LOS NARCOTRAFICANTES CUENTAN CON EQUIPOS MARÍTIMOS que superan los medios para combatirlos. Los botes cuentan con motores de hasta 800 caballos de fuerza. (LA PRENSA/AP)

Narcos cambian aviones por lanchas rápidas

Los narcotraficantes han hecho cambios importantes que les permitan garantizar el éxito de su negocio, para eso han invertido en medios de trasporte más efectivos y han dejado de trasladar la droga por aire para aprovechar las ventajas del mar y las lanchas con motores de hasta 800 caballos de fuerza Por Anadrew SelkyAP ÚLTIMA […]

  • Los narcotraficantes han hecho cambios importantes que les permitan garantizar el éxito de su negocio, para eso han invertido en medios de trasporte más efectivos y han dejado de trasladar la droga por aire para aprovechar las ventajas del mar y las lanchas con motores de hasta 800 caballos de fuerza

Por Anadrew SelkyAP

ÚLTIMA PARTETUMACO, COLOMBIA.- Surcando las aguas grises del Pacífico frente a las costas colombianas, una embarcación de guardacostas se interna en una ensenada cubierta de manglares. Persigue las lanchas rápidas que transportan de dos a tres toneladas de cocaína a toda velocidad rumbo a destinos lejanos.

Misiones como ésta a lo largo de las peligrosas costas del sudoeste de Colombia son vitales para enfrentar el nuevo giro que ha tomado el submundo clandestino del narcotráfico.

Los traficantes de cocaína han cambiado de planes en gran medida y ahora prefieren las rutas marítimas para llevar la droga de contrabando de Colombia a Estados Unidos, según entrevistas con funcionarios y una revisión de informes oficiales efectuada por la Associated Press. Un documento de las Naciones Unidas calcula que el 90 por ciento de la cocaína de contrabando se desplaza ahora por mar a América del Norte.

El medio de transporte preferido son las “go-fasts”, como llaman los mismos traficantes en inglés a las lanchas rápidas. Los delincuentes operan en base a los datos e informaciones proporcionados por sistemas de posicionamiento global, teléfonos satelitales y botes de fibra de vidrio construidos especialmente con 800 caballos de fuerza.

Los traficantes han establecido un sistema de entrega que se expande a lo largo de miles de kilómetros desde los campos de cultivo de coca en Colombia, el mayor productor mundial, a las ciudades de Estados Unidos, el principal consumidor del mundo.

Después que la coca es convertida en cocaína en los laboratorios en las selvas, se transporta a las costas de Centroamérica y el sur de México. La cocaína se esconde allí en tractores de remolque y otros vehículos que la introducen tras la frontera mexico-estadounidense.

Cada vehículo cargado de cocaína es como la proverbial aguja en un pajar para los inspectores aduaneros estadounidenses que enfrentan un tráfico intenso en la frontera de más de 3,000 kilómetros, incluyendo miles de camiones que llevan exportaciones mexicanas a Estados Unidos todos los días.

En el término de un año, las “go-fasts” transportan más de 220 toneladas de cocaína, en su mayoría con destino a Estados Unidos, según informes de la ONU.

Las lanchas aprovechan como plataforma las aisladas costas colombianas del Pacífico y las costas caribeñas más pobladas. Por consiguiente, las incautaciones marítimas de cocaína han aumentado notablemente.

La armada colombiana, que a menudo opera conjuntamente con otras ramas de las Fuerzas Armadas o con otros países, se había incautado más de 90 toneladas métricas hasta mediados de octubre, dijo el almirante Jairo Pena, comandante de la flota del Pacífico. En comparación, durante todo el año pasado la Armada había capturado 72 toneladas, hasta entonces un récord.

El contrabando por medio de las “go-fasts” es tan lucrativo —cada carga vale millones de dólares— que sus tripulaciones suelen hundir las lanchas, provistas con motores fuera de borda por valor al menos de 36,000 dólares, después de llegar a destino y descargar la cocaína, dicen las autoridades colombianas y estadounidenses. Las tripulaciones luego vuelven a Colombia en vuelos comerciales.

Fabricar una “go-fasts” con los motores más modernos, con sistema de posicionamiento global, e invertir el tiempo en el proceso de transporte, resulta relativamente económico para los traficantes, dijo el vicealmirante Guillermo Barrera, jefe de operaciones de la Armada colombiana. Para ellos no es un gran gasto.

La costa del Pacífico en el sudoeste colombiano —que bordea el estado de Nariño, una de las principales regiones productoras de cocaína en Colombia— es un paraíso para los traficantes.

Los agricultores de tierra adentro cosechan las hojas verdes de la coca en plantaciones controladas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (el grupo insurgente FARC) o sus adversarios paramilitares. Las hojas se convierten en pasta de coca y luego se purifican en laboratorios clandestinos para ser transformadas en cocaína, que se conduce a cámaras subterráneas y otros depósitos clandestinos cerca de la costa.

INCAUTACIONES

Las operaciones llevadas a cabo este año dan un indicio de la magnitud del narcotráfico en este rincón aislado de Colombia.

En marzo, la guardacostas se incautó de varias lanchas rápidas e incluso de un diminuto submarino que eran construidos en una fábrica clandestina en la selva.

Dos meses después, la guardacostas se incautó 15 toneladas de cocaína y cinco lanchas en una operación en la desembocadura del río Mira, a 33 kilómetros al sudoeste de Tumaco, la mayor ciudad costera de Nariño.

El 10 de septiembre los rebeldes emboscaron una embarcación en el río Mira, en la que iba una patrulla del gobierno y mataron a tres marinos y a dos funcionarios de la Procuraduría.

Ésta es una región anárquica, se quejó el teniente Santiago Vásquez, de la guardacostas, mientras inspeccionaba la costa: una alfombra de vegetación verde matizada por rocas erosionadas de color arena. Al paso de la lancha patrullera de Vásquez, los pelícanos alzaban vuelo.

Cuando la lancha entró en una ensenada durante una misión reciente, su estela hizo bailar los manglares semisumergidos. Los hombres de Vásquez, armados con fusiles Galil, fabricados por Israel, no vieron más que un denso matorral. Nada de lanchas rápidas.

Más tarde patrullaron la bahía frente a Tumaco —donde la noche anterior dos hombres habían sido asesinados en la calle principal— y divisaron un bote de madera con una carga de barriles de 55 galones.

Las lanchas rápidas consumen mucho combustible. Por lo general llevan dos docenas de barriles plásticos de 55 galones con combustible en su carrera hacia las costas de Centroamérica y México, y aún así a menudo necesitan reabastecerse en alta mar.

Una lancha rápida es un tanque de gas que se usa para transportar cocaína, dijo Barrera a la AP, y agregó que algunas lanchas conciertan citas con barcos pesqueros en el mar a los que transfieren su carga de cocaína. Una luz azul intermitente a lo alto de la lancha patrullera de Vásquez fue activada cuando la patrullera de la Guardacostas se acercó al bote, piloteado por un hombre con pantalones vaqueros, gorra azul y ceño fruncido.

Un agente Guardacostas con chaleco antibalas bajo el salvavidas abordó la embarcación. Los barriles estaban vacíos, pero el hombre carecía documentos de registro. Guardacostas decomisaron el bote y lo estacionó en su base en Tumaco junto con otras dos lanchas rápidas confiscadas y un buque pesquero capturado recientemente con tres toneladas de cocaína a bordo.

“Evidentemente este individuo iba a conseguir combustible para una operación”, dijo Vásquez. “Acabamos de asestar un golpe indirecto al narcotráfico”.

LA CADENA DE COMANDO DEL NARCOTRÁFICO

Las bandas mexicanas del narcotráfico no tienen una estructura fija y sus organigramas consisten en miembros permanentes y operadores independientes, traficantes que pagan a los carteles para trasladar su carga o para usar las rutas que aquellos controlan. Aquí algunas posiciones

PATRONES: tienen una presencia internacional en las principales organizaciones y están involucrados en el tráfico de más de una droga. Controlan buena parte de la producción de las drogas mexicanas y el movimiento de la cocaína colombiana a Estados Unidos.

JEFES DE DIVISIÓN: se especializan en logística y el movimiento de drogas a través de México en su mayoría trabajan en forma independiente. Algunos están a cargo del lavado de dinero para su organización.

GUARDIANES: controlan el transporte de las drogas a Estados Unidos y viven en la zona fronteriza mexico-estadounidense. Controlan el movimiento de los embarques de drogas colombianas y mexicanas que terminan en los centros de distribución en Estados Unidos.

GATILLEROS: encargados de eliminar a los enemigos de un cártel. Son mayormente hombres jóvenes, a menudo reclutados de bandas callejeras o agentes policiales o fronterizos mexicanos.

PASADORES: contrabandean las drogas por tierra en automóvil o a pie, por barco o por avión. Con frecuencia son arrestados y la mayoría encarcelados. Como son fácilmente reemplazables, los arrestos numerosos no tienen mayor impacto sobre las bandas.

CULTIVADORES: son agricultores que cultivan marihuana, amapolas para producir opio y hojas de coca para producir cocaína, que venden al mejor postor entre los carteles o bien exclusivamente para algún grupo determinado.(AP)

BONDADES DE LAS “GO-FASTS”

Las patrullas de las “go-fasts” suelen tener cuatro tripulantes: el piloto-navegante, dos cargadores y un representante de los propietarios de la cocaína que quieren vigilar su inversión, precisó el vicealmirante Guillermo Barrera, jefe de operaciones de la Armada colombiana.

Las lanchas van a toda velocidad —por lo general unos 80 kilómetros por hora en mar en calma— en el trayecto de 1,750 kilómetros de Tumaco a Guatemala para reducir al máximo la probabilidad de ser detectadas.

Pintadas a menudo de azul, las lanchas se confunden en el mar. No tienen ningún elemento superfluo y tienen más aspecto industrial que deportivo. Su perfil reducido les ayuda a evitar la detección del radar. La cocaína se coloca en el casco delantero hueco.

Si un avión de vigilancia detecta una “go-fasts”, los tripulantes apagan los motores para borrar la estela, cubren el compartimiento del piloto con una lona azul y esperan hasta que se aleje el avión o hasta que oscurece, para reanudar luego su viaje.

Los pescadores que operan en el Pacífico cerca de Ocos, Guatemala —un importante punto de embarque de cocaína en la frontera mexicana— cuelgan hileras de bombillos de luz en sus barcos para que las lanchas rápidas no los embistan cuando surcan las olas por la noche.

Los barcos que parten del puerto guatemalteco de San José han hallado flotando en el agua fardos de cocaína, arrojados por contrabandistas asustados. Los residentes locales se refieren a esos hallazgos como sacarse la lotería del mar. Cada fardo contiene al menos 20 kilogramos, que según las autoridades guatemaltecas pueden representar más de 200,000 dólares.

Los traficantes prefieren Ocos porque está en el Pacífico, cerca de la frontera con México, donde el océano da paso a una laguna de agua salada, un lugar aislado ideal para descargar la cocaína con el fin de transportarla tierra adentro. Los traficantes cruzan el río Suchiate que separa México de Guatemala casi sin inconvenientes debido a la escasa presencia policial, según agentes estadounidenses antidrogas en Guatemala.

La cocaína se oculta también en camiones y automóviles para trasponer los cruces fronterizos hacia México: en la provincia de San Marcos en el sudoeste de Guatemala y hasta Huehuetenango en el noroeste. Desde allí, los carteles mexicanos que controlan la distribución en muchas ciudades estadounidenses suelen hacerse cargo.

El 90 por ciento de la cocaína contrabandeada ahora es transportada por mar, generalmente por lanchas rápidas, dijo en su informe más reciente la Oficina de las Naciones Unidas Sobre Drogas y Delitos. Más de tres cuartas partes de las 386 toneladas de cocaína destinadas a América del Norte —en su mayoría de Colombia— pasaron por Centroamérica y México en el 2003, indicó el informe.

En las décadas del ochenta y el noventa, los traficantes dependían mucho de los aviones. Pero los progresos en la vigilancia con radar permitieron detectar los vuelos ilegales. Otra ventaja de las lanchas rápidas es que pueden cargar hasta tres toneladas de cocaína, carga que sólo pueden transportar los aviones más grandes.

Para mejorar la capacidad colombiana de interceptar las lanchas rápidas, Estados Unidos ha entregado a Colombia ocho poderosas lanchas Midnight Express y está preparando otras cuatro para agregar, según la embajada estadounidense en este país.

Estas embarcaciones Midnight Express son más veloces —110 kilómetros por hora— que las lanchas rápidas. La embarcación clandestina más veloz que se ha divisado frente a las costas colombianas estaba impulsada por cuatro motores de 200 caballos de fuerza y registró 93 kilómetros por hora mientras transportaba más de tres toneladas de cocaína.

El presidente hondureño Ricardo Maduro dijo a la AP que también quiere ayudar, por considerar que el tránsito de grandes cantidades de cocaína amenaza a su país.

La cantidad de droga respecto a nuestra capacidad de interdicción y nuestra pobreza es un peligro enorme”, dijo Maduro durante una visita a Nueva York. Porque no sólo manejan una cantidad de dinero enorme, sino también tienen una capacidad de violencia de una organización internacional. Realmente impresionante.

Necesitamos mucha más ayuda. Igual que la aérea, (la interdicción marítima) es muy cara. Necesitamos radares para la identificación inicial, barcos rápidos, helicópteros y capacidad de movilización. No tenemos suficiente y ahí necesitamos cooperación internacional. Falta muchas veces más de lo que actualmente tenemos, indicó.

RUTA DE TRÁNSITO

Las rutas marítimas del narcotráfico han hecho de Centroamérica el mayor punto de tránsito de cocaína en el mundo. El flujo de la droga por Centroamérica aumentó de 50 toneladas en el 2000 a 230 toneladas el año pasado, según la Embajada de Estados Unidos en la capital de Guatemala. Empaquetada en fardos, es una cantidad suficiente como para llenar 17 vagones de tren.

Los escritores de A P Will Weissert en Ocos, Guatemala, y Luis Alonso en Nueva York contribuyeron a este informe.

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