Los dilemas de la educación de la sexualidad

Juan Bosco Cuadra*[email protected]

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Los dilemas de la educación de la sexualidad


Juan Bosco Cuadra*
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Ante la reciente noticia del señor Ministro de Educación, Cultura y Deportes, el ingeniero Miguel Ángel García, de “sacar del closet” el Manual del afecto y la sexualidad, publicado por el Fondo de las Naciones Unidas de la Población (FNUAP) y dicho ministerio en el año 2003, el cual fue explícitamente prohibido por el Presidente de la República, don Enrique Bolaños Geyer, quiero exponer a continuación algunas opiniones al respecto.

En primer lugar, la educación de la sexualidad es un tema muy polémico, por lo difícil que es ponernos de acuerdo todos los nicaragüenses que nos preocupamos por la educación integral de nuestra niñez y adolescencia.

En segundo lugar, el Manual del afecto y la sexualidad estuvo dirigido específicamente a los educadores y no a la niñez y a la adolescencia propiamente dichas. Y, por último, el engavetamiento de dicho manual se debió a la gran prudencia que tuvo el Presidente de la República, en no permitir la introducción de ciertas ideologías de evidente reputación inmoral, como eran los temas de género, el homosexualismo y el lesbianismo, entre otras que podrían entrar a través de estas “informaciones”, que, dicho sea de paso, eran bastantes aclaratorias en lo que respecta a la sexualidad humana.

Conocí de pies a cabeza dicho manual ya que estuve presidiendo la comisión de correctores, pues era, en esa ocasión, asesor del Ministro de Educación, Cultura y Deportes, el doctor Silvio De Franco.

Los conocimientos que se vierten en el mismo son, en general, positivos, pero, su estilo es frío y de poco sabor su lectura. Este dictamen fue casi unánime por todas las partes que contribuyeron a su realización.

Después de mucho tiempo de estudios llegué a la conclusión que la educación de la sexualidad presenta los siguientes dilemas:

1. Consignar la educación de la sexualidad como una materia o asignatura del pensum curricular, no es sólo antipedagógico, sino también contraproducente. Si dicen que es de capital importancia que el pueblo esté bien “informado” al respecto, en la “educación formal” la mera información no necesariamente es “formativa”. Puede llegar a ser todo lo contrario; “deformativa”.

Es la clásica diferencia entre la información y el conocimiento. El conocimiento, por otro lado, presenta la siguiente dificultad: no debe ni puede ser solamente “teórico”, ya que lo que se procura en la labor docente, es influir en las actitudes y conductas de los niños y adolescentes. Por esto mismo, si toda esa información no va saturada de valores y principios éticos, la información puede degenerar en morbo, curiosidad malsana a temprana edad, hipocresía o indiferencia a los temas de abstinencia o de prevención de enfermedades y embarazos no deseados por medio de usos de anticonceptivos.

2. El tema de la enseñanza también es un verdadero problema. Transmitir unos conocimientos meramente teóricos, como por ejemplo las matemáticas, no implica el compromiso y el testimonio de vida más que de una forma indirecta. Los que quieran enseñar esta asignatura, a saber, de la sexualidad, deberán tener ciertas cualidades especiales para no enseñar con la palabra y, a la vez, destruir con el ejemplo.

3. Una temática tan difícil como es el de la sexualidad, además de no poder ser solamente tratada de una forma “académica” tal como lo hemos expuesto con anterioridad, debe ser subsumida por una materia o ciencia más elevada, como es la ética, para poder enfocar la atención del educando hacia el tema de los valores y virtudes humanas tanto desde el punto de vista intelectual, como moral y espiritual. En otras palabras, la educación de la sexualidad debe estar incluida en el pensum de esta asignatura y no como asignatura como muchos pretenden.

La razón es muy sencilla: si es verdad que somos seres sexuados por naturaleza, también es verdad que somos personas pensantes, morales, sociales, culturales y espirituales. Nuestros hijos (as) deben crecer en todas estas direcciones a la vez dándole prioridad a lo más alto de nuestra dignidad como personas. Lamentablemente los enfoques que actualmente se están dando a este manual van más por la vía de lo meramente informativo que formativo.

4. La educación de la sexualidad es un deber en este contexto moral, pero debe ir precedido y guiado por los valores más fundamentales del ser humano. Se puede enseñar sexualidad pero usando métodos adecuados y estilos atractivos para el lector. En otras palabras, la única salida que veo para la educación de la sexualidad es no hacer tanto énfasis en ella y educar y encauzar las energías de nuestra juventud en pos de prácticas sencillas como el deporte, el estudio, la vida cultural y otras “distracciones” que pueden favorecer y fortalecer el desarrollo de la personalidad de nuestros estudiantes.

Y concluyo esta reflexión con una frase de Austin Fagothey en su libro Ética: “Toda la educación de la sexualidad adquiere su verdadero sentido solamente cuando la abordamos desde el valor supremo del matrimonio”.

Y finalmente quedaría a discusión si debe ser el Estado o las escuelas privadas las que deben de encargarse de tamaña empresa.

* El autor es filósofo nicaragüense

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