Magistrados

Josué Antonio Manzanares Obregón Al conocer por medio de LA PRENSA los acontecimientos que se desarrollan en la Corte Suprema de Justicia, espero que oportunamente los analistas acoyapinos, bajo la magistral conducción del doctor León Núñez, produzcan una historieta que al menos nos distraiga un poco en medio de tantos escándalos políticos, económicos, sociales. Claro […]

Josué Antonio Manzanares Obregón

Al conocer por medio de LA PRENSA los acontecimientos que se desarrollan en la Corte Suprema de Justicia, espero que oportunamente los analistas acoyapinos, bajo la magistral conducción del doctor León Núñez, produzcan una historieta que al menos nos distraiga un poco en medio de tantos escándalos políticos, económicos, sociales.

Claro que no son para extrañarnos los últimos sucesos. Al respecto un funcionario del Tribunal de Apelaciones de Juigalpa me aclaró que en días pasados fue nombrado un magistrado con cero experiencia judicial y como litigante; trabajó en el sistema bancario de los ochenta y los resultados fueron nefastos; asumió la parte legal de una cooperativa y fue un fracaso. Se montó en el carro del PLC, resultó ser alcalde y en poco tiempo alcanzó celebridad por sus gestiones antidemocráticas, excluyente, prepotente. Lo peor fue el despilfarro de los recursos de la municipalidad y los escándalos personales. Le restó al PLC cientos de votos en las elecciones del 2000, pero no abandonó la dirección del partido el que ha manejado al gusto y antojo, lo que le permitió imponer a uno de sus hijos en la Vicealcaldía. Al otro, sin llenar los requisitos de ley, lo puso de Juez Local.

La cúpula del PLC llegó a tener conocimiento que este notable líder político pretendía ser candidato a diputado, pero al existir otros intereses de mayor fidelidad para el caudillo mayor, el pacto lo nombró nada más y nada menos que magistrado del Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción Central, con sede en Juigalpa, Chontales. Entonces por qué extrañarse del comportamiento de los magistrados de la Corte Suprema, si al fin y al cabo ello responden a sus caudillos, quienes los ponen o los quitan dependiendo de sus sagrados intereses. Con estos currículos en Nicaragua cualquiera es magistrado.

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