Los políticos, no la política

Hugo Ramón García

La frase de que “la política es sucia porque viene del engaño”, le atañe más bien a los “políticos” porque avalan la corrupción y le rinden culto a la mentira y el engaño, aprovechándose de la ignorancia en que se halla sumida la población.

El filósofo griego Aristóteles decía, refiriéndose a la política, “que es mejor estar gobernados por leyes óptimas que por hombres óptimos, pues las leyes no son corruptibles, ni están sujetas a pasiones, pero los hombres sí. La ley es inteligencia sin pasiones. Las leyes no han de aspirar simplemente a garantizar los derechos de cada uno, sino a hacer mejores a los ciudadanos”. Esta percepción positiva de la política proviene del estudio concienzudo que este filósofo ha hecho con respecto a ésta.

La política no es la culpable de la injusticia de los “políticos”; éstos tienen a disposición sus propios pareceres para hacer lo que mejor se les ocurre, y cuentan además con tribuna abierta para pronunciar sus demagógicos y aburridos discursos, que no salen del mismo tono ante la convocatoria de los “dóciles oyentes” que se aprestan a llenar las plazas a cambio de una dádiva vergonzosa, y la consabida promesa de ser mañana “recompensados”, aunque ese mañana nunca llega en materia de “cumplimiento”, porque “la bandera del político” es la mentira, y el engaño, y al momento de distribuir los cargos públicos que le son compatibles, única y expresamente se los destinan a sus “incondicionales”; a los que manejan el chisme a flor de labios; a los que practican el servilismo.

Así cuando los políticos llegan al poder reparten cargas a los “amigos cariñosos”. El político para “justificar” el otorgamiento de un puesto público, alega que el “favorecido” es un excelente “activista político”, subestimando a otras que sí han trabajado por su partido, y que tienen las capacidades necesarias para el cargo. Pero como estas personas no reúnen las “condiciones atractivas” a los ojos de quien distribuye los cargos, no se les toma en cuenta en la escogencia de ese vital derecho al trabajo.

Al “dirigente político” de estos tiempos no le interesa en absoluto la capacidad, sino que su particular objetivo lo finca en el hecho de que el interesado, o la interesada en un cargo determinado se someta “dócilmente” a los dictados del “que todo lo puede”, ya que de lo contrario se vuelve difícil el logro de una ocupación en el Estado. Los “políticos” siempre han tenido esa particularidad de proteger y favorecer a quien mejor le conviene, sin tomar en cuenta las verdaderas aptitudes de los candidatos al cargo.

Terminadas las jornadas electorales se “olvidan” de quienes los apoyaron para venir a beneficiar donde no deben hacerlo. El mismo Aristóteles sostiene en su filosofía “que la política es una ciencia”, pero desafortunadamente los “políticos” en su mediocridad la desarrollan para alcanzar otros fines ligados a la corrupción, que es la teoría insensata de los que no creen, ni piensan en el valor humano que encierra la honestidad personal.

El autor es periodista de Somoto.

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