Marco A. Mayorga L.
Desde hace tiempo con atención escucho que los nicas son envidiosos. Lo dicen nacionales y extranjeros. Nos reímos y contamos el chiste de que las langostas nicas se distinguen porque en el estanque, cuando una trata de dirigirse hacia arriba las otras la jalan para evitar que ascienda.
Me dicen y experimento en una rueda o pláticas de personas, al hablar del éxito de otro, que alguien lo deslegitima, asegura que no es como lo pintan, ratifica que se debe a razones diferentes de su esfuerzo, rebusca la parte negativa y finalmente no puede ocultar la molestia o envidia que tiene del éxito de otros. En el trabajo diario observo que cuando alguien se destaca y comienza a ascender, los mismos compañeros de trabajo se ocupan de hacerle fracasar.
La envidia también alcanza la política. Persiste la cultura negativa de hacer fracasar, a cualquier precio, la gestión del otro. Descalificar cualquier esfuerzo o intento del contrario. Sin explicación razonable se colocan en contra de alguna idea, plan o acción nacional o regional: si no está informado, si no es parte o si no lo involucran; y reaccionan para hacerla fracasar.
La envidia parece darse en todos los niveles educativos, económicos y sociales. Desde las pequeñas acciones de otros hasta la envidia en general por la persona. Ignoro si es resultado de nuestra idiosincrasia, si proviene de costumbres, o es reciente. La envidia es más notable en la parte económica, pues parece que los éxitos culturales, heroicos y tal vez los deportivos, se libran de este mal.
La envidia es un obstáculo al progreso. No hay que permitir que ese pensamiento afecte nuestra imagen, pues parece avanzar a niveles de peligrosidad. Incluso se conversa que Nicaragua aún permanece estancada en la pobreza por la falta de acuerdo, pues no se permite o acepta nada que hace el otro; y esto en gran parte también es envidia. Millones de dinero se han donado y el círculo parece continuar. De esta manera el país se construye y se destruye permanentemente.
También compruebo y me dicen que al contrario, existen personas que saben apreciar y reconocer el éxito de otros; lo participan ante los demás de manera positiva. Reconocen que a mayor número de personas con éxito, Nicaragua progresa más. Coinciden todas estas personas en reconocer que para multiplicar las personas con éxito, es indispensable un ambiente propicio y que todos deben ser parte de ese esfuerzo.
Aprecio a miles de nicaragüenses que a consecuencia de su esfuerzo cotidiano en los estudios, en el trabajo; adoptando una actitud de excelencia, construyen su futuro con mejores posibilidades de éxito. El éxito no solamente se mide con dinero, es el tener la cualidad de adoptar una actitud ante los fracasos.
Es necesario estimular una nueva corriente de pensamiento, rescatar a aquellos que hoy están desanimados, critican o padecen de envidia; para que se unan con energía al ambiente positivo que constituye alegrarse del éxito de los demás.
El autor es segundo Vicepresidente de Amcham