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Más que Coca-Cola
Douglas Carcache
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El artista plástico Mauricio Mejía hizo una instalación curiosa la semana pasada en que una botella de Coca-Cola aparece en un altar pequeño rodeada de velas y con un fondo celestial. La denominó “Nuestra señora del Cafta” en alusión al Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos que empezará a regir el próximo 1 de enero.
Aunque creativo, me parece que Mejía sólo vio al Cafta en sus antecedentes y desde un solo ángulo, porque Coca-Cola no es ahora la mejor imagen del comercio libre, ya que esa bebida transnacional ha prevalecido por décadas en nuestros países y en el resto del mundo, sin necesidad de un tratado como el que recién suscribieron los presidentes centroamericanos con Washington.
En el caso de Nicaragua, la expectativa principal con el Cafta ha sido la llegada de nuevas inversiones productivas desde Estados Unidos, que creen nuevos empleos y estimulen otras áreas de la economía local, para que abastezcan de materias primas, por ejemplo.
También vendrán productos alimenticios que competirán con los locales, porque de eso se trata el comercio, pero los productores nicaragüenses igual tendrán oportunidades de meter productos en Estados Unidos y de afianzarse como exportadores, dependiendo de cómo vayan negociando y mejorando la calidad.
Sucede que la población de Estados Unidos ha cambiado mucho y buena parte de sus habitantes ya son de origen hispano, por lo que demandan productos de sus países de origen, hastiados tal vez de tanta Coca-Cola y hamburguesas. Es por eso que, semanas después que la Asamblea Nacional de Nicaragua ratificó el Cafta, llegó a Managua una delegación de la cadena de supermercados Fiesta, de Texas, para ver la calidad de algunos productos nicas, de esos que en Estados Unidos califican como “étnicos” o “nostálgicos” porque a los latinoamericanos les recuerdan sus familias y comunidades de origen.
Los primeros negocios los amarraron la semana pasada, después que Pete Lara, uno de los directores de la cadena Fiesta, probara carnes, lácteos y granos nicaragüenses. Sin embargo, será la calidad la que determinará hasta dónde llegarán las exportaciones nicas en el contexto del Cafta. Lara lo enfatizó, al decir que van a empezar “a comprar poco a poco y adquirir confianza inspeccionando la calidad y el precio, para estabilizar una relación de largo plazo”.
Edgard Chow, un empresario nicaragüense en California, vino la semana pasada para recoger una serie de muestras de café nicaragüense, porque algunas industrias de ese Estado tienen interés en importar ese grano desde Nicaragua, según manifestaron en la exposición de grandes empresas latinoamericanas en Los Ángeles, organizada por Latin Business Administration (LBA), el 14 y 15 de octubre pasado.
Este noviembre también habrá en Los Ángeles una exposición de alimentos del mar, de origen centroamericano; y en febrero, en Chicago, será la exposición de alimentos orgánicos latinoamericanos. “Eso no es para público en general, allí sólo llegan exportadores y compradores”, explicó Chow.
Es obvio que el Cafta también ofrece oportunidades a los nicaragüenses. Depende sí, de cuanto se esfuercen los empresarios por hacer productos con creatividad y calidad; y de ofrecerlos en ese mercado tan grande y tan diverso en gustos, donde las poblaciones hispanas son ahora los clientes más visibles.