Ricardo Sánchez Calero
Los pactos como popularmente se le ha llamado a los acuerdos firmados entre las personalidades políticas de un determinado momento en la historia nicaragüense, han representado una estrategia benéfica para lograr determinados propósitos personales y partidarios. A pesar de ser anunciados como la panacea para lograr estabilidad político-social y poder crear un contexto óptimo para el desarrollo económico del país.
En 1998, el entonces Presidente la República, doctor Arnoldo Alemán y su oposición política representada en el comandante Daniel Ortega anuncian ante el pueblo que se están llevando a cabo acuerdos entre ambos bandos, los cuales son necesarios y urgentes para lograr la estabilidad, gobernabilidad y un cambio conveniente para el país.
Los logros alcanzados en ese pacto benefician únicamente a los partidos políticos y sus dirigentes, los grandes favorecidos son el doctor Alemán, al cual se le asigna un escaño en la Asamblea Nacional al momento de abandonar la Presidencia de la República, el comandante Ortega, al disminuir el porcentaje de votos necesarios para ganar en la primera vuelta, apostando a mantener el voto cautivo sandinista que representa casi el 35 por ciento del universo del electoral.
Los pactistas logran transformaciones en la Contraloría General de la República con un cuerpo consultivo colegiado, en el Poder Electoral se eliminan las asociaciones de suscripción popular y se elevan los requisitos electorales de participación en una elección. Los poderes electorales, judiciales y la Contraloría se los reparten con igual cantidad de representantes obedientes a los intereses partidarios.
En el año 2003 se vislumbra en el acontecer político nacional un nuevo pacto vendido a la ciudadanía como necesario para la gobernabilidad del país y su desarrollo a través de la creación de fuentes de empleo, los pactistas de turno: el Presidente de la República, ingeniero Enrique Bolaños y el líder del Frente Sandinista, comandante Daniel Ortega.
Con los acuerdos alcanzados, una vez más con intereses partidarios y logros personales, el ingeniero Bolaños logra encarcelar al doctor Alemán, trata de vender la imagen de honradez en su Gobierno y la oportunidad del liderazgo de la fuerza política más grande del país. El comandante Ortega negocia una imagen de reconciliador de la nación y preocupado por el desarrollo del país al condenar tajantemente los actos de corrupción de la Administración pasada, siendo el logro más importante para el Frente Sandinista la fortaleza de su representatividad en el Poder Judicial, de donde manejará a su conveniencia el destino jurídico de los políticos opositores vinculados a actos en contra del erario.
En la actualidad se vive un nuevo repacto entre el Presidente de la República, ingeniero Enrique Bolaños, y el Secretario del Frente Sandinista, comandante Daniel Ortega, otra vez en nombre de la estabilidad, gobernabilidad y desarrollo de Nicaragua.
Con la actual posición planteada por el Gobierno de los Estados Unidos a través del subsecretario de Estado, el comandante Ortega busca ser candidato presidencial por parte del Frente Sandinista sin injerencismo de la Embajada norteamericana sobre el Poder Electoral y trata de presentarse ante los nicaragüenses como un candidato reconciliador de la nación en momentos de crisis política, social y económica.
El ingeniero Bolaños busca cómo se elimine el proceso judicial de los delitos electorales que involucra a sus funcionarios, logra la ratificación del DR-Cafta, y con la Ley Marco pospone la implementación de las reformas constitucionales que le quitan cuotas de poder a la Presidencia de la República. Este acuerdo le permitirá terminar su mandato sin la presencia de otra crisis política creada por sus adversarios.
Es fácil comprender que los acuerdos políticos manipulados de “necesarios para el desarrollo, gobernabilidad y estabilidad de Nicaragua” han obedecido únicamente a los intereses particulares y personales de sus actores y su conveniencia partidaria y que un interés nacional en beneficio de las mayorías (en lo particular o en conjunto) nunca ha sido motivo de una encerrona y menos de un pacto entre políticos.
El autor es administrador de empresas.