Finalmente la Asamblea Nacional aprobó las leyes complementarias al DR-Cafta, que eran el requisito indispensable para que este tratado pudiera entrar en vigencia. Ahora, si el Presidente de la República promulga dichas leyes y las manda a publicar inmediatamente en el Diario Oficial, el DR-Cafta entraría en vigencia a partir del próximo 1 de abril y de esa manera Nicaragua comenzaría a recibir sus beneficios y se evitará perder “las cuotas que el país obtuvo en productos como maní, azúcar o lácteos”, según declaró el Ministro de Fomento, Industria y Comercio (Mific), Alejandro Argüello (LA PRENSA, miércoles 22 de marzo, 2006).
Además, según estimaciones del mismo Mific, con la entrada en vigencia del DR-Cafta Nicaragua podrá incrementar este año sus exportaciones a EE.UU. en 44 millones de dólares, al pasar las ventas de productos nicaragüenses en el mercado estadounidense de 292.5 millones de dólares que fueron el año pasado, a casi 350 millones de dólares en el 2006.
En realidad, las posibilidades que el DR-Cafta ofrece a Nicaragua son ilimitadas. Basta señalar al respecto que este tratado propiciará un intercambio comercial anual calculado en más de 30,000 millones de dólares y que los productos nicaragüenses podrán aprovechar mucho más el enorme y rico mercado de consumo que representa el socio mayor del acuerdo, que es Estados Unidos de Norteamérica.
Sin duda que los beneficios económicos y sociales que puede obtener Nicaragua con su participación en el DR-Cafta, son más que los perjuicios que auguran aquellas personas que más por razones ideológicas y políticas que económicas y sociales, temen la participación del país en los acuerdos para el libre intercambio comercial.
Por supuesto que si no se trabaja duro ni se mejora la calidad de los productos a ofrecer en el mercado internacional, tampoco se puede tener el éxito deseado. Los tratados de libre comercio sólo pueden representar una buena posibilidad de crecimiento, desarrollo y prosperidad, si quienes necesitan esa oportunidad enfrentan con responsabilidad sus propios desafíos.
En todo caso, es absurdo creer que la pobreza, el desempleo y el atraso se podrían resolver volviendo al sistema revolucionario de economía estatal o “mixta”, que ya probó en los años ochenta que además de inviable es también desastroso. Y es ridículo pensar que las cosas irían mejor en Nicaragua si se restableciera el sistema de gobierno mercantilista, populista y corrupto que prevaleció durante la administración del ex presidente Arnoldo Alemán.
Cabe señalar al respecto, que la participación de Nicaragua en los tratados de libre comercio no es sólo una buena oportunidad para recibir más inversiones extranjeras a fin de aumentar el empleo y los índices de producción y exportación. Se trata también de que al formar parte de los TLC, Nicaragua se pone de cara al futuro y tiene que asumir la responsabilidad de institucionalizarse y modernizarse. Dicho con otras palabras, la inserción en los procesos de globalización por medio de los TLC tiene que obligar al país a diseñar y construir un nuevo Estado, moderno, dinámico, eficiente y transparente.
Los países que progresan y se desarrollan son los que practican la libertad económica y política, en primer lugar la libertad de comercio, en tanto que las naciones que se dejan atrapar por la demagogia del populismo y el caudillismo autoritario, permanecen en el atraso e irremediablemente se hacen más pobres que antes. De manera que los países emergentes como Nicaragua tienen que integrarse en las corrientes de la globalización, o se queda fuera como simples espectadores y, todavía peor, como naciones indigentes que dependen de la caridad internacional.
De manera que al celebrar la buena voluntad que —por la razón que sea— han tenido los diputados para aprobar las leyes que permiten poner en vigencia el DR-Cafta, advertimos también a quienes van a gobernar el país a partir del próximo año que de muy poco o de nada podrá servir este instrumento de promoción del desarrollo comercial, si no se erradican las causas de los grandes males que sufre el país hasta ahora. Es decir, la voracidad de una maquinaria estatal que gasta mucho más que lo que produce el país, y la política del Estado botín impuesta por los caudillos autoritarios y corruptos.