¿Quién pone el orden en la construcción?

César Martínez [email protected]

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¿Quién pone el orden en la construcción?


César Martínez Castillo
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Bastaría con hacer un rápido recorrido por los diferentes sectores de nuestra ciudad capital para comprobar que se está construyendo desordenadamente. Son pocos los proyectos grandes, pero sí muchos los medianos y pequeños, la mayoría de estos son inversiones privadas. Hablamos de edificaciones de uso comercial, oficinas o servicios, las que en algunos casos tienen hasta tres plantas o pisos, construidas con estructuras metálicas, concreto reforzado, mampostería y panelería liviana.

Gran parte de estas construcciones no cuenta con planos constructivos completos, firmados por un arquitecto, ni con un supervisor de obras autorizado. En algunos casos existen planos pero estos son ya obsoletos, pues la obra sufrió cambios en la marcha, los que no son reportados ni al diseñador de la misma, ni a la Alcaldía Municipal. Y la supervisión de la obra brilla por su ausencia.

Y es que una economía mal entendida e irresponsable hace que los dueños de estas obras piensen sólo que se están ahorrando mucho dinero, al evitar la contratación de un profesional responsable y autorizado por las instituciones correspondientes, tanto para el diseño y planos constructivos, como para la debida supervisión de los trabajos de construcción.

La negligencia e inoperancia de la Alcaldía Municipal y del Ministerio de Construcción y Transporte (MTI) es notoria en la falta de cumplimiento de las leyes y reglamentos de construcción vigentes. Pareciera que a estos sólo les interesa que los inversionistas paguen los impuestos de ley correspondientes.

Aparentemente la Alcaldía de Managua no cuenta con el personal y el transporte necesario para ejercer una constante vigilancia y control de las obras de construcción en toda la ciudad capital. Y el MTI se limita a llevar un registro de firmas o empresas dedicadas a la industria de la construcción, a las que le extiende una licencia de operación, previo pago de los aranceles correspondientes.

Con algunas variantes, según el tipo y magnitud del proyecto, la ley manda que toda obra de construcción, sea esta una edificación nueva, remodelación o ampliación de una existente, para su ejecución, debe tener un permiso de construcción extendido por la Alcaldía Municipal. Este permiso incluye el cumplimiento de las leyes y reglamentos del Desarrollo Urbano vigente, la aprobación técnica de los planos constructivos y el pago de los impuestos de ley correspondientes.

Los planos constructivos deben ser elaborados por un arquitecto registrado y autorizado por el Ministerio de Construcción y Transporte (MTI). Por su parte la construcción de la obra debería ser realizada por una empresa o persona responsable, con la capacidad y experiencia necesaria, además de estar debidamente registrada y autorizada por las instituciones correspondientes.

En nuestra ciudad capital pareciera que no existe un Plan Regulador del Desarrollo Urbano. Aquí y allá se construye de todo. Los centros comerciales, las policlínicas (mini hospitales) y los centros recreativos se construyen sin ningún control en áreas habitacionales por toda la ciudad, invadiendo retiros y derechos de vía y sin las áreas de estacionamiento adecuadas. Esta situación, lógicamente, está ocasionando serios problemas de contaminación ambiental y congestionamiento vial, lo que se traduce en enfermedades y accidentes en los vecindarios donde están ubicados.

El Mercado Oriental y sus alrededores es el más traumático ejemplo del caos en que se encuentra el Desarrollo Urbano de la ciudad de Managua. Este monstruo de mil cabezas no sólo se está tragando la ciudad, la circulación vial Este-Oeste, en ese sector, está casi paralizada y sus complejos laberintos de construcciones encadenadas están haciendo desaparecer muchas de las calles originales de la misma.

El Mercado Oriental parece una ciudad aparte, una ciudad sin ley, donde impera el desorden. Construcciones de todo tipo y uso se mezclan, dejando apenas estrechos pasillos de circulación peatonal. En un amplio sector de este sólo se puede circular caminando. Grandes edificaciones de hasta tres pisos, utilizan ciento por ciento el área de sus terrenos, irrespetando además retiros, derechos de vía y las mínimas normas de seguridad y prevención. Es fácil predecir lo que pasara ahí a la hora de otro terremoto o de un gran incendio. Seguramente la historia se repetirá igual que en diciembre de 1972, con mayor cantidad de muertos y daños que lamentar.

Todavía quedan algunas edificaciones dañadas por el pasado terremoto, las que seguramente terminarán por caerse, y el viejo centro histórico de nuestra capital sigue esperando su reconstrucción, como fríos testigos de aquella gran tragedia.

¿Será necesario otro terremoto para que las autoridades correspondientes pongan el orden en el desarrollo urbano de nuestra ciudad capital?

El autor es arquitecto consultor, miembro de ANIA.

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