Dominados por la cleptocracia

Ernesto J. Marín

Difícilmente pasa un día o semana que los medios de comunicación no publiquen un nuevo affaire, con denuncias y evidencias que dan mucho de que hablar, comentar, leer o ver en la TV sobre los interminables escándalos, irregularidades, sobornos, faltantes, auditorías, fraudes que a diario salen a la luz pública sobre hechos ocurridos en los ministerios, entidades autónomas u otras instituciones que conforman el gobierno nacional.

Antes de continuar, es bueno recordar el significado de la voz griega en la palabra cleptocracia o corrupción organizada del robo de los bienes al Estado, y su derivado, cleptomanía o trastorno que impulsa a determinadas personas a robar, los llamados cleptómanos. Todas estas aclaraciones giran alrededor de un estrato de gente de un voraz apetito de apropiarse de lo ajeno. Muy característico de individuos amorales e inmorales, unos por ser indiferentes a la moralidad (“da lo mismo” o “qué me importa”) y los otros porque son contrarios a los principios de la moral.

Hace dos decenios cuando estuvimos gobernados por una misma familia durante casi medio siglo nos horrorizábamos y comentábamos sotto voce, en voz baja, y a manera de crítica los robos del círculo kaky que detentaba al poder, que si nos permitimos compararlo con los grandes atracos de la actualidad, dejaríamos en ridículo los deslices de antaño, como pequeñas “desviaciones” de un régimen de los lampiños principiantes a la par de la corruptela que ahora sufrimos en carne propia.

Los favorecidos en el régimen de la década sandinista y de los siguientes períodos han tenido el muy estudiado cuidado de expatriar sus millones hacia los bancos Gran Caimán, Bahamas, Costa Rica, Panamá y Suiza dejando en el país casi ningún patrimonio visible al pensar en un supuesto futuro sean víctimas de la misma medicina que ellos practicaron con las famosas intervenciones y expropiaciones.

Últimamente el sistema judicial ha sido pasto de intrigas y de señalamientos por las acusaciones contra determinados magistrados sandinistas donde sus groseros comportamientos no fueron de la aceptación de los ciudadanos.

Analicemos con serenidad cuáles son los aspectos que más han incidido en la opinión pública:

1) Un magistrado que ordena a un banco la entrega de más de medio millón de narcodólares, pertenecientes CSJ.

2) Denuncia de desperfectos y sobre valoración, por varios millones de dólares, de la carretera a El Guasaule.

3) La famosa carretera a Granada, reducida de tres a dos carriles por cada vía, eliminación de un paso a desnivel al llegar a Ticuantepe por una pequeña rotonda, con el ánimo de ahorrar, pero conservando el millonario presupuesto original.

4) Dragado en Corinto, la licitación se le adjudica a una compañía belga más cara, y no a una holandesa más barata en millones de dólares que nos hubiéramos ahorrado, más el obsequio al puerto de la máquina dragadora.

5) Sobreseimiento a los honorables hermanos acusados de quebrar y sustraer millones de dólares en préstamos a un conocido banco de Managua.

6) Sobreseimiento al ex Director de Ingresos acusado de usar los fondos de ayuda del huracán Mitch en provecho propio.

Como sentirnos los nicaragüenses con semejantes novedades día a día porque deseamos salir del estrato de los mendigos o pobres de solemnidad, haciendo despilfarros inaceptables, después extender las manos limosneras a las instituciones que nos ayudan, a las que llegamos entonando la misma sinfonía para permanecer siempre, como eterno material de un largo bostezo.

El autor es diplomático nicaragüense.

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