Magdalena Úbeda de Rodríguez
El escrito aparecido el domingo 16 de octubre en la página de Opinión de LA PRENSA, del arquitecto Edwin Mauricio Mejía Baltodano titulado Los lienzos de don Juan Fuchs y los frescos de don Rodrigo Peñalba, merece respuestas por las interrogantes con que lo inicia el autor y reconocimiento por los ponderados comentarios y juiciosa crítica que contiene.
La dirección del Instituto de Cultura debe responder así: Hubo ciertamente un problema de arte, composición e instalación cuando en 1947, el maestro Peñalba pintó el fresco descubierto por casualidad en este año, al bajarse el lienzo de Fuchs que lo cubría para ser restaurado éste, dañado por la filtración de agua proveniente del techo que presenta fisuras. Bendita humedad que permitió descolgar el Fuchs que ocultaba el Peñalba.
Existía el problema de propiedad histórica versus patrimonio nacional, ya superado. El señor cura párroco de la Basílica de San Sebastián de Diriamba, presbítero Gustavo Zúñiga —quien, según periodistas, defendía el valor histórico del lienzo religioso— ha ofrecido a esta institución cultural sin mayor esfuerzo, permitir que el fresco de Peñalba quede descubierto, siempre y cuando nos comprometamos y así fue, a buscar un lugar apropiado en los muros del templo para colocar el cuadro histórico-religioso de Fuchs. No creo que haya existido enfrentamiento de capital extranjero contra nacional. Según artesanos muy mayores, que participaron en la colocación de las pinturas con secuencia de Fuchs, y que elaboraron los marcos, tapar los frescos fue una decisión no eclesial, sino social. “Fue a los ricos, a quienes no les gustaron los murales —dicen— y los mandaron a tapar”, palabras textuales de un anciano ebanista consultado por nosotros y traído asimismo al templo para que nos indicara la posible localización de los otros frescos que se dice existen. Incompetencia estatal en el pasado ignoro si existiera. En la actualidad el INC una vez conocida la existencia de esos frescos se ha posesionado del caso, ha buscado financiamiento para la restauración no sólo del fresco descubierto, también de otro posible hallazgo.
Disponemos de algún fondo a nivel estatal, siempre insuficiente. Sin embargo, confiando en los aportes de la empresa privada para cultura, hemos prometido al sacerdote Gustavo Zúñiga afrontar los gastos de búsqueda de los frescos que pudieran existir, los que según noticias, fueron dos y otro sólo bosquejado. La inversión se aumenta porque hay que impermeabilizar las fisuras del techo, sin lo cual la restauración de la pintura no es aconsejable a juicio de peritos. Los trabajos se iniciarán el verano próximo, en enero de 2006.
La ilustrada opinión de la pintora Luvy Rappaccioli nos parece muy considerable y acertada. En 1947 la sociedad nicaragüense no estaba preparada para aceptar los cambios dramáticos de la pintura, absorbidos por Peñalba en Italia y traídos a este fin de mundo. El maestro Peñalba fue en la plástica un renovador implacable, comprendido únicamente por los jóvenes alumnos, al principio. Así ha ocurrido siempre, en todas partes, en todos los tiempos. En las letras el Vanguardismo entró a la fuerza no sólo en Nicaragua, no se entendía a García Lorca en España. Aquí, por la pertinacia de “los muchachos de Vanguardia”, José Coronel, Luis Alberto Cabrales, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos y quienes los siguieron, continuaron y abrieron senderos no transitados antes, sólo así pudo el movimiento imponerse y prosperar.
Lo mismo le pasó a la escuela barroca, letras y arquitectura en el siglo XVII. Crímenes son del tiempo.
Imaginemos el escándalo de religiosos y beatas cuando el Renacimiento se impuso en Europa. La arquitectura sacra con sus cúpulas semiesféricas en lugar de las flechadas torres góticas y en la pintura las opulentas madonas sustituyendo en los templos las magras, alargadas figuras de los retablos medievales. Solamente el abierto espíritu del Papa Julio II pudo hacer el milagro. Aunque siglos después fueron cubiertas con velos las desnudeces de sibilas y profetas concebidas por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, hoy lucen su esplendidez al descubierto, gracias a Dios y al genio de restauradores plenamente aceptados por la Iglesia Católica. Crímenes son del tiempo, estimado arquitecto Edwin Mejía Baltodano.
Presiento que el arquitecto Mejía y nosotros en el INC podríamos hacer una amistad provechosísima para la Cultura Nacional.
A manera de epílogo: Irreverentes o injustos, las pinturas de Fuchs nos han sabido adocenadas y muy infortunadamente cubridoras del genio de Peñalba y uno de nuestros curadores nos decía que Fuchs sólo se absuelve por el fresco de su autoría en la Iglesia Parroquial de San Rafael del Norte, donde, premonitor, pintó La tentación de Cristo, en 1952. El diablo es vera efigie de un político con sólo nueve dedos en sus manos.
La autora es directora del INC.