Los mitos, la desesperanza y la lucha por el futuro

Winston Wallace*[email protected]

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Los mitos, la desesperanza y la lucha por el futuro


Winston Wallace*
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En su erudito comentario sobre los mitos, la desesperanza y la lucha por el presente, el doctor Alejandro Serrano Caldera, después de exponer lo dicho sobre el tema por los señores Camus, Comte-Sponville y Pascal, nos deja llenos del sentido de la fatalidad y de la resignación. Comte-Sponville dice que la resignación es la renuncia a todo, a la libertad de soñar, de creer y, en fin, al derecho de tener esperanzas, por lo que el escrito del doctor Serrano nos deja asidos desesperadamente al día de hoy, sin poder —y aun peor, no se debe— esperar nada del futuro, quedando así convertidos en personas sin futuro y sin pasado. Esto se desprende de la parte concluyente del comentario del doctor Serrano, donde nos dice que de la lectura de los mitos de Ícaro y Sísifo, se puede concluir que, alejada de la resignación, “surge también una voluntad determinada de vivir a plenitud la realidad tal como es, sin hipotecarla a un futuro impreciso que, como los horizontes marinos se alejan del viajero cada vez que este se aproxima a ellos”.

Tal conclusión nos deja varados en el hoy, y de ya, convertidos en seres unidimensionales, sin derecho a la ilusión, sin derecho a la esperanza. Esta conclusión, a mi entender, es equivocada pues hay otra solución al enigma, solución que el mismo doctor Serrano menciona de pasada cuando dice: el “debate entre la conciencia del existir y la imposibilidad del ser, entre el mundo que es y el que quisiéramos que fuese […] es el origen y la esencia del arte por el que nos damos el mundo que la realidad nos niega”.

Algunos han afirmado que en la historia de la novela (entiéndase la fantasía, el invento, la vida sin las limitaciones espaciales, corporales y temporales) se encuentra la historia verdadera del hombre, pues en ella se refleja mejor la historia del alma (entendiéndose como alma la parte humana de donde surge la ilusión y la esperanza, la curiosidad y el invento, la ingeniosidad y el genio).

La resignación derrotista y el vivir la vida exprimiendo lo que se pueda de cada día sólo lleva al agotamiento, a la angustia y finalmente a la parálisis, a la stasis; la resignación es stasis. La ilusión, la esperanza en cambio es acción, es la dinámica del cambio, es la búsqueda incesante del mas allá. Y aquí entra el factor arte, si no hay más allá, el arte lo suplirá inventándolo mil veces y de mil maneras. Con el arte nos daremos no sólo el mundo que nos niega la realidad, sino también el cielo y el infierno, la dicha y la desdicha, el amor y el odio. En este contexto la guerra es arte y la paz lo es aún más.

Examinemos nuevamente el mito de Sísifo y las palabras finales de Camus donde nos deja a un Sísifo resignado y, según Camus, feliz “al pie de la montaña”, pues Sísifo ha aceptado subir su piedra una y otra vez hasta el final de los tiempos ya que, continúa Camus: “El esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”.

Y pregunto, bajo esas terribles circunstancias: ¿cómo podemos imaginar a un Sísifo dichoso? ¿No habrá otra solución a su eternidad? Es aquí donde interviene la esperanza y donde el arte ejerce su magia. Imaginemos a Sísifo, no dichoso, sino lleno de la esperanza de encontrar otro camino: al pie de la montaña está ahora Sísifo el artista, el soñador, frente a su piedra, pero lleno de la esperanza, anhelo de cambiar las cosas y reescribamos este final: “Finalmente Sísifo encontró en el arte la inspiración para realizar su tarea con el corazón pleno de dicha y esperanza, y con la mente ocupada en la creación de una obra de arte como ninguna que el mundo o los dioses hubiesen visto jamás. Así en vez de subir su piedra en línea recta que como siempre lo había hecho, comenzó la subida en espirales, en curvas, en zigzagzigzagzigzagzigzags y en mil figuras que veía en su mente, hasta que al fin de tanto recorrer los trazos del enorme dibujo que había creado en su agitado cerebro, caló la montaña con surcos entrecavados y enlazados hasta que toda la montaña quedó convertida en la más bella, delicada e impresionante escultura jamás hecha. Los dioses al verla se conmovieron tanto ante su belleza que algunos vertieron lágrimas. Conscientes de que Sísifo había terminado su obra y que el seguir rodando piedras sobre ella sólo destruiría lo hecho, le llamaron y le dijeron: Sísifo, has realizado tu castigo no con amargura y resentimiento, y sin resignarte como un buey a llevar la carga eternamente, sino que has usado tu ingenio para cincelar esta obra de tanta belleza, que acostumbrados a ésta como dioses, nos has impresionado. No debes seguir subiendo la roca, pues destruirías tu obra. Sísifo: quedas perdonado y puedes descansar. Esta obra permanecerá como símbolo de lo que puede la fantasía y la esperanza. Ahora sí podemos imaginarnos a Sísifo dichoso.

Somos muchos los que preferimos un puñado de ilusiones a una carretada de certezas y si para llevarlas a cabo hay que inventar, pues inventaremos, para eso está el arte, para satisfacer nuestras esperanzas, para mejorar nuestra realidad, para inventar nuestro futuro, y si es preciso, para inventarnos nuestro cielo.

* El autor es Ingeniero.

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