Las recientes declaraciones del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sobre su apoyo a Daniel Ortega, candidato del FSLN, han sido interpretadas por muchos nicaragüenses como actitudes injerencistas y dictatoriales. (LA PRENSA/ARCHIVO)

CARTAS AL DIRECTOR

Humildad “Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza”. Bonaparte clonado No puedo menos que recordar (históricamente pues no lo conocí personalmente) al famoso Napoleón Bonaparte cuando escucho y leo las declaraciones altisonantes y prepotentes de Hugo Chávez. Debo reconocer que el señor Chávez aparentemente proyecta una personalidad con rasgos […]

Humildad

“Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza”.

Bonaparte clonado

No puedo menos que recordar (históricamente pues no lo conocí personalmente) al famoso Napoleón Bonaparte cuando escucho y leo las declaraciones altisonantes y prepotentes de Hugo Chávez. Debo reconocer que el señor Chávez aparentemente proyecta una personalidad con rasgos de alta seguridad y poder que seguramente vienen impelidos por los ingresos que genera la venta de petróleo.

El señor Chávez olvida que todo ese poder se le puede acabar en cualquier instante, pues ni él ni yo somos eternos. Una mirada a unos cuantos siglos atrás y se daría cuenta que todos sus antecesores históricos que impusieron su dictadura, ahora sólo se les estudia como fenómenos clínicos. El afán de “comprar” a los países latinoamericanos con distintas regalías es trasladado al siglo XXI por Chávez como una clara ambición de expansionismo.

Para Chávez demostrarle que él puede más a uno de los países que se consideran poderosos en América es su única ambición por el momento.

Injerencias indignantes

Es increíble que nadie se queje de la injerencia de Hugo Chávez en los asuntos de otros países. La pregunta es: ¿Quién le ha dado a Daniel Ortega el derecho de negociar con Chávez? Lo que quieren hacer es ofrecerle confites al pueblo para ganar las elecciones, lo cual para mí es la misma mente servil.

Ortega ahora ya no está solamente al lado de Fidel Castro porque este siempre está palmado, sino con Chávez que tiene los billetes. Nicaragua se debería quejar a la OEA o la ONU por las injerencias de Venezuela en tratar de afectar las elecciones de un país que se dice soberano e independiente. ¡Qué deshonra!

Petróleo

La transacción comercial privada de petróleo y urea, suscrita entre el gobierno de Venezuela y Amunic (Asociación de Municipios de Nicaragua) es importante como un primer paso para que los gobiernos municipales nicaragüenses puedan convenir con empresas privadas nacionales, internacionales o gobiernos.

Nadie resolvía el problema del petróleo en Nicaragua y ahora quieren deslegitimar el convenio algunos políticos, funcionarios y gobierno, porque temen que el petróleo negociado esté apostando para que gane las elecciones el FSLN. Creen que es una medida populista o eleccionaria. Se equivocan, las elecciones las va a ganar quien el pueblo elija, y esa transacción es simplemente comercio de beneficio para el pueblo. El petróleo será un recurso adicional para que los gobiernos municipales ayuden a su localidad, no regalando el producto, pero sí vendiéndolo a costos moderados, esa es la intención.

Inclusive, muchos gobiernos del mundo quieren colaborar para con nuestro pueblo. No hay que desperdiciar ese excelente gesto amigo y comercial, ni neutralizar su desarrollo, porque iría contra la economía del país y todos perderíamos.

Por mandato constitucional y la Ley de Municipios vigente regula que las alcaldías: 1) Son autónomas. 2) Son personas jurídicas y de derecho público con plena capacidad de adquirir derechos y contraer obligaciones. 3) Tienen el derecho y deber de resolver, bajo su responsabilidad, por sí o asociados en todo lo que compete a la gestión municipal, entre otras cosas. (ver artículos 177 de la Constitución y artículos 1 y 4 de la Ley de Municipios)

Por cuanto, los alcaldes, su personal y Amunic no son trabajadores del Estado, el gobierno simplemente les otorga una partida económica para ayuda del desarrollo local, y no tiene potestad sobre los gobiernos municipales, pues estos tienen vida propia, y la concesión de petróleo suscrita no es del gobierno de Venezuela con el de Nicaragua. No hay de qué preocuparse, alegrémonos porque todavía existen personas que quieren una mejoría para los nicaragüenses. Ya que otros no pueden, que dejen hacer.

Alcalde de Ticuantepe

Quiero elogiar al alcalde de Ticuantepe, ingeniero Eduardo Dávila, por su equitativa distribución del presupuesto y la capacidad que ha demostrado en sus funciones. Sin embargo también quiero sugerirle le de más seguimiento a sus subalternos, que dejan mucho que desear en sus funciones. Tal es el caso de más de un kilómetro de carretera que tienen abierta en el eje central de la vía principal del reparto J. Ramón Padilla, que a la vez es la ruta principal a los pueblos de Carazo y Masaya, etc. Está abierto desde antes de Semana Santa y ocasiona embotellamientos con los buses, cuyos conductores no usan las bahías.

También elogio al alcalde por las obras que está ejecutando en Buenos Aires. Considero que es un proyecto que ha esperado más de 40 años, por lo que esta comunidad agradecerá por el resto de generaciones si la autoridad lo completara en un ciento por ciento, ya que la proyección es del 50 por ciento. El progreso trae inconvenientes pero con un poquito de conocimiento de las personas que coordinan estos trabajos se resolverían situaciones difíciles que incomodan a la comunidad. ¿Dónde está la estrategia del contratista y la supervisión?

Homosexualidad

Hago referencia al artículo La iglesia ante la homosexualidad, escrito por el señor Adolfo Miranda Sáenz, ministro laico católico. Sobre el mismo, deseo expresar mi personal opinión.

En primer lugar, es importante señalar que cuando el autor dice la Iglesia, debería aclarar que se refiere a la jerarquía católica, no a la asamblea de todos los que integran esa organización.

Por otra parte, el autor soslaya el hecho de que el instinto sexual es, después del de supervivencia, es el más poderoso en el género humano. La civilización ha venido a adornar todo lo que rodea al sexo para superar a las otras especies. La Iglesia Católica, por su parte, en su afán de perpetuar un esquema masoquista, de sufrir ahora para gozar en la otra vida, ha querido obligar a los fieles a utilizar el sexo dosificadamente con la única finalidad de reproducirse, calificando el placer como un mal necesario en ese menester. De ahí nace lo de la castidad como una virtud y no una opción como la de disfrutar el sexo.

Con relación a la homosexualidad, la posición de la jerarquía católica no puede ser más gallo gallina, pues no condena a los homosexuales por sus tendencias, sino hasta que las convierten en actos en busca del placer. Es decir, el respeto, la compasión y la delicadeza que propugnan hacia ellos se limitan a admitir que existen preferencias sexuales distintas pero que deben quedarse a nivel de defecto, sin que la expresión pueda en algún momento aflorar, por lo tanto deben de reprimir esos instintos contrarios a la naturaleza, a través de la oración y la gracia sacramental.

En fin, el artículo está lleno de tremendas contradicciones, tales como señalar que es dañina la influencia de la televisión y de los propios padres al propugnar por un sexo libre, pero que millones de jóvenes se reservan para el matrimonio. ¿Entonces cuál es el problema? Desde mi punto de vista, la jerarquía católica debería ser más tolerante y admitir las diferencias.

Si ellos analizan su propia organización y si de la totalidad de sus ministros una buena parte es homosexual, otra parte tiene relaciones heterosexuales y otra parte se mantiene en castidad. ¿Por qué el resto de los miembros de la asamblea no pueden escoger entre estas tres posibilidades?

Hans Kün

Felicitaciones a La Prensa por la publicación el 23 de abril del magnífico artículo –como toda su teología— de Hans Kün. Es significativo que hablando de su compañero en el Vaticano II, y también buen teólogo Benedicto XVI, diga que “de ningún modo es un conservador absolutamente rígido, y aún podría darle al mundo algunas sorpresas”. Una sería –y no parece estar lejana, por lo que posteriormente al escrito de Kün, se ha publicado— que el Vaticano acepte el uso del condón para los afectados de sida, después que los expertos consultados presenten su informe. No es mucho, pero por algo se empieza. Junto al pensamiento claro y abierto de Kün nos encontramos el 29 de abril en su periódico con un artículo de la señora Élida Solórzano que nada tiene que ver con el artículo citado y no merece la pena tomarlo en cuenta, cuando entre afirmaciones de autoridades dudosas –tratando de “desprestigiar” a Hans Kün— dice que, y cito textual: “Para comenzar, Hans Kün no es teólogo católico”. Basta informar a los lectores inteligentes de LA PRENSA que les recomiendo la lectura de ambos artículos para que ellos los comparen, y a Hans Kün con la señora Élida Solórzano.

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