Eventos en la Asamblea Nacional

Damaris Cortés Pereira

En Nicaragua, país de las sorpresas, los últimos acontecimientos de la Asamblea Nacional dieron al traste con el principio casi trillado de “la clase hegemónica” que se manifiesta en diferentes puntos o a través de diferentes fracciones de la sociedad y que en el presente caso corresponde al punto político-partidario, donde se espera que los partidos más fuertes impongan su voluntad en situaciones cuyos resultados ponen en evidencia quién maneja la política nacional o quién es el dueño del poder político.

El dicho “no hay enemigo chiquito”, calza muy bien en el escenario que los señores diputados armaron y regalaron al pueblo nicaragüense como una ofrenda de Año Nuevo, donde la obra teatral desarrollada en diferentes actos alteró los términos lógicos de la fórmula matemática-partido, cuando las bancaditas se encargaron de poner el cascabel al gato y una y otra vez se vinieron abajo las diferentes alternativas estratégicas de composición de la Junta Directiva para el último período. El poder político realmente lo ostentaban las bancaditas, hecho que precisa, que exige una explicación lógica a este fenómeno.

Junto a las dos grandes fuerzas políticas, FSLN y PLC, se alzaron pequeñas fuerzas que rompieron el orden de dominio y se constituyeron en una especie de semáforos que no permitían el paso de las fracciones mayoritarias. Los diferentes hechos, detrás de bambalinas y que abiertamente rodearon al acto central, de por sí, constituyen los elementos de juicio que han dado lugar a una serie de hipótesis que tratan de explicar no solamente la elección de la junta directiva en el primer poder del Estado, sino que también, todo el proceso de las próximas elecciones generales en Nicaragua y han puesto en entredicho la invariabilidad del ejercicio del poder político.

La participación abierta del Ejecutivo, en la composición de una Junta Directiva de carácter representativo, con su consiguiente esfuerzo en la formación de un polo de fuerza constituido por una bancada fuerte y una bancadita, viene a legitimar el dominio de la clase política y dentro de ésta, establece líneas coordinadas con determinadas fracciones políticas (FSLN y ALN-PC).

En Nicaragua el espacio de lo político-estatal es “mutable”, sus límites no están trazados para siempre, están sujetos al cambio de forma y fondo, por lo tanto, “no es invariante”. La ideología es variante y se acomoda a las circunstancias, habiendo quedado demostrado que ésta no consiste solamente o simplemente en un sistema de ideas o representaciones: concierne también a una serie de prácticas materiales, entre las que destacan las prácticas políticas.

La lucha de la clase política tiene sus particularidades en Nicaragua, que van desde la abierta confrontación, hasta la encubierta a través del ropaje de las alianzas o pactos permanentes y transitorios.

Los partidos políticos realizan alianzas que están divorciadas de sus propias ideologías y que obedecen a intereses individuales o de grupo, mas que a un interés de nación.

Aparentemente el pueblo nicaragüense ha actuado en todo este evento eleccionario como “un público pasivo”, sin embargo, esta posición va a revertirse en su actuación de ente activo en las próximas elecciones generales y tendrán mucho peso, todas las anotaciones efectuadas en su libreta-memoria, tanto de los acontecimientos últimos producidos en la Asamblea Nacional, como en los anteriores y venideros.

La autora es economista y socióloga.

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