el presidente George Bush presentó una alternativa de término medio que contempla un programa de “trabajadores invitados” (guest workers) que permita a ilegales con menos de cinco años de estar en el país, trabajar legalmente pero sin poder aspirar a la ciudadanía; el fortalecimiento de la frontera con México con tropas del ejército y ofrecer el camino a la ciudadanía a todos los que hayan vivido cinco o más años en el país, bajo el supuesto de que llenen ciertos requisitos. El proceso de llegar a una nueva legislación migratoria ha entrado en su fase final y habrá que ver de qué manera los legisladores logran integrar estas distintas propuestas.
Mientras tanto, la comunidad hispana en Estados Unidos así como el pueblo mexicano en general se impacientan y se angustian cada vez más. Muchos mexicanos creen que el presidente Vicente Fox no ha sido suficientemente enérgico para protestar contra la amenaza norteamericana de construir el muro y de enviar tropas del Ejército a la frontera. Sin embargo, el Ministro del Exterior de México, Luis Ernesto Derbez, dijo que su país presentará una queja formal ante Estados Unidos. Lo cierto es que ni las protestas del Gobierno de México ni las que protagonizan en Estados Unidos los inmigrantes oriundos de diversos países hispanoamericanos, parecen tener algún efecto decisivo en los legisladores norteamericanos, dispuestos a legislar en función de ofrecer soluciones drásticas y a corto plazo.
La solución al problema migratorio no se limita a la frontera. La verdad es que aunque Estados Unidos pusiera a todo su ejército allí, todavía habría migrantes ilegales que burlarían los puestos de control y seguirían ingresando al país. Pero si esos ilegales no pueden trabajar, entonces van a regresar a sus países espontáneamente y muchos otros van a perder la motivación de emigrar. De tal manera que el mayor énfasis de los legisladores debería estar en el control de los empleadores. Los ilegales son un negocio redondo para muchos norteamericanos: mano de obra a mitad de precio y ausencia de obligaciones patronales. El mayor estímulo para los ilegales son los empleadores norteamericanos inescrupulosos que se aprovechan de su situación para esclavizarlos. El control de estos señores es lo único que va a detener la inmigración ilegal. Todo lo demás son nada más paliativos. Pero los que ya se han arriesgado y sacrificado para llegar y conseguir un trabajo; que se han esforzado para aprender inglés y son personas honestas, aunque sean ilegales, merecen una segunda oportunidad para hacer pleno su sueño americano de convertirse en ciudadanos de Estados Unidos.
Cualquiera que sea el contenido final de esta ley, los legisladores estadounidenses tienen el deber moral de respetar la dignidad de los inmigrantes ilegales y de ofrecer salidas humanas y misericordiosas. Una buena parte de los inmigrantes ilegales ha estado contribuyendo al desarrollo de la economía norteamericana no sólo con su mano de obra sino también por medio del pago de sus impuestos. Muchos se han esforzado para aprender inglés y enviar a sus hijos a la escuela. Éstos ya han absorbido la cultura norteamericana y tienen sueños para el futuro. Destruir esos sueños de un solo plumazo no se corresponde con los valores que han caracterizado a la gran nación del norte.