Ideología inhumana y perversa

Hortensia Rivas Zeledón

El comunismo se fundamenta en el materialismo, una corriente filosófica que niega la existencia de Dios y sostiene que es la materia el origen de todas las cosas y que además es increada e infinita. En el totalitarismo, en la dictadura de la cúpula que ellos denominan dictadura del proletariado y en la represión del Estado sobre los gobernados, a través de los órganos de espionaje y represión como fue la KGB en Rusia, la Stasi en Alemania, la DGSE en Nicaragua y es el G2 en Cuba que Fidel Castro utiliza cada vez que quiere reprimir o mandar a matar a quien él cree que es peligroso o traidor, como hizo Stalin, que por medio de purgas asesinó a millones de personas entre las que estaban hasta muchos de sus más allegados.

En el comunismo, que en Nicaragua lo propugna el sandinismo, no existen las libertades civiles ni los derechos individuales y nadie tiene derecho de disentir ni expresar su opinión. Pero ese sistema perverso e inhumano que aplasta al individuo es antinatural y ahistórico y está condenado a desaparecer.

Los comunistas sostienen que la materia y el comunismo son eternos, pero la verdad es que nada ni nadie es eterno, solamente Dios, principio y fin de todas las cosas, creador del Universo, de la vida y de todo lo que existe, mucho menos que lo sean los regímenes totalitarios que aunque repriman y aterroricen no logran matar el alma, la esperanza y la fe en Dios; por el contrario, aumentan los anhelos de libertad. Por eso y porque proverbialmente Dios juntó en el tiempo y en el espacio a Su Santidad Juan Pablo II —quien sufrió por mucho tiempo la persecución del comunismo a la Iglesia Católica en Polonia—, al ex presidente de Estados Unidos, señor Ronald Reagan (a quien los nicaragüenses le debemos su contribución al logro de la democracia en 1990), y a Mijail Gorbachov, quien conocía los sufrimientos de su pueblo y por eso en 1986 impulsó la Perestroika (reestructuración) y la Glasnot (transparencia); gracias a los esfuerzos de esos tres elegidos en noviembre de 1989 se derrumbó el muro de Berlín y con él el totalitarismo en Alemania, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Yugoslavia, Rumania y Albania y en febrero de 1990 en Nicaragua.

Con la caída estrepitosa de esos regímenes comunistas desapareció el campo socialista y muchas organizaciones izquierdistas dejaron de recibir el dinero que ellos le enviaban, pero ni cortos ni perezosos se incrustaron en organismos internacionales, además crearon miles de ONG que les sirven de modus vivendi y también para sabotear a los nuevos gobiernos con demandas socioeconómicas que ellos negaron a los trabajadores cuando estuvieron en el poder y que son muy difíciles de cumplir; porque al mismo tiempo aniquilaban a las personas destrozaban también a las economías de los países, las que terminaron de arruinar con los voraces saqueos que sin ningún pudor perpetraron cuando perdieron el poder y se adueñaron de cuanta propiedad, empresa industrial, comercial o agrícola tuvieron a su alcance.

El FSLN pretende ahora engañar con promesas incumplibles a la población que empobreció. Algunos practican la política del gato pardo, que hacen como que cambian para no cambiar nada y hasta rezan y comulgan en público, pero esto lo hacen porque ignoran que a Dios no se engaña y que sólo Él puede escudriñar lo que hay en la mente y el corazón de cada quien.

Pero los nicaragüenses tienen la decisión en sus manos y el 5 de noviembre deberán escoger entre el régimen perverso de terror y miseria del pasado comunista o la libertad y el progreso de la democracia.

La autora es directiva del Partido Conservador

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