Leopoldo Villalta López
En tiempos de campaña electoral es fácil encontrarse con candidatos que sonríen a todos, comparten fotografías, almuerzos y cenas con sus posibles electores. Todos levantan la bandera de la lucha contra la pobreza y la corrupción, piden un voto de confianza y aseguran que ayudarán a quienes los apoyan, cuando tomen posesión. Por desgracia una cosa es el candidato y otra el funcionario, pues si les pide una cita, mandan a su asistente a decir amablemente que no pueden atender. Una vez que ganan, se convierten en corruptos y se olvidan de que los electores fuimos su escalera para llegar al poder.
El hombre nace, el candidato honesto se hace con un poco de voluntad. Los diputados que pronto terminarán su período deberían aprobar una ley que mande a que los candidatos electos a devengar un salario mensual de acuerdo con la economía del país. Seguramente, los diputados vitalicios protestarían pero son minoría. Con una ley como ésta, renunciarían todos los candidatos y otros aventureros no querrán participar en un ridículo botín. Los espacios vacíos los llenarían hermanos nicaragüenses que quieren servir y no servirse.