Monumento
Desde el pasado diciembre del 2005 se han venido publicando diversos artículos en contra del levantamiento del monumento en homenaje a Rigoberto López Pérez, sufragado por la Alcaldía de Managua.
Dichos artículos llevan una connotación meramente política, ya que López Pérez fue el autor material de la muerte del dictador Anastasio Somoza García en el año 1956. Pero en ninguno de ellos se aborda lo más importante: la parte legal-cultural para su construcción, ya que el Alcalde de Managua, ingeniero Dionisio Marenco, está erigiendo un monumento sin respetar la Ley 215, que es Ley de Promoción a las Expresiones Artísticas Nacionales y de Protección a los Artistas Nicaragüenses.
Dicha ley en su Capítulo II, artículo 14 dice: “El diseño y la construcción de los monumentos públicos, pictóricos y escultóricos que se erijan en Nicaragua, serán adjudicados a través de concurso a artistas nacionales y cuando sea necesario, a extranjeros asociados con nacionales”. Por lo tanto el Alcalde de Managua está en la obligación, según esta ley, de realizar un concurso entre los artistas para poder erigir dicho monumento.
Otra arista que pende sobre este tema se encuentra en el Capítulo VII, De las Sanciones y Procedimientos, que en su artículo 43 dice: “Cualquier artista, en su carácter individual o a través de las asociaciones artísticas podrán denunciar el incumplimiento de la presente ley y demandar ante cualquier autoridad judicial o administrativa a los infractores”.
Ante este hecho y más allá de cualquier pasión y sectarismo ideológico, me pregunto: ¿Qué hacen los señores del Departamento de Cultura de la Alcaldía de Managua o los de la Oficina de Patrimonio Histórico Municipal que no le han dado a conocer al señor Marenco la existencia de esta ley?
Julio León Báez
Bibliotecólogo
Prensa y terrorismo
Los informes de respetables entidades internacionales, como la Sociedad Interamericana de Prensa o Reporteros sin Fronteras, siguen produciendo serias preocupaciones ante los factores adversos que gravitan sobre el libre ejercicio del periodismo.
Según la SIP, Colombia continúa siendo el país más peligroso del mundo para este trabajo, con más de 120 comunicadores asesinados en un período que no llega a los tres lustros, por efecto de la acción del narcotráfico, grupos guerrilleros o paramilitares. En México, el asunto es igualmente inquietante, sobre todo por esas virulentas mafias dedicadas al ruin negocio de las drogas y que inciden en hechos nada recomendables, incluso de pandilleros, en toda América Central y los países andinos.
No es para estar tranquilos, si se conoce que, en los últimos quince años, en Latinoamérica, han sido muertos 400 periodistas, aproximadamente, encontrándose la intolerancia política, el narcotráfico y su cercana aliada, la violencia, que ha descendido a niveles terroristas en Colombia, como los principales enemigos de la libertad de prensa, bajo el lema : la bala de oro o la de plomo, lo que en buen romance significa: el soborno o la tumba.
Los valores de la prensa conllevan los más altos principios de la colectividad, siendo la objetividad, la verdad y el bien común, los cimientos de esta noble y sacrificada actividad que requiere, sobre todo, ética impoluta.
La libertad de prensa, asimismo, es de responsabilidad absoluta, encarnada en deberes que, obligadamente, se tiene que cumplir, sin excusas de ninguna naturaleza. Las negligencias o inconsecuencias no pueden existir en estos fructíferos predios, de lo contrario sucede lo que está aconteciendo en algunos países del planeta, por efecto de las tendenciosas caricaturas de Mahoma.
El islamismo, que lo practican cientos de millones de seres humanos, merece respeto, como todas las creencias culturales y religiosas, de lo contrario se originan conflictos y se va por la ruta del choque de civilizaciones, mientras algunos seguimos el camino de la alianza de las mismas.
Se debe entender que el problema no es el auténtico Islam, que tiene preceptos de concordia, sino el fundamentalismo islámico que mata y secuestra a periodistas, que lo alientan rabiosos y anacrónicos clérigos que propugnan la guerra santa, mientras ofrecen el paraíso a los terroristas suicidas.
Franklin Barriga López
Proteger a Nicaragua
Por los comentarios que hacen varios colaboradores en este espacio de opinión pública, tengo la percepción que finalmente nos estamos despertando y sintiendo la urgencia de proteger a nuestra Nicaragua, de la posible catástrofe ideológica de la que puede ser víctima en las próximas elecciones nacionales. Ya en estos momentos nuestra Costa Atlántica está siendo víctima de componendas y contubernios de individuos que sólo piensan en sus estómagos.
Ahora siento la urgencia de invitar a que, los ciudadanos que nos consideramos amantes de nuestro país y de su población, no perdamos el tiempo en discusiones y deliberaciones que no llevan a una meta única y patriota, la cual exige sacrificios. Usemos nuestra capacidad de raciocinio para pensar en grande y con una actitud positiva y productiva. Lo que da vueltas y más vueltas solamente a nuestros intereses personales ¡Ojo! quiere decir que no estamos pensando en nuestro país y, recordemos, “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.
Annabelle Sánchez Duarte
¿Pueblo torpe?
No me cabe la menor duda de que los políticos de Nicaragua (salvo contadas excepciones) están convencidos que los nicaragüenses somos torpes. Afirmo esto basándome principalmente en dos hechos recientes. Primero, el cambio de bancada de un diputado a principios de año, que luego informaron se trataba de una estrategia de contrainteligencia para conocer los planes de la bancada infiltrada.
Segundo, la “magnífica” solución al problema del transporte, de que el Gobierno no subsidie y que el usuario no pague una tarifa más alta, entonces que sean las petroleras quienes asuman el impuesto Marenco. ¿Qué clase de tontos creen los políticos que somos? ¿De dónde va a salir el dinero que les exigirán a las petroleras para subsidiar? Obviamente del bolsillo de los conductores particulares, quienes hacemos malabares para cubrir el alto costo del combustible.
Lo peor de todo, no es el impuesto mismo (sin pretender restarle nocividad a tal medida); sino el hecho de que con sus acciones nos gritan en la cara que somos retrasados mentales, se ríen pensando que no entendemos el mensaje y todavía les queda la satisfacción de creer que en las próximas elecciones premiaremos sus “gracias” con nuestro voto.
Ya es hora de que nos despertemos del letargo en que hemos estado sumergidos y con la frente en alto digamos: ¡Basta de huelgas, de asonadas, de chantajes! esgrimiendo la pobreza del más pobre! ¿Por qué no permitir el servicio diferenciado y la liberalización del transporte? Sencillamente porque no les conviene perder una de sus principales herramientas de desestabilización.
Está en nuestras manos. De nosotros depende demostrar si somos o no somos lo que los políticos suponen. ¿Les damos la razón o les demostramos con nuestro voto que están totalmente equivocados? Demostremos inteligencia, no votemos en cascada por los ungidos de uno u otro bando, votemos guiados por nuestra inteligencia, votemos por las personas, no por los partidos, votemos por quien a nuestro juicio haría progresar este país. De nosotros depende.
Hugo Beltrán
Necesidad de democracia
Ahora que empieza a calentar la política en las escogencias de los candidatos en las primarias, si es que llegan a hacerlas, hago un llamado a mi pueblo para que no le demos la espalda a la democracia en el proceso electoral que enfrentaremos en noviembre de este año. Democracia incipiente que recuperamos en el noventa tras una dictadura de once años, profundamente corrupta, que se caracterizó por sus crímenes contra los derechos humanos.
El problema es que en esta democracia tan reciente, tan frágil, tan imperfecta, el sistema por sí mismo no nos defiende bastante. Una mala elección, una equivocación de los partidos y del electorado podrá llevar al poder a alguien que podría fácilmente y en un plazo muy corto erosionar profundamente las instituciones — que ya están bastante deterioradas— y hacer que la democracia se desplome desde adentro.
Hay todavía sectores amplios de población que no quieren tener un gobierno democrático y que prefieren tener un caudillo. Si queremos la democracia habrá que lucrar por ella. Y esa batalla es de ideas y participación muy resuelta. Es una elección fundamental para no retroceder otra vez a la barbarie del autoritarismo, de la corrupción estatal y de la demagogia presidencial. Es muy fácil destruir la democracia y muy difícil construirla.
Necesitamos un gobierno transparente que respete la división de los poderes y donde haya un Estado de Derecho apegado a las leyes y la Constitución. Es muy importante tener en cuenta que no sólo votaremos por el presidente sino también por el Poder Legislativo que es la llave para las reformas y las leyes. Tengamos en cuenta que “sólo una cosa mantiene pequeña a una nación, el pleito constante y la guerra civil” y que “Lo que hace grande a las naciones son las clases de hombres que el país produce”.
Emma Lugo Downing