A favor del centrismo

Pablo Antonio Cuadra Bendaña

En El Nuevo Diario del sábado 26 del mes pasado, Ricardo Coronel trata de anular el valor político del centrismo diciendo con una hermosa retórica: Existen tres dimensiones espaciales que están visibles por todo nuestro alrededor. Arriba/abajo, izquierda/derecha, adelante/atrás. Añádase el tiempo y obtenemos las cuatro dimensiones en que vivimos. De tal manera que el centro no existe, no es nada, es igual a cero.

No logra ver Ricardo que entre cada una de las parejas de esas dimensiones está el centro agazapado, latente. Si el centro es cero, tanto la derecha como la izquierda desaparecen, porque están al norte o sur de la nada o sea en ninguna parte, es convertirse en nada, porque contrario a lo que Coronel afirma, en matemáticas el cero es real, tan real que contagia, porque colocado a la derecha hace crecer y a la izquierda hace decrecer y si multiplicamos por él, desaparece al otro término.

En política y en cualquier otro campo las ideologías sufren de una rara enfermedad, porque con un ojo sólo ven sus propias cualidades y los defectos de los contrarios y el otro ojo, que es bizco, no puede ver ni sus propios defectos, ni las cualidades del contrario. Es precisamente el centro el único que ha mostrado la capacidad de análisis y de síntesis, para poder tomar las cualidades de la derecha y las de la izquierda y suprimir los defectos de ambos y sobre todo, es sólo el centro el que se puede abrir para recibir personas de ambos extremos sin hacerlos sentir ciudadanos de segunda. Es desde el centro que se podrá construir un proyecto de nación que nos permita trabajar en paz para hacer desaparecer la miseria.

Parece que Ricardo cae irremediablemente en contradicción porque declara con convicción y certidumbre que el centrismo no es nada, no sirve para nada porque implica certidumbre.

Dice que el centro estorba, que no deja avanzar, pero la historia nos dice que es la izquierda la que ha estorbado, la que nos ha hecho retroceder, la que no deja gobernar, la que provoca disturbios aunque con ello perjudique a los pobres.

Se dice que la política es la ciencia de lo posible, pero es la historia la que nos enseña lo que podemos hacer, en la misma forma que cuando solicitamos un empleo se nos pide una carta de recomendación, porque se supone que a como he sido en el pasado, seré en el futuro, la historia es nuestra carta de recomendación como pueblo. Si deseamos mejorar, debemos tener conciencia de que sólo lo lograremos con esfuerzo, preparación y paciencia.

Los pueblos normalmente se rebelan contra los abusos de los gobernantes y con su acción pueden resolver su problema a corto plazo, eso fue lo que el pueblo intentó en 1978/1979 pero el Frente Sandinista, tomándose atribuciones que no se le habían dado, trató de convertir la revuelta en revolución y las revoluciones no pelean contra los abusos, sino contra los usos; y los usos, las costumbres, no es algo que se puede cambiar a corto plazo. Por eso la revolución fracasó, quiso cambiar nuestras creencias, nuestras convicciones, por ideas importadas y extrañas a nuestra idiosincrasia, trataron de suprimir a Dios, trataron de suprimir la propiedad privada, la libertad de expresión, la libertad de pensamiento, trataron de suprimir al individuo y crear borregos para llenar las plazas.

Pero las convicciones, los usos, las costumbres sólo se pueden cambiar a muy largo plazo, es por evolución que las revoluciones se cristalizan en realidad, a veces hasta siglos después, por ello me pregunto que si vale la pena morir por alguna causa que nace fallida, no será preferible que el nicaragüense se pregunte si vale la pena vivir.

Las revoluciones son como las carreras de maratón, si pretendemos llevar más velocidad que la soportamos no llegaremos a la meta y los muertos fueron en vano.

Contra el pasado no se puede pelear falsificándolo, sino asimilándolo. Al respecto nos dice Goethe: La herencia de tus padres conquístala para poseerla, porque el hombre es el único animal que además de sucesor es heredero. Y esa herencia no siempre es positiva, recordemos que somos historia y en ella debemos encontrar las cualidades para perfeccionarlas y los defectos para corregirlos, yo creo que eso sólo se puede hacer desde el centro. Es el centro la pequeña luz esperanzadora que estamos viendo en el túnel de las encuestas y creo que esa luz es lo que verdaderamente estorba a los que son adoradores del status quo.

El autor es empresario

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