ALEXIS ARGÜELLO ES UNO DE LOS POCOS ATLETAS que no han sido cuestionado al ser escogido para el Salón de la Fama. Su grandeza es indiscutible en el aspecto deportivo. (la prensa/archivo)

UNA MULTITUD

El “Templo de los Inmortales” del deporte pinolero ha sido criticado por su rápido crecimiento [doap_box title=»Los «súper estrellas»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Con lo visto, hay quienes piensan que tienen los merecimientos para estar ahí, sin dimensionar correctamente sus actuaciones. Una cosa es haber sido solamente bueno y otra, alcanzar el calificativo de “súper”. Todos sabíamos […]

  • El “Templo de los Inmortales” del deporte pinolero ha sido criticado por su rápido crecimiento
[doap_box title=»Los «súper estrellas»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Con lo visto, hay quienes piensan que tienen los merecimientos para estar ahí, sin dimensionar correctamente sus actuaciones. Una cosa es haber sido solamente bueno y otra, alcanzar el calificativo de “súper”.

Todos sabíamos que Denis Martínez, pese a su liderazgo latino en victorias, su juego perfecto y sus cifras dominantes en juegos completos y efectividad durante ciertas temporadas, no tenía la menor posibilidad, igual que Fernando Valenzuela, de entrar a Cooperstown.

Hay sus casos discutibles, pero muy pocos. En cambio, peloteros como Joe Dimaggio y Juan Marichal, no entraron en su primer intento.

Aquí, todo fue fácil, pero se ha recapacitado y aunque no se puede hacer una revisión, ahora los criterios están más acordes con las exigencias. Menos mal.

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ATLETAS EN EL SALÓN DE LA FAMA NICA

Parafraseando a Churchill, nunca antes vimos a tantos seres acomodados en un Salón que debería de ser para tan pocos, como es el de la Fama del deporte pinolero. Un día escribí: “Pronto, aún sin percatarnos, todos estaremos en ese Salón, incluso los que casualmente hayan tirado una pelota hacia cualquier lado, o recorrido una yarda persiguiendo un gato”.

Hay que admitir que se fue mejorando. Es decir, se comenzó a controlar el populismo. Ahora, prevalecen criterios más serios, con un mayor nivel de exigencia, como debe ser.

Era contrastante que en un país que no ha producido medio centenar de atletas capaces de impactar con sus ejecutorias y alcanzar la trascendencia requerida para ser considerados famosos a través de generaciones, las bases siempre estaban llenas en lo referente a candidatos. Esa amplitud indiscriminada, “mataba” la magia.

Recordemos que esto del Salón de la Fama casero fue un proyecto que estuvo largamente postergado, y nos extrañó verlo ser víctima prematuramente de una brutal agresión: los generadores de la idea, en lugar de garantizar la dimensión de los aspirantes, realizando evaluaciones bien fundamentadas, se portaron muy generosos y afectaron su despegue y continuidad inmediata.

El deporte nacional, a lo largo de su historia, desde que Andrés Castro acertó aquella pitcheada a la cabeza del filibustero, ha producido pocos atletas excepcionales, de esos que se hacen acreedores al calificativo de “fuera de serie”, encabezando la lista Alexis Argüello y Denis Martínez, y podemos continuar por la carretera de la admiración con Michelle Richardson, Orlando Vásquez, el mejor atleta estrictamente amateur en el repaso de todos los tiempos, peleadores que han sido campeones mundiales, peloteros que han llegado a las Grandes Ligas, o con el calibre de Stanley Cayasso y José Ángel “Chino” Meléndez, boxeadores que no llegaron al tope pero con calidad y registros impresionantes como Eduardo “Ratón” Mojica, billaristas del nivel de Arturo Bone y el recién ingresado Francisco Taylor, jugadores de tenis de mesa con la trascendencia de Walberto López y Oscar Molina, y otros casos dignos de indiscutible reconocimiento.

¿Cómo discutirlos?

Sin pretender subestimar a ninguno de los otros 35 seleccionados, cuando se abrieron por vez primera las puertas del Salón de la Fama pinolero pensé que la mejor decisión, el verdadero toque de distinción, era introducir solamente al inmenso Argüello y al formidable Martínez.

Y es que la primera escogencia tenía un significado especial, independientemente que el Salón abarcara a todos los deportes que se practican en el terruño… Era razonable considerar que la magnificencia, la solemnidad, lo resplandeciente, sólo podían ser provocadas en esa primera ocasión, por Alexis y Denis… Después, ya tendríamos tiempo y espacio para ampliar los siguientes ingresos, aplicando la rigurosidad requerida.

En 1936, cuando se inicio el Salón de la Fama de Cooperstown, pese a disponer de una galería de súper-estrellas, sólo cinco fueron seleccionados: Ty Cobb, Honus Wagner, Babe Ruth, Christy Mathewson y Walter Johnson. Ninguno por unanimidad.

¿Cómo fue posible que dejaran fuera a Cy Young?

Aquí, en la apertura, Alexis no pudo venir desde Estados Unidos, y Denis, difícilmente logró entrar al Salón llegando desde el aeropuerto porque el sitio estaba lleno a reventar.

Aumentó la cifra

La segunda inducción fue todavía más amplia. Una escogencia con más de 40, nos confundió y preocupó. Rápidamente nos estábamos quedando sin material, y aquello parecía un programa radial de complacencias.

En medio de esta agitación algunos de los escogidos “pasan de noche”, inadvertidos.

Como es natural, los niveles de grandeza establecen claras diferencias, y en la segunda promoción, nombres como los de Rigo Mena y Duncan Campell atraparon la atención, como también lo hicieron Eduardo “Ratón” Mojica, Michelle Richardson, Arturo Bone, Edmundo Dávila, Pedro Selva y otras leyendas de nuestro deporte, con toda la legitimidad en cada caso.

¿Se imaginan lo que es meter a más de 70 en las dos primeras promociones? Era obvio preguntarse: ¿Qué tanta clase se exige? ¿Se trata de un safari?

Para estar en un Salón de la Fama, el requisito básico es ser famoso. Vamos, alguien que no necesita presentar su cédula para identificarse, un firmador de autógrafos, una figura representativa de su deporte, no un provocador de la interrogante: ¿quién es ese, qué hizo, de dónde salió?

En la clase del 2006 han entrado dos indiscutibles, ese gran inicialista y pelotero símbolo que fue en todo instante Calixto Vargas, y el magistral billarista zurdo Francisco Taylor.

¡Qué bueno! Nada que ver con aquellos desbordes de 35 y 40 que inundaron el Salón permitiendo que se filtraran algunos discutibles.

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