Nuestra educación democrática

Alfredo González Holmann*[email protected]

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Nuestra educación democrática


Alfredo González Holmann*
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Recientes escritos en la sección de Opinión de LA PRENSA coinciden de que nuestra caótica situación económica y social es debido a nuestra peculiar manera de ser. Tan peculiar, que somos especialistas en echarle la culpa a otros de nuestro subdesarrollo e incapaces de imitar a los mejores por no observar, investigar o reconocer que existen mejores que nosotros.

En el año 2000 el orador principal de la ceremonia de graduación de mi hijo en la universidad de Purdue mencionó: “El bienestar social y desarrollo económico que hoy tenemos en Estados Unidos se debe a que como nación hemos sabido implementar, por más de 200 años, las teorías de convivencia social de John Locke acompañado de nuestro arduo trabajo durante todos esos años”. Entre los muchos haberes de la universidad estaban sus inmensas instalaciones y se notaban cuatro aviones jet jumbo de uso de la escuela de aeronáutica de la universidad, suficiente desarrollo y riqueza.

Para los norteamericanos presentes en el auditorio, la frase referida era de lo más común a como en nuestras graduaciones es tradición invocar a Darío. John Locke es para los anglosajones como para los hispanos sus literatos.

Ésta era la segunda vez que oía de Locke (1632-1704) y para mi hijo la primera. Investigué quién era ese personaje y para mi sorpresa me di cuenta que sus aportes a los sistemas de convivencia social son tan notables que se le considera el padre de la democracia. Se dice y lo creo que sin el aporte intelectual de este coloso, el bienestar que hoy ostenta la humanidad, probablemente, no sería el mismo.

Toda mi educación primaria y secundaria la realicé en la escuela La Salle y no me enseñaron las teorías de Locke. Una lástima, y más triste al enterarme que las obras del padre de la democracia fueron prohibidas por la religión católica desde que fueron publicadas en el siglo XVI e incluidas en su famoso Índice de Libros Prohibidos, que estuvo en práctica hasta 1966 y que por el destino coincide con el año que salí graduado de bachiller.

También es lamentable pensar que mis profesores durante su educación probablemente tampoco hayan tenido la oportunidad de conocer los aportes que ese notable personaje hizo a la humanidad por la prohibición citada, oportunidad que la están también perdiendo la generación actual, pues se aprende de los padres, en las escuelas y la democracia hoy no es materia de los pensum académicos nacionales.

Si tomamos como cierto aquello de que no podemos vencer lo que no conocemos, quizás, podamos explicarnos en parte nuestro ya rancio y aterrador desempeño democrático y entendamos a aquéllos que dicen que en Latinoamérica lo que hace falta son personas demócratas. Generacionalmente no hemos tenido educación sólida sobre democracia.

Si los aportes de nuestros intelectuales que casi a diario se ven en los diarios sobre la obra de Darío se hubiesen hecho sobre los aportes de Locke, Hobbes, etc., de quien también prohibieron sus escritos, creería que podríamos haber tenido un mejor discernimiento democrático.

Es imperativo estar consciente de nuestra historia cultural e iniciar la educación en sistemas de convivencia democráticos acompañada de educación de valores como la iniciada por LA PRENSA e incentivar el desarrollo de la imaginación y creatividad productiva para crear el desarrollo que tanto necesitamos.

* El autor es Master en Administración de Empresas.

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