Las intenciones del FMI

Roman, Times, serif»>
Las intenciones del FMI





En más de un sentido, la administración de un país se asemeja a la de una familia. Es un hecho que todos funcionamos con un presupuesto al que debemos ajustarnos aunque no siempre sea posible. Sin embargo, nadie puede permanentemente gastar más de lo que gana, pues, de ser así, los resultados son desastrosos: aumentan las deudas, la capacidad de pagarlas es cada vez menor y el nivel de vida de la familia empeora. En estas condiciones es imposible prosperar a menos que alguien nos ayude.

En los países desarrollados existen los llamados “consejeros financieros”, profesionales expertos en el área de las finanzas que asisten a las familias para salir de las crisis económicas enseñándoles a manejar sus ingresos responsablemente. Las directrices sugeridas por estos asesores financieros son, casi siempre, difíciles de cumplir. Implican sacrificios, cambios de hábito, disciplina, reajuste de las prioridades y supervisión periódica para que se cumpla con las metas acordadas.

Lo mismo ocurre con los países. Y con respecto a ellos el FMI ejerce en el mundo una función similar a la de un asesor financiero. No hay que dejarse confundir por el discurso demagogo de quienes demonizan a este organismo internacional y lo presentan como un dragón devorador de países pobres. La desinformación es el peor enemigo de la democracia y el mejor aliado de quienes oscurecen la verdad porque saben que no les acompaña la razón.

Muchas personas desconocen que el FMI surgió precisamente con el propósito de evitar que se repitieran desastres como la depresión económica de los años veinte en Estados Unidos. El FMI ayuda a los países en crisis a salir de ellas. Asesora a los gobiernos para que establezcan políticas macroeconómicas que fortalezcan el sector financiero y la competitividad en el comercio exterior. Capacita en cuestiones institucionales y de política fiscal, monetaria y cambiaria internacional. Fomenta la creación de un Estado eficiente, moderno y bien informado y ofrece préstamos que permiten a los países en crisis mantener la estabilidad y la confianza, elementos indispensables para que haya inversión extranjera, producción sostenida y más puestos de trabajo.

Desde luego que parecido al caso de las familias, el FMI como asesor financiero de los Estados exige que se sigan directrices que implican sacrificios para toda la población. El aumento del 25 por ciento a la tarifa del servicio de energía eléctrica para quienes consumen más de cierta cantidad de energía, es una medida dura pero realista y necesaria. Aunque los más pobres no serían afectados, los demás aprenderemos a ser más responsables con la administración de los servicios públicos, que buena falta nos hace. Puesto que el FMI representa a los países que arriesgan su dinero con los préstamos y donaciones a países necesitados y dependientes como Nicaragua, es el más interesado en que un país salga de su crisis y su economía se vuelva estable. Pero el FMI no tiene como meta el empobrecimiento de los países miembros sino todo lo contrario. Su intención es que disminuya la pobreza, que las economías crezcan y que los gobiernos aprendan a ser transparentes y eficientes.

Quienes realmente contribuyen al aumento de la pobreza son los que roban de las arcas del Estado e impiden la construcción de más escuelas y hospitales y la creación de programas de ayuda a los sectores vulnerables. ¿Cuántas obras de progreso se dejaron de hacer en Nicaragua porque un ex presidente se llevó más de cien millones de dólares? Quienes realmente contribuyen al estancamiento económico y a la pobreza son los funcionarios públicos que se recetan megasalarios que no corresponden a nuestra realidad. ¿Para qué necesitamos casi cien diputados en el país más pobre de Centroamérica? ¿Para qué 16 magistrados en la Corte Suprema? ¿Cuánto nos cuesta el ejército de burócratas que sirve a ese exceso de diputados y magistrados? El FMI enfatiza la necesidad de ajustarnos a nuestra realidad y de usar bien lo poco que tenemos. Los demagogos populistas se rasgan las vestiduras y dicen que esto es una violación a la soberanía; que el FMI no debe venir a decirnos qué hacer con nuestro dinero, pero lo que se pretende con este discurso es lanzar una cortina de humo para que siga la fiesta y con ella el despilfarro y el subdesarrollo.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí