Magistrados militantes

Eduardo Enríquez

Ver los nombres de los magistra- dos Emmet Lang, del Consejo Supremo Electoral y de Rafael Solís, de la Corte Suprema de Justicia, en un documento del Frente Sandinista, como miembros del equipo coordinador de campaña de ese partido, causó sorpresa, pero no porque hasta ahora se sepa que estos señores trabajan día y noche por los intereses de su partido, sino por la desfachatez a la que se llegó al ponerlos oficialmente como militantes.

Ayer, al verse descubiertos, negaron el vínculo; pero doña Rosario Murillo, quien como Secretaria de Comunicación y Jefa de Campaña de su partido ha adquirido poderes omnímodos como los de su marido —el candidato perpetuo, Daniel Ortega— dentro de esa organización, no puede alegar ignorancia, pues precisamente de eso, de ser miembros activos y representantes del partido, es de lo que se les acusa todos los días a estos señores.

La verdad es que el supuesto “error” de doña Rosario simplemente confirma lo que todo mundo sabe.

Pero lo triste es que nadie —a excepción del Partido Liberal Constitucionalista (PLC)— está pidiendo la destitución de ambos magistrados.

Y digo que es triste porque el PLC lo hace en otro acto de desfachatez política, pues es con los votos de los liberales arnoldistas y por el pacto de Ortega y Arnoldo Alemán, que estos señores han llegado a esos cargos. Además, los magistrados liberales en el Consejo, la Corte y la Contraloría son tan militantes como los sandinistas.

La diferencia es que en el Consejo los sandinistas son mayoría, gracias a que el “representante del Cardenal”, don Roberto Rivas, por alguna razón casi “divina” se ha plegado a los tres sandinistas que los votos liberales ayudaron a elegir.

Con esta situación y con todas las denuncias que hay en el ambiente, además de la experiencia del “ratón loco” y el fraude de Granada en el 2004, ¿cómo podemos tener garantías de que nuestro voto será respetado en noviembre?

Ayer por la mañana un amigo me decía: “Se van a robar las elecciones en nuestras propias narices y nadie reacciona”, y es cierto. Otro me llamó por la tarde, porque quería saber qué podía hacer como ciudadano para cambiar esto, y cuando le contesté: “protestar”, me respondió: “¿Cómo hago eso, querés que me ponga en la calle a gritar como loco?” Me reí para no llorar.

La verdad es que un solo ciudadano no puede hacer mucho, pero si cada día que pasa nos convencemos más de que vamos a un fraude, ¿cómo podemos justificar que todos vayamos tan tranquilos hacia ese despeñadero?

Aquí hay una sola verdad. Ese Consejo Supremo Electoral está compuesto por siete magistrados, todos militantes. Tres liberales y cuatro sandinistas. En noviembre pasado el 51 por ciento de los nicaragüenses tenía poca o ninguna confianza en ese Consejo. Hoy la desconfianza debe ser mucho mayor.

¿Por qué tenemos que ir a unas elecciones organizadas por magistrados militantes, en quienes no confiamos? ¿por qué no se inicia un verdadero movimiento de presión para que se cambie ese Consejo? El planteamiento debe ser sencillo, que la gente salga a decir: “Con esos magistrados no hay elecciones”. ¿Don Herty? ¿don Eduardo? ¿qué dicen?

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