Lo racional y lo humano en el hombre

Armando Lau Gutiérrez

En vista de que estamos inmersos y condicionados en nuestra forma de vida, a través de creencias, dogmas y tradiciones, es que la gran mayoría de personas no admiten diferencia entre el hombre racional y el hombre como ser humano. El hombre racional es dirigido por el pensamiento psicológico, creador del “Yo” personal, alimentado por la conciencia, cuyo contenido y experiencia se vive, con esperanza, con placer, con temor, con codicia, con envidia, con sufrimiento; factores con lo que se fabrica: lo social, lo económico, lo político y lo religioso. El ser humano es la cima superior y permanente que el hombre tiene que alcanzar a través de su diligencia evolutiva; la cual es, enfrentarse a la realidad factual, en donde sólo tiene cabida lo intemporal-espiritual, dentro de los términos: inteligencia, amor, felicidad, piedad, compasión.

El principio de vida está en uno mismo, lo han manifestado: filósofos, espiritualistas y esotéricos. El comprender las estructuras fisiológicas y psicológicas de la persona, no está en organizaciones jerárquicas idealistas con sus doctrinas dogmáticas esclavizantes, cortando la libertad de pensar por sí mismo. El alma no se jerarquiza. La fe sola no se ajustará jamás a la verdad tangible, ya lo decía el filósofo y teólogo Santo Tomás de Aquino que, la fe se necesitaba complementarse con la razón pura para llegar a la compresión de la vida. La razón acoplada con la reflexión y el discernimiento, actúa realmente como alimento de la intuición. Y, por ende, la meditación que es inteligencia y amor. Sin ello se perdería toda posibilidad de apegarse a la realidad, mucho menos ajustarse a la verdad.

Según el filósofo y esotérico Jiddu Jrishnamurti, el mismo hombre forma su vida ilusoria a través del pensamiento psicológico, creador del “Yo” personal. Por medio de la memoria centraliza todo el movimiento personalista para su supervivencia. La buena relación nace de uno mismo de la reflexión y del análisis, luego se extiende a la sociedad, y a la naturaleza. Si se pudiera comprender a profundidad la relación con sentimiento natural, que es la verdadera religión, no mecanizaríamos la mente con dogmas y creencias, estancándola de su verdadera misión. El que busca la realidad, Dios… lo que persigue son sus ideales, y sus ideales es una proyección de él mismo. No podemos encasillar a Dios, el Gran Hacedor de todas las cosas en nuestro pensamiento psicológico. Dios el inconmensurable llega a uno sin que se le invite: es cuando la mente y el corazón están libres de las cosas del pensamiento psicológico. Esto es, cuando el “YO” personal desaparece de la escena, prevaleciendo la inteligencia y el amor.

La inteligencia no es patrimonio de nadie, es energía creadora universal; no tiene forma de pensar, ella necesita el instrumento o herramienta para fluir su energía creadora. Siendo el cerebro quien fabrica el raciocinio, es el llamado a servir de instrumento a tan importante misión: y su percepción dependerá de su sano estado físico y capacidad.

Animal-hombre-ser humano. El hombre por sus características y actuaciones, algunas veces procedemos similar a un animal. Pero, no es, ni puede ser un animal, porque su cerebro está dotado de raciocinio. Cuando el hombre se comporta como un animal, de ipso facto, se llena de energía su pensamiento personal egocéntrico, y dentro de su siquismo se activa un interruptor biológico que le indica que él es un ser humano en potencia. Nos convertimos en verdaderos seres humanos cuando nos liberamos de las cosas del pensamiento egoísta y egocentrista.

El autor es teósofo

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