La frase no es mía, se la oí a alguien y me gustó. Se refería a ese afán que ha demostrado la plétora de precandidatos presidenciales del Partido Liberal Constitucionalista de abrazar efusivamente al reo y “líder máximo del liberalismo”, Arnoldo Alemán. El abrazo, claro, no está completo, sin las sonoras palmadas en la espalda y la infaltable foto.
“Para mí estos precandidatos están diciendo, mirá, la corrupción es mi amigo”, comentó la persona.
El abrazo, quiero aclarar y esto sí ya es cosecha mía, no tiene que ser físico. Hay quien, probablemente con más inteligencia que los otros, se limita a darle un abrazo “figurado” a la corrupción, como uno que se sentó un lunes al mediodía a beber whisky con los colaboradores más cercanos del corrupto. De ahí a que lleguen a fundirse en un abrazo sólo faltan las palmadas.
Pero a mí lo que me da más risa son los argumentos que utilizan los precandidatos para justificar su actitud. Hablan de la necesidad de que se unan los sectores democráticos, porque queda por sentado que “todos somos liberales”.
Esos argumentos, en boca de un supuesto estudioso del liberalismo como sería el ex vicepresidente José Rizo desgraciadamente suena hueco.
El ex vicepresidente sabe bien lo que es ser un liberal. Y sabe muy bien que Arnoldo Alemán está muy lejos de serlo. Rizo se defiende muy hábilmente cuando le preguntan si cree que Alemán es culpable de lo que se le acusa, a lo que no podría responder afirmativamente y sin sonrojarse es a la pregunta de que si considera que Alemán es un verdadero liberal.
Pero lo de liberales es del diente al labio, la prueba está en el abrazo mismo, pues demuestra que todos los precandidatos “liberales” del PLC andan buscando la bendición del dedazo del reo —¿podrá haber una actitud más antiliberal que ésa?— para, según ellos, asegurarse el caudal de votos que garantiza el PLC.
Esta lógica a su vez demuestra un desprecio total por el votante, pues presupone que los años de desgobierno de Alemán y el pacto libero-sandinista de estos últimos años no han hecho mella en el votante. Algo que me niego a creer.
Yo creo que el votante nicaragüense no está lejos de ver en este abrazo esa acogida a la corrupción, pero si no es así porque aún hay quien está dispuesto a perdonarle las “raterías” a Alemán, sí verán en el abrazo un acto de oportunismo que no puede crear más que rechazo, así que no piensen los precandidatos que con el abrazo se están garantizando algo.
Es más, hasta el propio Alemán, que los abraza a todos y a todos les levanta la mano en señal de que “éste es mi gallo” los debe ver con desprecio. No olvidemos que el hombre puede ser cualquier cosa, menos estúpido.
Pero aparte de este grupito que probablemente ya no tiene posibilidades de reivindicarse, los que quedan fuera deberían perder de una vez por todas el miedo a lanzarse solos, por su propio nombre, sus propias ideas y propuestas y su propio trabajo, a la conquista del voto del nicaragüense.
Por eso son peligrosas esas propuestas de elecciones primarias que pretenden revolver el sebo con la manteca y que al final obligarían al nicaragüense a votar en contra de… como ha pasado siempre.