Para países desarrollados y subdesarrollados

Damaris Cortés Pereira

Argentina constituye en Latinoamérica “un caso” que es necesario estudiar, por la potencial influencia que a corto plazo tienen los eventos económicos que en dicho país acaecen actualmente; y los de años recientes (los que en el fondo guardan cierta relación y cuyo factor común, alrededor del cual giran las tomas de decisiones, es sin lugar a dudas el endeudamiento), tanto en el resto de la región como en la política económica exterior de los países desarrollados. Y también en las reacciones o tratamientos de los organismos financieros internacionales de intervención o no intervención, ante hechos o resultados con incidencia más allá de los linderos nacionales y que directa o indirectamente sean causa de un desequilibrio en la movilidad de capitales y las expectativas sobre las consiguientes rentabilidades, dentro de un mundo globalizado financieramente y en el que las relaciones económicas internacionales son de medular importancia.

Hoy, el mundo está pendiente de la trascendente estratégica decisión de Argentina del pago de su deuda con el Fondo Monetario Internacional, hecho con efectos cuali-cuantitativos que a la vez que ordenan el mercado y/o la economía nacional argentina, en el tiempo incidirá sobre las relaciones económicas internacionales.

Ayer, en el 2001, constituyó noticia de primera plana en el orden económico la crisis argentina asociada con el anclaje del peso con el dólar, donde la rigidez del tipo de cambio que se derivó del mismo, si bien es cierto le proporcionó beneficios también le trajo pérdidas.

Efectuemos un recorrido reflexivo por las derivaciones previas y futuras que la decisión de pago de la deuda externa con el FMI han producido y producirán a corto y mediano plazo: A) Desconocimiento de compromisos con una serie de inversionistas extranjeros, saliendo afectadas compañías de Estados Unidos y de España: en este respecto, repasemos el comportamiento que tuvieron Corea del Sur y Taiwán, dos de los cuatro pequeños dragones asiáticos (el gran dragón es China), respecto a la Inversión Directa Extranjera (IDE). Cuando en la década de los sesenta los cuatro dragones (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur) comenzaron a incentivar la IDE, ya muy entrados los años sesenta empezaron a abrir sus economías a las inversiones foráneas. Al efectuar la transición hacia la industrialización exportadora, estos países controlaron estrechamente la llegada de compañías extranjeras. En Corea el gobierno optó por recurrir a otras formas de capital extranjero distintas de la IDE, como los préstamos bancarios y los créditos comerciales internacionales. Esa preferencia por una financiación extranjera distinta de la inversión patrimonial obedeció a la voluntad gubernamental de controlar la distribución de los fondos mediante el sistema bancario público, de limitar lo más posible la dependencia productiva y de garantizar la seguridad nacional y la supervivencia económica. En Taiwán, el peso relativo de la IDE ha sido mayor (una quinta parte del capital extranjero, desde los años sesenta), pero la inversión se financió en gran parte con ahorro interior y se desarrollaron muchos acuerdos de subcontratación entre empresas extranjeras y locales.

La decisión de estos dos países asiáticos respecto a la inversión extranjera, encerraba un alto riesgo. Sin embargo, tuvo sus frutos positivos, tal como pudo observarse en los años ochenta, cuando su expansión resistió muy bien, la desaceleración del crecimiento de actividad y del comercio mundiales.

Quizás en el presente caso de Argentina, pudo haberse negociado con las compañías (inversionistas extranjeros) que salieron afectadas, logrando una salida más equitativa, y si no fue posible llegar a acuerdos satisfactorios, estamos ante un costo de oportunidad (sacrificio) en las relaciones económicas internacionales, que exigen los cambios que se persiguen en el crecimiento y el comercio internacional.

B) A la par del deseo y reconocimiento del mantenimiento de un superávit fiscal, el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, obligó a que los tenedores de la deuda del país asumieran un enorme descuento en el pago de los bonos. Esta decisión habla por sí sola y constituye el complemento de beneficios que, vía ahorro, se lograrán por el cese de pagos que trae consigo la cancelación de la deuda externa . C) Posible aplicación de políticas correspondientes a un nuevo modelo controlador de precios y contratos: indudablemente que el pago al Fondo Monetario Internacional constituirá para Argentina una mayor capacidad en los cambios y utilización de los instrumentos de política económica, para producir un efecto económico determinado.

La autora es economista y socióloga.

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