Carlos Anastasio Santovenia Pérez*[email protected]
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Guías turísticos
Carlos Anastasio Santovenia Pérez*
[email protected]
Un aspecto interesante del turismo es la forma en que se manejan los géneros al referirse a los elementos que facilitan información al turista. Resulta que, la guía es el libro que contiene información sobre un determinado territorio y el guía es la persona que brinda información a los turistas. Más allá de esta curiosidad, lo que nos ocupa es el papel del guía turístico en la calidad de la oferta de un determinado sitio y en la conformación de la imagen del mismo.
No darle al guía turístico la importancia que merece en la conformación de la oferta turística, no prestarle atención a su adecuada preparación y, que por tanto no puedan ejercer su labor con la calidad requerida es uno de los factores que devalúa la posición de un sitio turístico en el mercado.
Mientras que un guía lo que pueda hacer sea solamente decir “esta es la estatua de Montoya”, o leerle a los turistas el panel ubicado a la orilla del sendero, no podremos ser un país competitivo en el campo del turismo. Además, el guía no puede ser tampoco alguien que conoce todo acerca del sitio que explica, pero no sabe quién es el alcalde del pueblo, ni cuántos grados posee la enseñanza primaria del país.
En plena era de la información, precisamente lo que a veces menos damos al turista es lo que éste busca: información amplia y de calidad. Al turista no le interesa saber qué es la estatua de Montoya; le interesa saber quién fue Montoya, qué hizo, por qué le construyeron una estatua y por qué la ubicaron allí. El turista, quiere saber, pero no busca información banal, quiere información significativa.
Lo que hace que un monumento como Teotihuacán vaya más allá de ser un montón de rocas bellamente agrupadas, es conocer quiénes lo construyeron, cómo vivían y, cómo, por qué y para qué lo construyeron.
El turista interesado requiere información, exige información. El que visita la naturaleza quiere conocer la flora y la fauna del ecosistema y cómo funciona éste. Quien visita la ciudad, quiere conocer los monumentos, cómo fueron construidos y caminan en los barrios para ver con sus ojos y comparar con lo que han oído.
Y no se puede alegar que no hay como prepararse, pues el Intur ofrece cursos de capacitación como guías turísticos de los cuales asume una parte considerable del costo. Además, varias universidades también brindan cursos en este campo.
Aquí se pone de manifiesto otro problema, pensamos que improvisando se puede construir hasta una nave espacial. Craso error; los logros en la ciencia, la técnica, el arte, la economía, son resultado del trabajo tesonero y constante, apoyado en una adecuada preparación.
La importancia del guía va más allá, si la enfocamos desde el punto de vista de las concepciones acerca de la imagen de un destino turístico. Según los especialistas, la imagen de un destino posee dos niveles; una imagen orgánica o primaria, relacionada con sus atributos naturales, geográficos, históricos y culturales, que determinan su atractivo; y una imagen inducida o secundaria, que procede del esfuerzo de comunicación de la imagen orgánica.
Esta imagen inducida es la que recibe el turista y, en dependencia de la calidad de la comunicación aplicada así será la experiencia o imagen que el turista tendrá del destino; lo cual incidirá en la posición del destino en el mercado.
En el caso de Nicaragua ocurre que muchos destinos pueden tener una fuerte imagen orgánica gracias a sus atributos naturales o culturales, pero su imagen inducida es pobre o inexistente; lo cual provoca una desvalorización de la imagen orgánica.
Una visita al Cerro Negro puede ser una experiencia maravillosa, aún sin guía; pero será inolvidable si contamos con un buen guía que puede explicar cada uno de los fenómenos que se manifiestan en el volcán y su entorno.
Un guía que no puede responder a las preguntas de los turistas, explica lo que es evidente y por tanto no necesita explicación, o no explica nada; seguro que generará un sentimiento de frustración en los turistas y contribuirá a la descalificación de Nicaragua como destino, a pesar de todos los esfuerzos que hagan las instituciones del turismo por promocionar al país en el exterior.
Guías bien preparados, con conocimiento del país, de la cultura, la economía, la naturaleza; guías cultos en todo el sentido del término, harán de Nicaragua un paraíso apetecido.
* El autor es director de la escuela de Turismo de la UNAN-León.