En letra pequeña

Fabián [email protected]

ABUSOS

Tenía entendido que, según la nueva ley, los bancos no pueden cargarle cobros a un cristiano que use sus tarjetas de crédito por servicios que aquel no haya solicitado. Sin embargo, esta semana me llegó una carta del Banco Uno, firmada por la señora Amalia Barrios, en la que muy alegremente me comunican el inicio de los cobros por un seguro que yo no he autorizado, mucho menos solicitado. Si eso de cargar un cobro y hacer que el afectado se tome la molestia de tener que llamar para revertirlo me parece un abuso solemne, ¿qué nombre deberíamos ponerle a que Banco Uno en su PBX 2558000 ha eliminado la posibilidad de que una “persona” escuche el reclamo y ha dejado sólo computadoras que pueden resolverme cualquier gestión, menos revertir alguno de estos cobros con los que nos sentimos estafados?

ASALTO

Antes de la nueva ley de tarjetas de crédito, estos cobros eran demasiado frecuentes. Entonces, tengo que ir a una sucursal bancaria, perder mi tiempo esperando en la fila de “Atención al cliente” para que finalmente la señorita bonita que está detrás del escritorio me diga muy amablemente que lo único que puede hacer es evitar que ese cobro se me siga aplicando, pero que los cobros ya realizados tengo que pagarlos porque “ese servicio ya fue prestado”. “Yo nunca solicité el servicio y nunca lo usé?”, alegaré. “Pero si le hubiese ocurrido algo, durante esos meses estaba protegido por el seguro”, responderá, siempre amablemente. “¿Quiere decir que un día ustedes bien pueden clavarme un seguro contra meteoritos que me caigan en la cabeza y tendré que pagarles porque mientras no hice el reclamo estuve protegido contra esa posibilidad que a ustedes se les ocurrió?” Ella ampliará su sonrisa y dirá lo que ha repetido mil veces: “El sistema sólo me permite revertirle una cuota de las que pagó”. Y yo me iré, con la misma sensación que sentí aquel día que me asaltaron pistola en mano unos malandrines por el sector de Cristo Rey.

ELECCIONES

A como se ven venir las cosas, mejor nos deberíamos ahorrar los casi mil millones que cuestan las elecciones regionales y nacionales y dejemos que sea el Frente Sandinista quien reparta los cargos a su gusto y antojo. Al final, eso es lo que va a suceder, sólo que vamos a hacer el remedo de unas elecciones, donde el Frente decidirá quién vota y quién no, donde el Frente puede declarar a su conveniencia, ilegal o legal, cualquier acto, y donde finalmente el Frente contará los votos. ¿A alguien se le ocurre que el grupo de Daniel Ortega entregará el poder que ha acumulado estos 16 años sólo porque la mayoría de la población así lo quiera? Muchos podrán alegar, que eso ya sucedió una vez. Precisamente, porque ya les sucedió una vez y no tomaron las previsiones necesarias, no existe posibilidad de que ocurra nuevamente. Errar es de humanos, perseverar en el error es de idiotas, dirán.

REMEDIO PROPIO

Y hemos visto a los liberales arnoldistas lloriquear por los rincones, quejándose de lo abusivo que son los sandinistas ahora que controlan las instituciones. Están recibiendo algo de su propia medicina. Eso que ellos viven hoy es apenas una parte de lo que por varios años hemos sentido el resto, cuando liberarles y sandinistas eran socios y hacían juntos las mismas tropelías que hora hace el Frente Sandinista solo.

PERRA VIDA

Leí con mucho interés el reciente libro del periodista Juan Sobalvarro, Perra vida, que relata su experiencia en el Servicio Militar. Me gustó mucho, por los recuerdos que me provocó y porque carece de algún afán heroico. ¡Buena Juan!

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