Universidades de Nicaragua, fuentes de subdesarrollo

Cornelio Hopmann

Le corresponde a la universidad ser la fuente de ideas y conceptos para el desarrollo tecnológico y económico, científico y cultural de un país. Cuando esta fuente se seca, como en el caso de Nicaragua, el país pierde no sólo las luces de bengala que iluminan en la noche el mañana de los futuros posibles sino la juventud —el futuro mismo— pierde su orientación. En lugar de ser insignia de la esperanza, las universidades en Nicaragua se han convertido en una carga para la sociedad en lo general como para los padres de familia y para el erario en lo particular.

Encabezadas por las universidades del CNU alimentadas por el erario, también las demás les siguen al paso, convirtiendo la universidad en fuente de empleo o al menos de ingresos adicionales para autoridades y docentes, reproduciendo así como parásitos el subdesarrollo del país, pero exigiendo vorazmente cada día más recursos. Se ofrece como carreras aquéllas que se puedan vender más fácilmente a menor costo con promesas vacías de generar profesionales de éxito cuando de hecho se producen desempleados y emigrantes.

Nunca en la historia del país las universidades gozaron de tanta libertad, tantos privilegios y de tantos recursos como ahora, sea por contribuciones del Estado y de la cooperación externa, sea cobrando a los padres de familia y a los propios estudiantes, a tal grado que hoy la educación superior en su conjunto se come cerca del 40 por ciento de lo gastado en educación en el país —entre plata pública y privada— atendiendo a menos que el 3 por ciento de los educandos y sin tener impacto visible alguno en el desarrollo del país.

La culpa por el fracaso es de la propia universidad, no de los políticos. Comenzando con planes de estudio copiados y obsoletos, las formas de organización del estudio no permiten tiempos de reflexión o de lectura extensa, de proyectos de curso ni hablar, dándole prioridad a clases de conferencia como la forma más económica pero a la vez menos eficiente de aprendizaje. Muchísimos docentes se limitan en su clase a reproducir un libro de texto, sin jamás haber validado su contenido en la práctica ni mucho menos haberle hecho un análisis comparativo crítico, cuando hoy en tiempos de Internet hay acceso como nunca antes a los tesoros del saber del mundo. Este profesor mata a la curiosidad juvenil, temeroso de que un estudiante vivo le encuentre “fuera de base”.

Hay reglamentos que permiten “comprarse” el título por medio de cursos o examinas de graduación —ganancia económica neta para la universidad, pérdida neta para el país— en lugar de exigir una tesis o al menos un proyecto final como comprobación de la calidad profesional. Al faltarle a la universidad misma las componentes investigación y extensión como parte integral de su quehacer, las ferias y jornadas científicas estudiantiles tiende a tener carácter de show para y por los estudiantes en lugar de ser puntos de contacto entre universidad entera y su ambiente.

Culpables son al fin muchas de las personas figurando como rectores, decanos y directores y los reglamentos correspondientes de nombramiento, selección o elección, que permiten el figurero político por quienes ocupan la posición sin tener ni el tiempo ni la voluntad para llenarla con responsabilidad o tienen el tiempo pero nunca en su vida han publicado si fuera solamente un ensayo o han realizado un solo proyecto de envergadura, después de cumplir con los requisitos elementales para obtener su respectivo título.

La universidad y el actuar de sus autoridades de hoy le sirven —mal o bien— como marco orientador a la próxima generación líder del país. Antes de un crear una nueva costosa burocracia de acreditación en base de criterios formales, urge un riguroso examen público en cuanto a los resultados de las universidades, sea de las contribuciones palpables y visibles al desarrollo del país sea de calidad y pertenencia de sus egresados. Sin este examen y una reforma subsiguiente profunda mucho más allá de planes y organigramas, el país irá del mal al peor, reproduciéndose desde arriba las mismitas causas del subdesarrollo.

El autor es docente universitario

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí