El Evangelio de Judas, manuscrito recientemente dado a conocer por National Geographic, ha estado en los titulares de los principales periódicos del mundo en las últimas dos semanas por varias razones. Una de ellas es la manera cuestionable en que salió a luz pública. La persona que entregó el manuscrito a la Maecenas Foundation fue una suiza de 65 años, la señora Frieda Tchacos Nussbergen, quien recibirá a cambio entre uno y dos millones de dólares de proyectos que llevará a cabo National Geographic, organización que pagó a dicha fundación por la publicación del contenido del manuscrito así como por el derecho a contar la historia de su hallazgo.
El problema es, por un lado, que según un periódico de Estados Unidos la señora Tchacos Nussbergen había sido detenida en Chipre a petición de las autoridades italianas en el marco de una investigación más amplia conectada con el tráfico de artefactos antiguos, y por otro, que su abogado es el director de la fundación que recibió el manuscrito. Asimismo, se cuestiona la manera en que comerciantes de antigüedades como ella dejan arruinar piezas como ésta por no contar con los medios necesarios para su preservación.
Otra razón por la que el Evangelio de Judas ha llamado poderosamente la atención es la forma excesivamente dramática en que Nacional Geographic anunció que tenía en su poder un manuscrito de 1,700 años de antigüedad que iba a sacudir los cimientos del cristianismo clásico. Sin embargo, es obvio que este dramatismo fue una exageración. El Evangelio de Judas no es el único evangelio apócrifo que afirma algo que contradice los evangelios canónicos, es decir, los reconocidos por la Iglesia. Algunos de esos apócrifos son el Evangelio de Bartolomeo, el Evangelio de Basílides, el Evangelio de Cerinto, el Evangelio de los Ebionitas, el Evangelio según los Hebreos, el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de Marción, el Evangelio de Felipe, el Evangelio de Tomás, etc. Y si bien éstos son fuentes interesantes que dan acceso al debate teológico que tuvo lugar en los primeros siglos del cristianismo, así como a las varias tradiciones que se desprendieron de la Iglesia apostólica, sus afirmaciones carecen de autoridad y por lo tanto, no pueden sacudir los cimientos del cristianismo.
Una tercera razón por la que el Evangelio de Judas ha acaparado la atención del público es el resurgimiento del gnosticismo (del griego gnosis, conocimiento) al que han contribuido escritores populares como Dan Brown (El Código Da Vinci y Ángeles y Demonios) y Elaine Pagels (Los Evangelios Gnósticos, El Origen de Satanás). El gnosticismo es un movimiento herético inseminado a finales del primer siglo de nuestra era pero ampliamente desarrollado en el segundo y tercer siglos. El apóstol Juan, particularmente en su Primera Carta, incluye referencias claras contra las enseñanzas gnósticas que dividían la realidad en dos esferas opuestas e irreconciliables, la material (mala) y la espiritual (buena). En consecuencia, negaban que el Cristo hubiera tenido un cuerpo físico y que los actos cometidos por el cuerpo afectaran al espíritu. Así que, por un lado, el gnosticismo produjo ascetismo y, por otro, antinomianismo (contra la ley de Dios).
Lo más importante con respecto al Evangelio de Judas es entender que este escrito no dice nada históricamente legítimo sobre Jesús y Judas. Más bien, se oye a un Jesús distinto del de los evangelios autorizados. El Jesús del Evangelio de Judas es un personaje enigmático, que se ríe de todo y que está interesado más en cosmología y en dioses y semidioses que en demostrar el amor de Dios a los perdidos de este mundo. Además, es obvio que la intención del escrito era o es hacer una apología de la traición de Judas Iscariote.
La Biblia no oculta el carácter defectuoso de Judas, sin embargo, el Evangelio de Judas dice que Jesús le confirió un conocimiento (gnosis) especial y le pidió que lo traicionara con las autoridades y de esa manera obtendría la grandeza.
Probablemente el doctor Ben Witherington III, profesor de interpretación del Nuevo Testamento, en Asbury Theological Seminary en Wilmore, Ky., tenga razón al decir que el autor del Evangelio de Judas era un cainita que trataba de hacer del villano bíblico un héroe, algo sumamente difícil después que han transcurrido veinte siglos.