Juan Cambra
Cuando pensamos que nada de lo que sucede en Nicaragua puede sorprendernos, los capos políticos criollos agrupados en el pacto antinicaragüense nos convencen de lo contrario. El más grotesco episodio en la historia de la Asamblea Nacional lo protagonizó un diputado sandinista al pasarse a la bancada liberal y regresar a la sandinista en menos de 24 horas.
Ese debe haber sido el cambio político instantáneo más rápido de la historia mundial, pero demuestra que en las luchas por los carnosos huesos los políticos sin pudor son más feroces que el perro rotwailer que mató en Costa Rica a un indefenso nica.
No me sorprendería que los diputados y otros políticos anden en su maletita una camisa roja y otra rosado chicha más alguna camiseta verde, por si las moscas. Deberían darse cuenta que en Nicaragua la palabra diputado se ha rebajado a la categoría de insulto. Estos malos hijos de la Patria la única vez que hablan con la verdad es cuando se acusan y se ofenden mutuamente, etc. Son una vergüenza nacional y muestran a Nicaragua ante el mundo como un país además de paupérrimo dominado por una mafiocracia.
Los ciudadanos honrados deben movilizarse para deshacerse de este cáncer en las próximas elecciones y en medio de la danza de siglas políticas clarificarse que existan dos alternativas: votar por el pacto antinicaragüense y seguir siendo gobernados por pandilleros en camionetonas, o votar por una alternativa moderna y democrática que facilite la entrada a Nicaragua al siglo XXI.