Jorge J. Cuadra V.
El triunfo de Evo Morales en Bolivia no sólo ha representado un triunfo para su condición de indígena explotado y rechazado, sino que ha conmocionado la fauna política que actualmente nos desgobierna, a tal punto que nos sirvió a los nicaragüenses la vergüenza de tener un nuevo y sorprendente precandidato presidencial, en la persona del diputado Enrique Quiñónez Tuckler, para quien el haber llegado a diputado por el PLC era ya de por sí una verdadera hazaña dada su poca preparación parlamentaria y su abundante capacidad de incultura y grosería.
Pero si le seguimos las huellas al pacto arnoldista-danielista, cuya meta es la liberación total y definitiva del ex presidente acusado de corrupción y de lavado de dinero, Arnoldo Alemán Lacayo, la precandidatura del diputado Quiñónez es la última cuota de entrega de parte del PLC para con el FSLN, porque el precio final es la Presidencia de la República y no hay peor candidato del PLC para que el FSLN, con Daniel a la cabeza, se alce con el triunfo y se adueñe totalmente del destino de los seis millones de nicaragüenses, gran parte de los cuales abandonarían de nuevo el suelo patrio en busca de paz y de orden, que el candidato Quiñónez Tuckler.
Pero la historia no perdona y ésta dirá que por encima de las barbaridades que pudo haber cometido y pueda cometer Daniel Ortega Saavedra desde la Presidencia de la República, está la barbarie de lesa humanidad cometida por Arnoldo Alemán Lacayo, al haber permitido con su candidato devaluado el triunfo del FSLN, todo por no querer pagar la deuda que tiene con la nación por haber malversado sus fondos económicos y contra todos los nicaragüenses por traidor, ya que creyeron en la democracia y votaron por él en su oportunidad.
Queda la incertidumbre del apoyo de la Embajada de Estados Unidos, que nos guste o no nos guste, es un elemento importante a la hora de decidir a quién va a elegir este pobre pueblo abrumado no sólo por la pobreza y la ignorancia, sino por los vaivenes irresponsables de esta política sucia e inmoral que no le deja espacio a la menor posibilidad de desarrollo y de libertad a este país que hoy más que nunca tiene el peligro de jamás llegar a ser la república soñada por el inmortal e incansable luchador y héroe de mil batallas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Hoy Nicaragua empieza a vivir una nueva etapa de atraso y desvergüenza con la precandidatura de este diputado, que lo que menos quiere es la victoria de la democracia, sino que se presta para la derrota de la misma, porque si fue rechazado unánimemente para la presidencia de la Asamblea Nacional, cómo no lo va a ser para la primera magistratura de la nación.
Pero existe una salida para derrotar esa inmoral estrategia derrotista y es el voto por una tercera candidatura, la cual día a día se va materializando en las luchas de eficientes y patriotas candidatos que están resueltos a salvar la dignidad nacional y el destino de miles de nicaragüenses que merecemos mejor suerte. Ojo con ese voto, que es el voto de la esperanza.
El autor es ingeniero.