Capitalismo chino y socialismo latinoamericano

Según economistas internacionales, China es hoy día la oportunidad de inversión más prometedora. Esto se debe a su gran extensión territorial, su enorme población (1.2 billones de habitantes), su creciente apertura a la economía de mercado y a su acelerada modernización. Los sectores más atractivos para invertir son: la industria del Internet, el ramo de la tecnología y el sistema financiero. De acuerdo a un estudio sobre el crecimiento económico de China y las oportunidades de inversión ahí, coordinado por Ian Wyatt y Christian Zouein, en ese país asiático hay una clase media que representa aproximadamente el 25 por ciento de la población total (300 millones de personas) que, además, está creciendo aceleradamente debido al incremento del número de graduados universitarios (3 millones en el 2004 contra 1.9 millones de graduados en Estados Unidos) lo cual se traduce, por un lado, en una amplia oferta laboral para las nuevas industrias y compañías nacionales e internacionales que se establezcan ahí; y, por otro lado, en un aumento del ingreso económico de los profesionales chinos lo cual, a su vez, les permitirá mayor capacidad para comprar, viajar y ahorrar.

Sin embargo, no todos en China ven con buenos ojos esta transformación económica. Últimamente, la vieja guardia comunista ha levantado la voz para oponerse a las reformas económicas para el libre mercado y señalarlas como las causantes de la desigualdad social que se manifiesta en el aumento de la brecha de ingresos entre los trabajadores de la ciudad y del campo en ese país. Según el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas, la brecha entre el ingreso medio de residentes urbanos y rurales en China ya es de 3.3 a 1, uno de los más altos del mundo. Un estudio de la Oficina de Investigación del partido comunista chino revela que a este ritmo, para el 2020, la brecha habrá aumentado en un promedio de 4 a 1. Los comunistas ortodoxos dicen que el Gobierno está vendiendo las riquezas de ese país al mejor postor. Sin embargo, un importante sector de la población y el Gobierno ven la reforma de la economía —con ciertos controles— como la mejor alternativa para el país. El debate ha llegado al Congreso del Pueblo (Asamblea Legislativa) y el Gobierno ha tenido que engavetar un proyecto de ley de protección de los derechos de propiedad que ha sido fuertemente criticado. La reforma del sistema económico chino hacia un tipo de capitalismo es inevitable pero el crecimiento macroeconómico y la creación de riqueza que beneficien sólo a un reducido sector de la población no parece una alternativa que represente el sentir de la mayoría. Los chinos están ideológicamente divididos y van a tener que usar mucha creatividad para encontrar el modelo que mejor sirva a su realidad económica y cultural.

A propósito del incipiente pero pujante capitalismo chino, vale la pena relacionarlo con el socialismo latinoamericano que representa un proceso en contrario. Haciendo la necesaria diferencia entre el autoritarismo de Hugo Chávez con su discurso antinorteamericano pasado de moda; el populismo de Evo Morales y Kirchner; y el socialismo moderado de Lula da Silva, Bachelet y Tabaré Vázquez, cabe decir que el triunfo de la izquierda en América Latina no es en realidad un rechazo a la economía de libre mercado y un regreso a la economía comunista dirigida totalmente por el Estado. Más bien es un rechazo a la incapacidad de los gobernantes latinoamericanos de crear un sistema económico que, a la par de mantener un crecimiento macroeconómico estable, se preocupe verdaderamente porque haya justicia social, esto es, por el acceso de los trabajadores de la ciudad y del campo a la educación, salud, vivienda y nutrición adecuada. En vez de hacer esto, los gobernantes de América Latina se dedicaron a crear dictaduras de derecha y de izquierda que les permitieron el enriquecimiento ilícito y la promoción de la corrupción en todos los ámbitos. En China como en Nicaragua como en el resto de América Latina, el camino hacia el desarrollo pasa por la democracia, la economía de libre mercado y el respeto a la empresa privada. Sin embargo, hay que buscar cómo ese desarrollo llegue a todos y no sea el privilegio de una minoría.

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